El mapa del alma 

A veces creemos que el camino espiritual consiste únicamente en estudiar más, rezar más, meditar más o tener más disciplina espiritual. Pensamos que, si hacemos suficientes prácticas, el vacío o el dolor desaparecerán y finalmente sentiremos plenitud. Sin embargo, muchos descubrimos algo difícil de aceptar: hay momentos en los que, aún rodeados de espiritualidad, seguimos sintiendo un profundo vacío/dolor interior.

¿Por qué ocurre esto?

La Kabbalah nos enseña que no basta con recibir luz; también necesitamos una vasija capaz de contenerla. Y muchas veces la razón por la cual la plenitud parece escaparse de nuestras manos no es porque falte espiritualidad, sino porque hay partes de nuestro ser que aún no han sido escuchadas, contenidas o sanadas.

Hay heridas que no desaparecen solo porque no las miremos. El niño interior herido, el sentimiento de abandono, el enojo, el dolor, las pérdidas no elaboradas o los aspectos de nuestra historia que rechazamos, siguen habitando dentro de nosotros, incluso cuando externamente parecemos estar muy conectados espiritualmente. Podemos estudiar profundamente, cumplir rituales y aun así sentir ansiedad, miedo o desconexión. No porque la espiritualidad no funcione, sino porque quizás estamos intentando usarla como refugio para no mirar aquello que duele y aquí hay un punto muy importante: la verdadera espiritualidad no es evasión.

La Kabbalah también significa aceptación, no una aceptación teórica o resignada, sino una aceptación profunda del alma. Esto implica aceptar nuestra historia, aceptar el dolor vivido, aceptar que Dios no se equivocó con el lugar donde nacimos, con la familia que tuvimos, ni con las experiencias que marcaron nuestro corazón. No todo lo que ocurrió fue bueno, pero incluso aquello que dolió puede transformarse en parte de nuestro tikún.

Muchas veces queremos arrancar páginas de nuestro pasado, pero el pasado no es el enemigo. Nuestro pasado es muchas veces el mapa de nuestro propósito. Allí donde hubo herida, abandono, vergüenza o lucha, muchas veces se esconde también aquello que hemos venido a transformar y aquello con lo que podremos traer luz al mundo.

El alma divina quiere expresarse, quiere dar, quiere iluminar; pero si el ser está fracturado, dividido o en guerra consigo mismo, esa luz no encuentra cómo bajar al mundo. Por eso el trabajo interior no es un lujo espiritual: es una responsabilidad del alma. 

No se trata de vivir peleando con nuestros impulsos, emociones o sombras. Se trata de elevarlas. Porque cuando dejamos de luchar contra partes de nosotros y comenzamos a integrarlas, algo cambia profundamente: incluso lo más oscuro y triste puede comenzar a iluminarse.

La plenitud no parece sostenerse solamente con conexión espiritual. También necesita aceptación y propósito. La vida espiritual se sostiene en tres columnas: aceptar nuestra historia, conectar con lo divino y descubrir aquello que hemos venido a dar.

Porque no hemos venido únicamente a recibir. Hemos venido a ser un canal.

Con mucho cariño,

Maestra Claudia Vásquez de Tevah

 

Reflexión: El Poder de la gratitud

Estamos en los 10 días más negativos del año, cuya causa se remonta al episodio de los espías enviados por Moshé antes de entrar a la tierra prometida. Moshé manda a 12 espías para que hagan un reporte de la tierra de Israel, para preparar la entrada del pueblo.   El reporte de 10 de ellos es que “había gigantes” habitando la tierra, y eso no fue del gusto del pueblo y por eso lloraron.   Frente a su queja injustificada, El Creador dijo “ya que lloran sin motivo, entonces ahora les daré motivo para llorar”. Esta es la causa que perdiéramos el templo 2 veces: la falta de gratitud por lo que les estaba sucediendo, que era de por sí una bendición, causó que perdieran la bendición reservada para ellos en ese momento, y por tanto deban esperar otros 40 años para que entre la generación siguiente. De acuerdo a las enseñanzas del Rav Arush, sabemos que todo lo que sucede en nuestras vidas está guiado por la mano del Creador, y por tanto todo lo que nos sucede es para nuestro bien.  Esto significa que NO HAY MAL EN EL MUNDO, y que lo que nosotros experimentamos como “mal” es simplemente dolor o incluso una simple diferencia entre la realidad y nuestras expectativas, es simplemente algo que no nos gusta. Experimentar dolor se parece a cuando a uno le llenan la copa de una bebida que no nos gusta y estamos obligados a tomarla.  La bebida es buena pero nos desagrada el gusto, no la queremos tomar.  ¿Cómo hacemos para beber menos de esta copa?  Simple: agradecer.   Cuando alguien vierte bebida en tu copa pero no quieres tomar más de esa bebida, simplemente acostumbramos a decir “gracias” para que quien llena tu copa se detenga.  En la realidad espiritual sucede lo mismo: cuando agradecemos lo “malo” que nos sucede, entonces LA LUZ nos da menos de eso, porque entiende que aceptamos la realidad, que agradecemos por ella, y que por tanto no hay necesidad de más para que hagamos nuestra corrección. Lo inverso también es cierto, cuando El Creador nos da bendiciones que además saben bien, entonces se parece a cuando te llenan la copa de una bebida que te gusta, y entonces te la tomas completa y por lo tanto la Luz te dice ¿quieres más? Y uno contesta “si, por favor, muchas gracias”, y entonces la copa queda llena de nuevo. ¡Que tengamos llena nuestra copa de bendiciones! Cordialmente, Maestro Nicolás Rosenberg.