Vivir la espiritualidad cuando todo está bien

Es fácil pensar que la espiritualidad se activa solo frente al dolor o la crisis: se reza cuando algo falla, se busca sentido cuando algo se rompe. Pero ¿qué pasa cuando no hay nada que reparar? La Kabbalah propone una idea menos intuitiva: la espiritualidad no es solo reparación de lo dañado, sino también la elevación de lo cotidiano. Es decir, encontrar sentido en la calma tanto como en la lucha.

Esto cambia la pregunta. Ya no es “¿Cómo salgo de este problema?”, sino “¿Cómo aprovecho espiritualmente este momento en que no hay ningún problema?”. Y ahí aparece un obstáculo típico en espiritualidad: la culpa. Muchas personas viven el descanso y el placer como algo que hay que ganarse con dolor o justificar después, como si el disfrute fuera una pausa permitida solo si antes se sufrió lo suficiente.

Dormir hasta tarde sin culpa, quedarse en la cama un rato más sin pensar en todo lo pendiente, o disfrutar de una comida simplemente porque es rica (no por hambre ni por necesidad) pueden vivirse como actos legítimos en sí mismos, no como excepciones que hay que compensar o “pagar” con más esfuerzo después.

La tradición Kabbalista enseña que el placer no es un desvío del camino espiritual, sino parte constitutiva de él. No hay que “ganárselo” primero. Disfrutar sin culpa es, en el fondo, un acto de confianza: creer que uno merece estar bien aquí y ahora, sin necesitar una razón especial para permitírselo.

La invitación entonces, es a no sólo buscar a D’s en el sufrimiento, sino también a ser capaces de encontrarlo cuando todo, simplemente, está bien.

Amén

Con amor,

Maestra Carolina Castagneto