La luz de una vela enciende muchas más


Como hemos aprendido, la palabra Tzadik (justo) y la palabra Tzedaká (caridad, en realidad justicia) comparten una misma raíz: Tzedek (justicia). El Tzadik, usualmente llamado “sabio”, es aquel que es capaz de actuar de manera equilibrada, entregando cuando se requiere y restringiendo de acuerdo con lo que es necesario. Sabe usar las palabras correctas, en el tono adecuado y en el momento correspondiente, así como también es capaz de compartir sus recursos en la medida correcta y en el momento oportuno.

Si bien el trabajo espiritual nos ayuda a sublimar rasgos de carácter, a orientar nuestros intereses y utilizar nuestras habilidades y atributos, la expresión de la justicia (Tzedaká) para algunos puede ser una acción más difícil de abordar, porque requiere confianza (Emuná), compromiso y entrega.

En la Parashá de esta semana Behaalotejá está escrito: “Hashem le habló a Moshé, diciéndole que le transmitiera a Aharón y que le dijera: Cuando eleves (enciendas) las luminarias, las siete luminarias deben estar (orientadas) iluminando hacia el centro de la Menorá. Y así hizo Aharón: encendió las luminarias orientándolas hacia el centro de la Menorá, tal como Hashem le ordenara a Moshé”.

Sabemos que vinimos a cambiar nuestro deseo de recibir sólo para nosotros mismos por el deseo de compartir, y hoy día, en un mundo orientado al egoísmo y a lo material, practicar la Tzedaká con la intención de compartir la Luz del Creador se vuelve imprescindible. 

Estudiar espiritualidad nos ayuda a encender la luz de nuestra alma, empezar a compartir (y compartirnos) hace que las luces se eleven. Así como las luminarias de la Menorá se orientan al centro, las luces de aquellos a quienes influenciamos también, y en este acto es cuando finalmente, juntos, logramos unir el cielo y la tierra.

Con cariño,
Maestra Leah Salazar