Elul: una invitación a volver al corazón

Elul: una invitación a volver al corazón

El mes de Elul llega como una invitación a mirar hacia adentro, a conectar con nuestro corazón..
A detenernos un momento en medio de la rápida carrera de lo cotidiano, en medio del modo piloto automático y preguntarnos, con toda honestidad y sin juicio: ¿cómo estoy viviendo?, ¿qué necesito transformar en mí?, ¿qué limitación o patrón condicionante ya no quiero seguir sosteniendo?

Mirar hacia adentro desde la perspectiva de la Torá y la Kabbalah, no significa quedarnos atrapados en lo que hicimos o dejamos de hacer, sino todo lo contrario. Significa abrir un espacio para reconocernos, para transformar aquello que nos aleja de nuestra verdadera esencia, de aquella libre de miedos, de patrones y de las limitaciones de nuestro yetzer harrá (nuestra inclinación negativa).

Porque cada transformación profunda es, en el fondo, un regreso a casa.
Un regreso al corazón.
A lo esencial.
A quienes realmente somos.

Quizás esa sea una de las grandes invitaciones de Elul: volver a nosotros mismos, no para intentar ser alguien diferente, sino para recordar quiénes somos debajo de todo aquello que hemos aprendido, acumulado y construido.

Elul nos recuerda que el volver a nosotros mismos lo podemos comenzar hoy y hacerlo paso a paso, en algo tan sencillo como una pausa, una conversación, una elección, una mirada más consciente.
¿Cómo estoy hablando con las personas que amo?
¿Qué antigua versión de mi estoy sosteniendo que ya podría soltar?
¿Desde dónde estoy tomando mis decisiones?
¿Dónde estoy actuando desde el miedo, y dónde desde la confianza, desde la Emuná?
¿Hay alguien a quien necesito pedir perdón? ¿O quizás a quien necesito perdonar?

Este regreso puede ocurrir mientras preparamos el desayuno, caminamos por la calle, respondemos un mensaje, escuchamos a un ser querido, trabajamos, descansamos o simplemente guardamos unos minutos de silencio.

Recordemos que lo espiritual no está separado de la vida, sino justamente en la manera en que habitamos cada instante, en mirar nuestra vida con más conciencia y menos juicio. Reconocer lo que necesita reparación, agradecer lo que sí está floreciendo y abrir espacio para aquello que todavía quiere transformarse.

Que este Elul nos encuentre con el corazón abierto, con la valentía de mirarnos con honestidad y con la certeza de que cada día nos ofrece una nueva oportunidad de acercarnos a la versión más verdadera de quienes somos, la cual puede ser justamente nuestra mejor versión.

Queridos todos, que Hashem nos brinde el regalo de transformar la mirada y, desde ahí, transformar nuestra manera de vivir.


Jodesh Elul Sameaj Umeboraj

Maestra Diana Yael Rubinstein Muchnik

CORRER PARA RECIBIR AL REY SIN DEMORA

CORRER PARA RECIBIR AL REY SIN DEMORA


“Preparad el trono sagrado” (Zohar)


Esta semana recibimos la luna nueva de Elul, el mes de virgo, y con la llegada de este mes, comienza una aventura maravillosa de 30 dias, que no podemos desaprovechar.


El mes de Elul es simbolizado por el mazal de la Betulá, la doncella pura; que en realidad representa nuestra alma. Pero si pensamos con objetividad en el estado de nuestra alma, puede que no siempre tengamos la sensación de que goce de toda la pureza que pudiéramos desear. Sabemos que los errores, transgresiones y cortocircuitos afectan y manchan nuestro estado espiritual, pero este mes viene a recordarnos que eso es algo que podemos cambiar.


Lo que los errores impurifican son las vestimentas de nuestra alma, y si bien todo el tiempo podemos recuperar su pureza, este es el mes más indicado para hacerlo, porque recibimos ayuda adicional del Cielo. La lavadora de las vestimentas del alma se llama Teshuvá, una palabra que significa arrepentimiento y al mismo tiempo retorno. Y este mes se trata de eso. ¿De volver al Creador cómo? Limpiando nuestras ropas a través del proceso de arrepentimiento y corrección de nuestros actos erróneos, pedir perdón, rectificar, reparar y cambiar. Ese proceso nos acerca de nuevo a HaShem y nos permite recuperar la pureza de nuestra alma.


Los sabios nos dicen que en Elul “el Rey está en el campo”, simbolizando que durante este mes disminuyen al mínimo las trabas para que cada alma se reconecte con su Creador. Cualquier “campesino” (como nosotros) tierne acceso libre al Rey, si de verdad lo quiere. Y cuando el Rey es además nuestro Amado Padre, la urgencia, necesidad y deseo por reencontrarse con El, aumenta y esta oportunidad necesita ser aprovechada al máximo.
Por último, Elul tambien es el acrónimo de «Aní leDodí veDodí li», una frase del “Cantar de los Cantares” que significa “yo soy para mi amado, como mi amado es para mí”. Revelando que este mes es uno de encuentro amoroso profundo del alma con HaShem, y que si damos el primer paso (yo soy para mi amado…) tendremos la respuesta amorosa de vuelta que esperamos (como mi Amado es para mí…).


¿Cómo sintetizar información tan relevante para todos entonces? ¡¡¡Esta semana corre para preparar el encuentro con tu Rey, tu, Padre, tu Creador, tu Amado!!! No pierdas un solo segundo los 30 dias de Elul (y desde antes) para preparar tu casa (alma) y tus vestimentas, para que estén limpias, hermosas y dignas de tan esperado encuentro. No hay mancha en tu alma que no tenga solución con una Teshuvá profunda y verdadera. Y como parte de los preparativos en los que estaremos todos los 30 dias del mes: aumenta tu plegaria personal, aumenta tu Tzedaká, pide perdón y corrige todo lo que esté en tus manos; y haz todo lo que tu alma te inspire de bueno a hacer para recibir al Rey de mejor forma. Despues de esos 30 dias, volveremos a coronar a nuestro Rey y nosotros estamos a cargo de preparar Su Trono. ¡No te demores! ¡Que tengamos todos el mérito de invertir nuestro tiempo, energía y acciones en esta maravillosa tarea, todos juntos!

Con cariño
Maestra Elisheva Solar

Vivir la espiritualidad cuando todo está bien

Vivir la espiritualidad cuando todo está bien

Es fácil pensar que la espiritualidad se activa solo frente al dolor o la crisis: se reza cuando algo falla, se busca sentido cuando algo se rompe. Pero ¿qué pasa cuando no hay nada que reparar? La Kabbalah propone una idea menos intuitiva: la espiritualidad no es solo reparación de lo dañado, sino también la elevación de lo cotidiano. Es decir, encontrar sentido en la calma tanto como en la lucha.

Esto cambia la pregunta. Ya no es “¿Cómo salgo de este problema?”, sino “¿Cómo aprovecho espiritualmente este momento en que no hay ningún problema?”. Y ahí aparece un obstáculo típico en espiritualidad: la culpa. Muchas personas viven el descanso y el placer como algo que hay que ganarse con dolor o justificar después, como si el disfrute fuera una pausa permitida solo si antes se sufrió lo suficiente.

Dormir hasta tarde sin culpa, quedarse en la cama un rato más sin pensar en todo lo pendiente, o disfrutar de una comida simplemente porque es rica (no por hambre ni por necesidad) pueden vivirse como actos legítimos en sí mismos, no como excepciones que hay que compensar o “pagar” con más esfuerzo después.

La tradición Kabbalista enseña que el placer no es un desvío del camino espiritual, sino parte constitutiva de él. No hay que “ganárselo” primero. Disfrutar sin culpa es, en el fondo, un acto de confianza: creer que uno merece estar bien aquí y ahora, sin necesitar una razón especial para permitírselo.

La invitación entonces, es a no sólo buscar a D’s en el sufrimiento, sino también a ser capaces de encontrarlo cuando todo, simplemente, está bien.

Amén

Con amor,

Maestra Carolina Castagneto

Tu B’Av: Amar es aprender a mirar con los ojos del alma

Tu B’Av: Amar es aprender a mirar con los ojos del alma

 

Cuando pensamos en el amor, solemos imaginar emociones intensas, mariposas en el estómago o la felicidad de encontrar a alguien especial. Sin embargo, la Kabbalah nos invita a hacer una pregunta mucho más profunda:

¿Qué es realmente amar?

La mayoría de nosotros comenzamos nuestras relaciones desde el deseo de recibir: buscamos a alguien que nos haga sentir completos, seguros, valorados o felices. Y aunque eso es profundamente humano, también es frágil. Porque cuando el otro deja de satisfacer nuestras expectativas, el amor parece desaparecer.

La Kabbalah propone un camino diferente. Nos enseña que el amor no nace cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando aprendemos a mirar al otro con los ojos del alma. Amar significa salir, aunque sea por un instante, del centro de nuestro propio universo para reconocer la chispa divina que existe frente a nosotros.

Quizás por eso Tu B’Av llega pocos días después de Tishá BeAv. Primero enfrentamos la experiencia de la separación, de las divisiones y del odio gratuito. Solo después de reconocer aquello que rompe los vínculos, estamos preparados para reconstruirlos desde un lugar más elevado.

El amor auténtico no elimina las diferencias. Las abraza. No exige perfección. Acepta la humanidad. No busca poseer. Busca acompañar.

Tal vez el mayor acto de amor no sea decir “te necesito”, sino “quiero contribuir a que la mejor versión de tu alma pueda manifestarse”.

Y esa enseñanza no se limita a la pareja. Se aplica a nuestros hijos, nuestros padres, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo e incluso a quienes nos cuesta comprender. Cada encuentro con otra persona nos ofrece la oportunidad de trascender el ego y practicar el arte de ver más allá de las apariencias.

En Tu B’Av podríamos preguntarnos: ¿A quién estoy mirando solo desde mis expectativas y no desde su esencia? Porque, al final, amar no consiste únicamente en encontrar a alguien que ilumine nuestro camino. Consiste también en convertirnos en una persona capaz de llevar luz a la vida de los demás.

Que este Tu B’Av nos recuerde que el amor más profundo no comienza cuando alguien llega a nuestra vida. Comienza cuando nuestro corazón aprende a ver con los ojos del alma.

Con cariño,

Maestra Claudia Vásquez

La oscuridad nunca tiene la última palabra

La oscuridad nunca tiene la última palabra

 

Vivimos en una cultura que suele asociar la oscuridad con la ausencia. Ausencia de respuestas.

Ausencia de certeza, de emuná.

Ausencia de sentido.

Ausencia, incluso, de Di’s.

 

Sin embargo, desde la Kabbalah sabemos que la oscuridad no es la ausencia de Luz, ni un lugar donde la Luz ha desaparecido.

La oscuridad es el lugar donde la Luz todavía no ha sido revelada.

 

Y esta es una diferencia sutil, pero poderosa para comprender los momentos difíciles.

Porque si la Luz realmente desapareciera, no habría nada que hacer.

No existiría posibilidad de transformación, ni aprendizaje, ni crecimiento.

 

Lo que cambia es nuestra capacidad de verla, de recibirla y revelarla.

Por eso nuestros momentos de mayor oscuridad no son necesariamente los momentos de mayor distancia respecto de la Luz, son precisamente, los momentos en que la posibilidad de revelarla es mayor.

 

Pensemos en una habitación completamente oscura.

Durante el día, una pequeña vela apenas es perceptible, pero cuando todo está oscuro, esa misma llama cambia por completo la experiencia del espacio.

 

La oscuridad no vence a la Luz. Es la Luz la que rompe la oscuridad.

Y para hacerlo no necesita ser inmensa.

 Necesita, simplemente, estar presente.

 

Quizás por eso los grandes procesos de transformación suelen comenzar discretos, silenciosos, desde dentro..

Comienzan con una conversación honesta.

Con un acto de generosidad.

Con una decisión diferente.

Con un instante en que dejamos de reaccionar automáticamente y elegimos responder desde un lugar más consciente.

Pequeños gestos, pequeñas luces —pero suficientes para interrumpir una oscuridad que parecía absoluta.

 

Queridas y queridos, no estamos llamados a esperar que desaparezca toda la oscuridad para empezar a vivir desde la Luz.

Estamos llamados a revelarla precisamente allí donde la oscuridad parece más intensa.

Porque la oscuridad nunca tiene la última palabra.

La Luz ya está ahí.

Y la posibilidad de revelarla siempre está latente en nosotros.

 

 

Con mucho cariño,

Maestra María Magdalena Cuevas.

Se caen muros pero edificamos amor

Se caen muros pero edificamos amor

Ha sido difícil mirar todo lo ocurrido en Venezuela desde el doblete de terremotos y no conmoverme profundamente por ello. Al mismo tiempo, resulta súper admirable la cantidad enorme de personas volcándose en esta causa. En todas partes del mundo empezaron a donar; algunos se apuntaron a armar cajas, otros a llevarles comida y bebida a los voluntarios. Por otra parte, rescatistas, profesionales de la salud y civiles de muchas nacionalidades volaron hasta Venezuela; incluso algunos se costearon sus propios gastos; llegaron no solo a poner su esfuerzo y tiempo, sino incluso a arriesgar sus propias vidas y salud, para rescatar a personas que no conocen.

Y no puedo dejar de nombrar a los voluntarios civiles de la localidad y sus alrededores, quienes, sin tener conocimientos de rescate, a mano limpia han estado quitando piedras, soportando temperaturas, cansancio, olores, incluso, sin buscar a nadie conocido, solo porque sus almas les pidieron ir allá; pescadores, taxistas, barberos, entre otros, gente humilde, trabajadora y humana. Otros se han dedicado a cocinar, organizar, transportar, cuidar, acompañar y consolar. Un pueblo que ha sido abandonado, pisado y burlado muchas veces, pero que se ha aferrado a su fe y a su esencia, y que ha demostrado muchas veces su valor, resiliencia y perseverancia.

Estas pocas palabras no llegan a describir todos los actos de amor y bondad que han ocurrido en mi tierra natal en medio de tanto dolor. Ante todo ello, no puedo pasar por alto el sacrificio y la entrega de todos, y a cada uno de ellos le debo mi gratitud.

Según el Talmud, “el que salva una vida, salva al mundo”; de acuerdo con datos oficiales se han rescatado más de 6.400 vidas. ¡Cuántas veces ha sido salvado el mundo!

¿Y cómo se corresponde eso con lo que nos enseña la Torá en este momento? Esta semana empezamos el último libro de la Torá, Devarim —palabras—, que corresponde al nivel de Asiah. Y esta semana tenemos el Shabat que antecede a Tisha B’Av —el día más negativo del año— y, dentro del judaísmo, un día de duelo.

Una de las cosas que se describe en esta porción es cómo Moisés le reclama al pueblo hebreo por sus múltiples quejas, las cuales, además, emitían aun teniendo todas sus necesidades cubiertas, y debido a esto, tuvieron que estar 40 años en el desierto, y la mayoría de ellos no pudo entrar a la tierra prometida.

Esto me recuerda a nosotros mismos en estos tiempos: estamos bendecidos en abundancia y, muchas veces, en lugar de agradecer, nos quejamos. Qué diferente a la gente de La Guaira en este momento, que habiendo perdido todo, sus seres queridos y más, son capaces de entregar lo poco que tienen.

Por otra parte, en lo personal, quizás nunca pueda entender por qué tantas almas deciden partir juntas de una forma tan dolorosa. Sí entiendo, en cambio, por qué muchos, sin tener relación con el lugar, se unen para aportar. Sin embargo, creo que debemos reflexionar sobre cómo podemos ser proactivos y altruistas sin que tenga que ocurrir una gran tragedia, como la destrucción de los dos Templos, el Holocausto o dos terremotos simultáneos.

Que nuestras intenciones no queden en palabras. Aunque se caigan techos y muros, Jas veshalom, que nuestras acciones de amor al prójimo sirvan para edificar nuestra conexión completa con Hashem. Porque es precisamente aquí en el mundo de Asiah donde podemos lograrlo.

Que tengan una buena semana, y que Hashem les ayude a conectar de manera profunda y comprometida con sus almas para canalizar su Luz con amor.

Con mucho cariño,

Maestra Guía Leah Salazar

Activando el canal de Luz que somos a través del Amor BH

Activando el canal de Luz que somos a través del Amor BH

 

Desde la sabiduría de la Kabbalah, cuando hablamos de la Luz Divina, hablamos de una fuerza superior -Hashem- que tiene infinitos atributos y entre ellos, una cualidad muy clara: el Deseo de Compartir, de entregarse, de expandirse sin límites. Esa Luz Infinita no se retiene, simplemente fluye, en lo que conocemos como Jesed de Hashem.

En tiempos de desafíos, nuestro cuerpo, nuestras emociones, pensamientos y acciones pueden -desde el piloto automático o de nuestro yetzer harrá-, llevarnos a un estado de contracción en el cual esa frecuencia y la Luz que trae consigo, se ven disminuidos respecto de su potencial de manifestación lumínica. Y es entonces -quizás- justamente ahí, que se encuentra una de las invitaciones más profundas para nuestra vida diaria: aprender a sintonizar nuestra Alma, a través de nuestro corazón, con esa misma frecuencia, atravesar esa contracción energética y espiritual, para conectar con el Amor.

Mantener el corazón conectado con el Amor no es una utopía lejana, sino una práctica viva, que se puede ejercitar y fortalecer día a día. Es recordar que podemos volver a Jesed —esa cualidad de bondad, de apertura y de amor incondicional que habita en lo más esencial de nuestro Ser- y ayudar, o mejor dicho ser cocreadores de la manifestación de Luz. 

Jesed no es solo “ser amables”; es una forma de mirar la vida desde la abundancia, es encender el switch del canal que somos, confiando en que siempre hay algo bueno que podemos entregar, un servicio del Alma que podemos brindar desde el Amor.

Cuando nos conectamos con esa frecuencia, algo va cambiando dentro de nosotros. Dejamos de vivir desde la reacción o la preocupación, y comenzamos a responder desde un lugar más amplio, más consciente, más amoroso. Y ese estado interno inevitablemente se refleja afuera: en nuestras palabras, en nuestros vínculos, en la forma en que habitamos el mundo y también se refleja en el mundo que nos rodea como una consecución de causa y efecto.

Cada pequeño gesto de amor —una escucha sincera, un abrazo consciente, una palabra de apoyo, una presencia atenta— se convierte y nos activa entonces en un canal de Luz, y a su vez, nos ayuda, desde el Deseo de Compartir, a manifestar también esa Luz en nuestras Almas y en nuestras Vidas. 

Y es que tal como decía el Rabino Jonathan Sacks Z´L ,basándose en las enseñanzas de la Tora: la gran paradoja del dar, es que mientras más (Amor) damos, más (Amor) se nos da. 

 

Bendiciones y Amor Infinito para todos y el Todo!

Maestra Diana Yael Rubinstein Muchnik

 

El mapa del alma 

El mapa del alma 

A veces creemos que el camino espiritual consiste únicamente en estudiar más, rezar más, meditar más o tener más disciplina espiritual. Pensamos que, si hacemos suficientes prácticas, el vacío o el dolor desaparecerán y finalmente sentiremos plenitud. Sin embargo, muchos descubrimos algo difícil de aceptar: hay momentos en los que, aún rodeados de espiritualidad, seguimos sintiendo un profundo vacío/dolor interior.

¿Por qué ocurre esto?

La Kabbalah nos enseña que no basta con recibir luz; también necesitamos una vasija capaz de contenerla. Y muchas veces la razón por la cual la plenitud parece escaparse de nuestras manos no es porque falte espiritualidad, sino porque hay partes de nuestro ser que aún no han sido escuchadas, contenidas o sanadas.

Hay heridas que no desaparecen solo porque no las miremos. El niño interior herido, el sentimiento de abandono, el enojo, el dolor, las pérdidas no elaboradas o los aspectos de nuestra historia que rechazamos, siguen habitando dentro de nosotros, incluso cuando externamente parecemos estar muy conectados espiritualmente. Podemos estudiar profundamente, cumplir rituales y aun así sentir ansiedad, miedo o desconexión. No porque la espiritualidad no funcione, sino porque quizás estamos intentando usarla como refugio para no mirar aquello que duele y aquí hay un punto muy importante: la verdadera espiritualidad no es evasión.

La Kabbalah también significa aceptación, no una aceptación teórica o resignada, sino una aceptación profunda del alma. Esto implica aceptar nuestra historia, aceptar el dolor vivido, aceptar que Dios no se equivocó con el lugar donde nacimos, con la familia que tuvimos, ni con las experiencias que marcaron nuestro corazón. No todo lo que ocurrió fue bueno, pero incluso aquello que dolió puede transformarse en parte de nuestro tikún.

Muchas veces queremos arrancar páginas de nuestro pasado, pero el pasado no es el enemigo. Nuestro pasado es muchas veces el mapa de nuestro propósito. Allí donde hubo herida, abandono, vergüenza o lucha, muchas veces se esconde también aquello que hemos venido a transformar y aquello con lo que podremos traer luz al mundo.

El alma divina quiere expresarse, quiere dar, quiere iluminar; pero si el ser está fracturado, dividido o en guerra consigo mismo, esa luz no encuentra cómo bajar al mundo. Por eso el trabajo interior no es un lujo espiritual: es una responsabilidad del alma. 

No se trata de vivir peleando con nuestros impulsos, emociones o sombras. Se trata de elevarlas. Porque cuando dejamos de luchar contra partes de nosotros y comenzamos a integrarlas, algo cambia profundamente: incluso lo más oscuro y triste puede comenzar a iluminarse.

La plenitud no parece sostenerse solamente con conexión espiritual. También necesita aceptación y propósito. La vida espiritual se sostiene en tres columnas: aceptar nuestra historia, conectar con lo divino y descubrir aquello que hemos venido a dar.

Porque no hemos venido únicamente a recibir. Hemos venido a ser un canal.

Con mucho cariño,

Maestra Claudia Vásquez de Tevah

 

La Comunicación como ruta para conectar con D’s

La Comunicación como ruta para conectar con D’s

Si pensamos la comunicación desde una definición básica, podríamos decir que comunicar es la interacción entre un emisor que transmite un mensaje, un receptor que lo recibe y un contexto donde esto ocurre.

Y aunque puede parecer algo cotidiano o automático, la verdad es que todos los seres humanos estamos comunicando permanentemente. A través de nuestras palabras, nuestros silencios, nuestros tonos, nuestras reacciones e incluso nuestra presencia.

Pero ¿qué pasaría si la comunicación fuera mucho más que transmitir información?

¿Qué pasaría si nuestra manera de hablar, escuchar y vincularnos pudiera acercarnos un poco más al Alma del otro, a nuestra propia esencia y también a la presencia de Hashem en nuestras vidas?

Muchas veces creemos que comunicar tiene que ver solamente con lo que decimos, sin embargo es fundamental que observemos con humildad, para calibrar nuestra comunicación.

Y Preguntarnos:

  • ¿Desde dónde estoy hablando?
  • ¿Estoy hablando o realmente comunicando?
  • ¿Mis palabras construyen claridad o aumentan el ruido?
  • ¿Estoy diciendo algo porque necesita ser dicho o porque necesito descargar algo?
  • Lo que digo da libertad al otro, lo empodera, o no?
  • Cómo revelo más Luz en este momento, hablando o callando?

Desde la Kabbalah sabemos que la palabra tiene capacidad creadora.
Las palabras pueden dar vida, ordenar, acompañar y fructificar.

Pero también pueden fragmentar, confundir, achicar.

Por eso aprender cuándo hablar, cuánto hablar y cuándo guardar silencio también forma parte del trabajo espiritual.

Y tan importante como hablar es aprender a escuchar.

Porque escuchar verdaderamente requiere presencia.

Requiere abrir un espacio interno para que el otro exista en mí.

Es decir, escuchar implica recibir al otro en mí.

Y es en ese momento cuando la comunicación se transforma en una tremenda vía de conexión  espiritual.

Porque cuando elegimos gestionar y calibrar nuestra comunicación:

  • refinando nuestras palabras
  • permitiendo que nazcan desde el alma
  • cuidando el impacto y la intención de aquello que decimos
  • aprendiendo cuándo hablar, cuánto hablar y cuándo guardar silencio
  • desarrollando una escucha más abierta, receptiva, atenta y presente

Nos alineamos con la presencia de Hashem, somos canales de su verdad, de su mensaje y desde ahí  la comunicación deja de ser solamente intercambio de información.

Y comienza a transformarse en un espacio de conciencia, presencia y de creación.

Las palabras pasan a ser Luz

No solo por lo que dicen, sino por la conciencia desde la cual nacen, la conciencia de nuestras Almas disponibles a la presencia de Dios.

Con mucho cariño para cada una de sus Almas,

Maestra María Magdalena.

De la inquietud a la certeza

De la inquietud a la certeza

En tiempos como estos, es natural sentir el vértigo de la inestabilidad. Cuando sube el precio del combustible, cuando aumenta el costo de la vida y cuando las noticias internacionales nos recuerdan que el equilibrio del mundo puede cambiar en cuestión de días, algo dentro de nosotros también se mueve. No solo se altera el bolsillo; también se altera la sensación de seguridad.

Desde la Kabbalah, ese movimiento interior merece ser observado con atención. Porque la verdadera escasez no siempre comienza afuera. Muchas veces empieza en la conciencia, en esa voz interna que susurra que no alcanzará, que no hay suficiente, que todo depende de circunstancias que no controlamos. El miedo económico, en ese sentido, no solo afecta nuestras decisiones: también puede debilitar nuestra conexión con la certeza.

Pero la certeza, en la visión kabbalística (Emuná), no significa negar la realidad ni cerrar los ojos ante la dificultad. La Emuná no significa pensar que nada va a pasar. Significa recordar que, aun en medio de la incertidumbre, podemos elegir no vivir desde la carencia. Podemos sostener confianza, dirección y dignidad, incluso cuando el panorama no está del todo claro.

Esa certeza también exige trabajo interior. La abundancia necesita vasija: una capacidad real para recibir, contener y administrar bendición. Y esa vasija se construye con orden, responsabilidad, conciencia y una relación más serena con lo material.

Tal vez este momento no solo venga a desestabilizarnos, sino también a enseñarnos. A revisar desde dónde vivimos, desde dónde decidimos y en qué ponemos nuestra confianza.

La invitación es simple y profunda: en lugar de alimentar el miedo, elijamos fortalecer la certeza y convertir este tiempo desafiante en una oportunidad de crecimiento interior. Que así sea.

 

Carolina Castagneto