El poder de los ángeles

Su existencia comienza exactamente en el límite donde termina nuestro pensamiento racional y lógico, donde termina nuestro mundo convencional y rutinario. Pasando ese límite, comienza la sorpresa y el asombro. Allí es posible encontrarlos, sutiles, livianos y luminosos. Y es cuando nos ayudan a llegar a ese mundo donde uno se transforma y comienza nuevamente a sentir Emuná.

Si recordamos nuestros días de infancia en nuestros cuentos y fantasías aparecían casi sin darnos cuenta. Cenicienta tuvo una hermosa carroza y un bellísimo traje, pero…era ella la que tenía que participar en el baile. Los Ángeles nos ayudan pero no actúan por nosotros. Como alumnos de Kabbalah y buscadores de nuestro propio viaje interior, aparecen estos maravillosos personajes casi olvidados. Forman parte de ese mundo mágico y sagrado que nos conecta con lo más importante que es Hashem.

Los Ángeles, así como toda la Creación tienen la misión de traernos ese misterio desconocido de Luz, de Amor y Alegría a éste plano.

En la vida espiritual somos aún niños que damos los primeros pasos porque así es más fácil derribar las barreras de la seriedad y preocupación que nos levantan muros muy altos y nos separan de la Luz, y de los Ángeles…

Todos nosotros nos encontramos en el camino de la unión y conocimiento de D-os.

Tenemos varios caminos, puede ser con una Fe incondicional, otros a través del conocimiento, conociendo las leyes que operan para que esta unión se realice.

Otros buscarán la unión con D-os aplicando el conocimiento a la acción en lo cotidiano. Usarán la Fe y la manera de unir su voluntad a la de D-os.

En estos tres caminos intervienen los Ángeles pues su única misión es ayudarnos a conectarnos con D-os en forma consciente y hacer llegar a la Tierra la energía del Cielo. Contamos con la presencia de los Ángeles en forma consciente como colaboradores para realizar tareas conjuntas.

Hay una sola condición que las leyes espirituales nos van a exigir, y es que para seguir el camino debemos reconocer y aceptar la Presencia de la Luz, o sea D-os como único poder verdadero en lo emocional, en lo mental y en la acción concreta.

¡Caminemos juntos en esta búsqueda, y seamos parte de la complicidad y ayuda de los Ángeles!

Con cariño,

Maestra Silvia Sevilla

El tránsito hacia el sentido

Mucha gente se pregunta por el sentido de la vida, cómo se logra y qué es lo que significa, y este sentido de la vida sigue un “tránsito” natural en 4 etapas, que se podría graficar así:

La curva roja: Cuando somos jóvenes, lo que más importa es el placer corporal, los pasatiempos hedonistas, fiestas, adrenalina; “sexo, drogas y rock and roll”. Si bien hay gente que se queda estancada en esta etapa, para la gran mayoría llegados los 30 años esto ya no provoca satisfacción sino que se convierte en algo repetitivo, cuya resaca causa desagrado y por tanto pierde interés, con lo que pasa a la siguiente curva en el tránsito hacia el sentido.

La curva verde: La etapa siguiente es el obtener riqueza y ganar prestigio. El dinero es un bien muy estimado. Para el mundo implica que quien lo posee es exitoso y brillante. Puede comprar casi lo que quiera. Tenemos que admitir que las ventajas del dinero están por encima de todos los placeres mencionados antes. Hoy vivimos en una sociedad patas para arriba: la mayoría de la gente esta haciendo un muy mal negocio con sus vidas, creyendo que esta solo sirve para acumular riquezas, cuyo destino es satisfacer deseos que tienen que ver con placer inmediato y no con felicidad duradera, sin darse cuenta que cuando las necesidades materiales están cubiertas la satisfacción marginal de obtener más dinero es casi nula, tal como nos dice el Tanaj en Kohelet 5:11 “cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen, ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos?”. Cuando se obtiene mucho dinero, probablemente tendrá más consecuencias negativas que positivas, porque a ese nivel quizás necesite guardaespaldas para poder caminar por la calle. La inmensa mayoría de la gente queda estancada en esta etapa, pero si logra tomar conciencia pasa a la siguiente curva en el tránsito hacia el sentido.

La curva azul: La etapa siguiente es el ganar conocimiento.  Como se da cuenta que la etapa anterior no le genera más satisfacción, entonces busca comprender como funciona el mundo, cuales son las leyes con las que funciona el universo, busca ganar comprensión para entender la realidad lo más profundo que se pueda. Esta etapa presenta el gran desafío de caer en la trampa de creer que con el conocimiento acumulado entonces el mundo se debe comportar como “yo” digo, es lo que nos expresa Kohelet 1:18 “porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor”. Solo quién logra escapar a la trampa del conocimiento pasa a la última curva en el tránsito hacia el sentido.

La curva negra: Este es el verdadero monstruo, el más difícil de lograr; encontrar significado y sentido a la vida. Una vez logrado todas las etapas anteriores, el vacío puede apoderarse de la persona que ya no encuentre una meta significativa en la que poner su esfuerzo, ya que prácticamente todas caen dentro de alguna de las etapas anteriores, hasta que se da cuenta que es libre al punto de no necesitar ponerse una meta y que no existe otra cosa que el momento presente, y como nos dice Viktor Frankl “y es precisamente esta libertad interior la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido”.

Afectuosamente,

Maestro Nicolás Rosenberg

 

 

 

 

Surfear la ola de los deseos

Es imposible luchar en contra de una ola. Tú puedes ya sea quedarte ahí de pie y esperar a que te noquee, o lanzarte de lleno a ella y dejar que te lleve, uniéndote con su fuerza; puedes utilizar su poder.

Los hábitos desafiantes en nuestras vidas son como las olas. A veces cuando los enfrentamos de cabeza, son simplemente demasiado abrumadores como para ser manejados. Pero si utilizamos la técnica de “surfear los deseos”, un término acuñado por Alan Marlatt como parte de un programa de prevención de recaídas en el abuso de sustancias, podemos vencer todo tipo de antojos.

¿Cómo funciona esto? Un especialista en adicciones estaba sentado una vez en una fiesta al lado de un hombre obeso que rellenaba su plato constantemente a lo largo de la velada. Cuando el hombre con sobrepeso escuchó por casualidad al especialista hablar sobre su profesión, él le dijo al doctor que había probado todas las dietas existentes: La dieta de South Beach, Atkins, Mediterránea, la dieta Weight Watchers… y nada había funcionado para él.

El especialista en adicciones reflexionó por un momento y luego preguntó, con absoluta sinceridad: “¿Has probado el sufrimiento?”.

Muchos de nosotros tenemos miedo de dejar pasar el antojo. Tenemos miedo del dolor que conlleva, del sufrimiento. Nos quedamos atascados en hábitos dañinos por el placer y la comodidad que nos brindan. Hacen que la vida sea más sobrellevable; más manejable; hasta que tenemos que enfrentar las consecuencias negativas de nuestros malos hábitos.

Pero los estudios demuestran que un antojo —independientemente de su intensidad— nunca dura más de media hora (1), y usualmente se desvanece después de unos cuantos minutos. “Surfear el deseo” consiste en que al comienzo, una persona sólo permite que el impulso exista; lo deja ser, sin luchar o discutir con él, así como haría con una ola real. Luego, la persona observa la intensidad del antojo y cuánto demora en pasar, reconociendo que los antojos son como olas; comienzan pequeños, luego crecen y finalmente chocan, se rompen y desaparecen. Lidiamos con el “sufrimiento” sin luchar instintivamente en contra de él o cediendo ante nuestros antojos. En cambio esperamos. Contamos. Observamos. Surfeamos la ola del antojo.

El Rabí Yaakov Israel Kanievsky, el Steipler Gaón, hizo esto cuando estaba en el ejército ruso y se encontró a sí mismo de guardia en una fría noche, desprovisto de un abrigo. Al principio pensó que no podría sobrevivir las crudas temperaturas. Pero se dijo a sí mismo que al menos podría soportar cinco minutos más. Después de cinco minutos se dijo a sí mismo que ciertamente podría soportar otros cinco minutos. Así, contando en intervalos de cinco minutos, el Steipler sobrevivió la noche. Si él hubiese intentado luchar en contra del frío o si hubiese pensado en cómo sobreviviría la próxima hora, se habría desanimado desde el principio. Pero el “montó la ola” por cinco minutos cada vez, y vio que podía seguir.

4 estrategias

Nosotros también podemos utilizar esta estrategia para vencer cualquier desafío que se nos presente. He aquí cuatro estrategias básicas para “surfear los deseos”:

  1. Conciencia plena. Concéntrate en el presente. Esto puede requerir que te quedes quieto y en silencio por un corto periodo de tiempo sólo para observar tus propios sentimientos y antojos. Haz un inventario sin juzgarte a ti mismo. Deja ser al antojo. Obsérvalo como a una ola. Nota su intensidad, su velocidad, su contorno, nota dónde se ubica en tu cuerpo y en tu mente.
  1. Paciencia. Toma el tiempo y fíjate cuánto se demora el antojo en comenzar, en llegar su pico y luego en desaparecer. No luches contra él o te preguntes cómo serás capaz de sobrellevarlo. Divide tu lucha en tramos manejables. Dos minutos. Cinco minutos. O incluso diez minutos. Ten la paciencia necesaria para ver toda la evolución de la ola.
  1. Coraje. A esto se refería el especialista en adicciones cuando dijo “¿Has probado el sufrimiento?”. Coraje es la habilidad de perseverar a pesar de los obstáculos, de tolerar la incomodidad y el malestar. De ver un sinfín de atajos frente a nosotros y a pesar de eso recordar que en el pasado no nos condujeron a ninguna parte. “Surfear el deseo” requiere coraje porque los hábitos y antojos vuelven después de que desaparecen. Rara vez nos enfrentamos a una sola ola. Necesitamos estar preparados para montar muchas olas. Necesitamos creer que podemos levantarnos cada día y enfrentar el océano. Aceptar el sufrimiento en el presente te conducirá finalmente a un placer más satisfactorio en el futuro.
  1. Esperanza. Mientras más olas una persona aprende a montar, cada vez le es más fácil montar las olas siguientes. Y finalmente, el antojo se presenta con menos frecuencia y menor intensidad. Fortalecer nuestra capacidad de montar estas olas y soportar el sufrimiento, aumenta nuestra confianza para enfrentar la próxima ola que eventualmente surgirá

Nos encontramos ahora en el período de la Cuenta del Omer, acercándonos cada vez más a Shavuot, momento en el cual esperamos haber alcanzado suficientes niveles de crecimiento como para estar listos para recibir la Torá. Contamos hacia la grandeza, aceptando cada día a medida que se desarrolla, aguantando por otros cinco minutos, trabajando en cambiar nuestros hábitos.

Nota cada día. Cuéntalo. No luches contra él o lo ignores. Déjate llevar por su corriente. Utiliza su fuerza. Es una oportunidad para crecer. Día a día. Ola a ola. Podemos cambiar.

 

por: Sara Debbie Gutfreund


Notas:

(1) Dr. G. Alan Marlatt, Relapse Prevention: Maintenance Strategies in the Treatment of Addictive Behaviors.

La bendición de la Cuenta de Omer

Nos encontramos ya en la segunda semana de lo que llamamos la Cuenta del Omer, un período de 49 días que se inicia el segundo día de Pesaj; y que tiene como propósito permitirnos trabajar diariamente en la rectificación de nuestros atributos espirituales.

La segunda semana, trabajamos la sefirá de Guevuráh, y con ella los atributos de Disciplina, Justicia y rigor. Les proponemos aprovechar la energía de esta semana para elevar nuestra capacidad de disciplinarnos a nosotros mismos y a otros; imprimiéndole todos los atributos del resto de las sefirot inferiores: amor, disciplina, compasión, persistencia, humildad, vinculación y nobleza. Reflexionamos sobre el lugar que tiene la disciplina en nuestra vida, y le damos el lugar correcto, poniéndola al servicio de lograr nuestras metas espirituales y de superar hábitos negativos. Elevamos nuestra capacidad de disciplina a través de hacerla fluir desde el amor, la compasión y la humildad; y la hacemos una práctica persistente, más allá de la iniciativa de un par de días. Nos conectamos con la relevancia de este atributo en el marco de nuestros vínculos y comprendemos cómo una disciplina desarrollada sanamente, saca lo mejor de nosotros y de los demás; con respeto y amor.

Hay un trabajo muy poderoso que realizar esta semana, no te lo pierdas. Y siembra esta semana la semilla de aplicar disciplina a todo el trabajo espiritual que tenemos como oportunidad durante estos 49 días del Omer. Salir de la esclavitud fue la primera decisión que tomamos en los días pasados en Pesaj, ahora se trata de purificar nuestra alma y nuestra conciencia de la negatividad y la estrechez espiritual que nos significó estar esclavizados. Ese es el verdadero sentido de la cuenta del Omer: ponerle dedicación a nuestra rectificación espiritual, salir de la negatividad y ser merecedores de recibir el regalo hermoso de la Toráh, que vendrá cuando cumplamos el día 50, en Shavuot. 

¡Ponle amor, entusiasmo y persistencia a esta tarea!. ¡Y por supuesto, disciplina!

Con cariño,

Maestra Ximena Solar

Divide tu mar

La vida no se trata de la calma. Se trata de las olas.

Un joven desconsolado se acercó a su rabino buscando guía y fortaleza.

“La vida es como un océano”, le dijo el rabino a su alumno. “Hay olas que golpean con fuerza y nos arrastran debajo de la corriente. Entonces, de la misma forma repentina, hay momentos de calma. A tí te ha golpeado una ola gigante y ahora estás atrapado bajo la marea, incapaz de nadar hacia la superficie. El problema en este momento es que en tu corazón,  crees que la vida se trata de la calma entre las olas”.

Algunos meses antes de este dialogo, el joven y su esposa experimentaron una tragedia al perder a uno de sus hijos a causa de una seria enfermedad. La pérdida fue demasiado grande, el dolor demasiado profundo. Esta no era una ola normal; era un tsunami. El joven se estaba ahogando.

Su rabino lo ayudó a cambiar su perspectiva y dar el siguiente paso para seguir adelante. “La vida no se trata de la calma. Se trata de las olas”. El joven dejó que estas palabras permanecieran en su mente, para tratar de interiorizar su mensaje. No podemos escoger qué olas vienen hacia nosotros, pero sí decidimos cómo responder a ellas. Nuestra respuesta a las olas es lo que nos convierte en las personas que somos.

Descansar en una reposera al borde de la piscina con una cerveza en la mano, no es la manera de convertirse en un nadador de categoría mundial. Para ganar la medalla de oro debes sumergirte al agua día tras día y nadar hasta que te duela cada músculo del cuerpo. Enfrentar los desafíos de las olas es lo que finalmente nos lleva a la grandeza. Logramos desarrollar nuestro potencial al trabajar para sobrepasar una ola tras otra. “Los momentos de calma”, explicó el rabino, “están ahí para que podamos respirar antes de que nos golpee la siguiente ola”.

Las olas entran en nuestras vidas, interrumpen la calma y traen oportunidades de crecimiento. Algunas se conquistan con más facilidad que otras. Estas son de la variedad de: “hoy me olvidé el paraguas en casa, estuve varado en un embotellamiento de tráfico y me perdí una cita”.

Hay olas más grandes y difíciles: rechazo, fracaso, enfermedad. Ellas nos obligan a apretar los dientes y cerrar los puños mientras luchamos para sobrepasarlas.

Y están las olas de marea, olas que no podemos imaginar que seremos capaces de sobrevivir. Ellas irrumpen en nuestras vidas como una visita no deseada con una fuerte ráfaga de viento y destruyen nuestras velas. Enfermedades terminales, pérdidas, la muerte de un ser querido… Estas olas invierten nuestro mundo, nos dejan luchando en la oscuridad, buscando desesperadamente un lugar en donde anclar nuestro barco convulsionado. Esta era la clase de ola con la luchaba este joven al pedir el consejo de su rabino. “La vida no se trata de la calma”, se repetía a sí mismo. “La vida se trata de las olas”.

Hace más de 3000 años el pueblo de Israel enfrentó una situación peligrosa. Ellos escaparon de la oscuridad y la esclavitud de Egipto; los perseguía el ejército más potente del mundo y finalmente se encontraron frente al mar. Habían esperado mucho ese momento. Habían experimentado 210 años de adversidad y tortura para llegar a ese momento, y ahora el agua bloqueaba su redención.

Un hombre valiente, Najshón, comprendió que había una opción incluso en esas graves circunstancias. Ellos podían darse vuelta y regresar al pasado, a la familiaridad de Egipto en donde habían aprendido a sobrevivir a pesar de las adversidades y la opresión. O podían seguir adelante como una nación, dando un salto y tomando el compromiso de mantenerse firmes el uno con el otro y con Dios.

Najshón escogió la segunda opción. Él entendió las palabras del sabio rabino siglos antes de que fueran pronunciadas. “La vida no se trata de la calma. Se trata de las olas”. Najshón entró al mar, dio un paso y luego otro hasta que el agua llegó a su cuello y estaba a punto de cubrirlo por completo. Najshón levantó su pie nuevamente, dispuesto a dar el que sería su último paso en este mundo. De repente las aguas se dividieron, creando paredes elevadas hasta los cielos, dejando tierra seca para que Najshón y toda la nación pudiera caminar. En ese momento el pueblo de Israel sintió la fuerza de la nacionalidad y la gloria de Dios.

La palabra en hebreo para Egipto es Mitzraim, cuya su raíz es la palabra tzar, que significa angosto o restringido. Cuando celebramos Pésaj dejamos atrás las restricciones de Egipto y superamos nuestras barreras personales, las que a veces parecen tan inmensas como el mar.

Najshón nos enseñó la fórmula para conquistar las olas: con esfuerzo y fe, nada está fuera de nuestro alcance. Él nos enseñó que Dios, quien nos sacó de Egipto y partió el mar, también es capaz de liberarnos de nuestros problemas personales.

Los últimos días de Pésaj celebran la partición del mar. Este año, celebremos el camino a través de nuestras propias olas, una redención de nuestro propio Egipto personal y entendamos que nuestra mayor barrera hacia la libertad nunca fue en realidad el mar sino nosotros mismos. 

por Sarah Fineman

Todos los días se cruza el desierto

Nos encontramos en plena festividad de Pésaj, en la cual se conmemora la salida del pueblo de Israel desde Egipto, y su liberación de la esclavitud a la que fue sometido por 400 años (o 210, según desde cuándo se cuente).

La liberación de la esclavitud no habría sido posible sin la ayuda de D’s (quien actuó “con mano fuerte y brazo extendido”), y por eso se le agradece todos los años en esta fecha.

Sin embargo, hemos dicho que no hay que reservar la espiritualidad para las grandes ocasiones. La espiritualidad se vive diariamente en la vida cotidiana. Y es así que todo el tiempo que dura nuestra vida humana estamos sometidos a pequeñas esclavitudes: un defecto de carácter, una dificultad en nuestras relaciones, una carencia, etc.

¿Debemos abordar nuestras pequeñas esclavitudes una vez al año? Pareciera que no. La lucha contra las dificultades de la vida se da a diario. Lejos de desanimarnos es necesario pedir ayuda al Creador permanentemente, pues es Él quien nos libera, “con fuerza y sin bajar los brazos”.

Pidamos a D’s tener algo de su mano fuerte y de su brazo extendido para derrotar con Su ayuda a nuestros oponentes interiores y así, cruzar nuestro propio desierto con éxito cada día.

Amén

 

Afectuosamente,

Maestra Carolina Castagneto

Trabajo: reflexión sobre mi enemigo el EGO

Conoce a tu Enemigo EGO.

¿Cómo se manifiesta mi EGO más frecuentemente en el día a día? ¿Cómo se concreta mi deseo de
querer recibir solo para mí?

• A menudo quiero tener la razón
• Me enojo cuando las cosas no son como las quiero/espero
• Deseo mayoritariamente ser escuchado/entendido/querido/aprobado/reafirmado/consentido
• Juzgo a los demás, critico, me quejo
• Caigo a menudo en modo “Víctima”, siento a veces que el mundo está contra mí o que las cosas generalmente no me resultan
• Estoy convencido que la gente no cambia
• Me cuesta ser generoso y dar con facilidad (tanto a mi familia y a los demás)
• Frecuentemente estoy interesado en mi propio bienestar, por eso, no me involucro en los problemas de los demás, con mis problemas ya tengo suficiente.
• Me cuesta pedir disculpas aunque sé que he cometido un error
• Me es difícil ser yo quien da el primer paso en una reconciliación
• Doy “demasiado”, pero en el fondo sé que lo hago para que me aprueben/quieran/apoyen
• Doy porque quiero algo de vuelta
• Antes de dar algo de mí, primero espero recibir
• Cuando alguien me hace algo que considero “mal” necesito devolverle la mano con una venganza
• Mayoritariamente me siento solo y mis relaciones con los demás no son del todo satisfactorias
• A veces siento que solo estoy preocupado de producir, pagar deudas y evitar que el caos entre en mi vida.
• Estoy muy preocupado por mi aspecto o por lo que dirán de mí, más que tener una vida sana y equilibrada, deseo ser admirado y reconocido.
• A menudo me siento muy culpable por alguna situación y vuelvo al mismo tema varias veces, aunque no quiera, llego a pensar que no puedo ser feliz

 

Identificando al Gran Oponente

1. Cierra los ojos. Viaja en tu mente hasta un momento en el que te sentiste una víctima, observa la situación, reconoce cuán enojado te sentías; cuán herido, abandonado, estafado, traicionado; cuanto odiaste al otro y a ti mismo por estar en esa situación. No importa hace cuánto tiempo sucedió, ni con quién sucedió, es más, si fue hace muchos años y aún lo recuerdas vívido, este es el mejor recuerdo para trabajar. Descríbelo con lujo de detalles.

2. ¿Cuál fue tu actitud de ese momento? ¿Te pusiste defensivo? ¿Sientes que aún estás atascado en esa situación? ¿Culpaste a otro, te sientes culpable tú? Describe tus sentimientos al respecto.

3. Ahora que tienes identificado al Oponente, ¿Qué sucederá cuando la situación te confronte nuevamente? ¿Cómo te enfrentarás al jefe desafiante, a la pareja que te abandona, al amigo que te traiciona? ¿Cómo enfrentarás a tus hijos cuando te pongan a prueba?

 

por: Maestra Claudia Vásquez

Reconocer nuestras ataduras

Estamos a pocos días de que comience la festividad de Pesaj (viernes 19 abril en la noche), conocida también como la fiesta de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo del yugo del faraón. Muchos acontecimientos tuvieron que suceder antes de que el faraón decidiera dejar ir al pueblo bajo el liderazgo de Moshé. Las súplicas y los llantos a Hashem pidiendo ayuda y misericordia ante la opresión de los esclavizadores, clamando por la libertad, la justicia y manteniendo la esperanza que Hashem a su debido momento se acordaría de su pueblo amado y los sacaría de esa miseria, fueron la vasija que pudo albergar el milagro de la salvación. Bien conocidas son también las 10 plagas que azotaron a los egipcios, en respuesta a la negativa del faraón de liberar a los hebreos, Hashem mostró su omnipotencia demostrando que no hay poder superior ni en la tierra ni el cielo que sean como Él.
Después de la última plaga y la muerte de los primogénitos, el pueblo fue liberado y nuestra tradición nos cuenta, que con la premura de la partida ellos no podían demorarse en esperar que el pan leudara, por lo tanto solo pudieron comer pan ázimo, sin levadura. En recuerdo de esos tiempos, antes que comience la festividad, limpiamos nuestra casa de todo el Jametz, (que significa leudado) y nos abstenemos de comer o estar en posesión de cualquier comida leudada. Esto en el terreno material, pero ¿qué significa para nosotros espiritualmente abstenernos del Jametz?.
Los ciclos de la vida nos van marcando ciertos momentos para reflexionar, inexorablemente debemos detenernos a pensar, hacer ciertos rituales que nos conecten con lo que somos o queremos ser. Vivimos una vida tan agitada que rara vez nos damos la oportunidad de ser profundamente honestos sobre nuestro propio actuar. ¿Cuánto Jametz hay en mi vida? Entendiendo espiritualmente que lo que leuda, lo que se infla, lo que se hincha, a veces tiene que ver con nuestro propio ego que nos devuelve imágenes de nosotros mismos y los demás, distorsionadas, infladas, deformes. 
Unas mujeres de mi comunidad hicieron un trabajo hermoso de reflexión sobre el Jametz que querían limpiar de su vida, trajeron a la consciencia aquellas cosas que están “ensuciando” su espacio vital, para poder verlas y removerlas, aquí les dejo una lista de lo que ellas meditaron:
  • Egoísmo  
  • Mala fe
  • Rencor
  • Ira
  • Pena
  • Avergonzar a otros
  • Falta de empatía
  • Abuso de poder
  • Intolerancia
  • Impaciencia
  • Rabia
  • Celos
  • Maltrato
  • Apuro
  • Falta de comunicación
Estoy segura que en la lista hay Jametz que todos llevamos en alguna medida y que incluso la lista podría quedaron corta. Reconocer nuestra oscuridad es el 50% del trabajo, el resto es traer LUZ y liberación a nuestra vida, ¿cómo? como lo hizo el pueblo hebreo: con súplicas, con plegarias, pidiendo que sean removidas las cáscaras duras de egoísmo que nos impiden traer bendiciones a nuestra vida, creando una vasija de EMUNÁ, de certeza absoluta en el poder infinito de Di-s; no hay obstáculos grandes ni pequeños para ÉL. Lo principal: Tener paciencia, paciencia, paciencia. El pueblo hebreo fue esclavo por más de 230 años, la clave estuvo que ellos no perdieron la fe en su Creador.
 
Que sea una semana llena de reflexión, Emuná y liberación para todos ustedes.
 
Afectuosamente,
Maestra Claudia Vásquez

La compuerta de escape

Usted se siente atrapado en su matrimonio. Ha dicho ciertas cosas, ella ha dicho cosas, todas bastante imperdonables, y ahora usted está encarcelado en un cubo de tenso silencio que llama “casa” y no ve la salida, sino hacia abajo, el precipicio. Sin embargo, sí hay una forma —incluso ayer se presentó una oportunidad fugaz para la reconciliación. Pero usted era demasiado grande para filtrarse por allí.

Usted está atrapado por las deudas. La casa está hermosamente reformada, porque lo tenía que hacer, tiene el automóvil que tenía que tener, las vacaciones que siempre quiso (después de todo, usted merece algo también). Las cuentas lo están rodeando, y no ve escapatoria. Sólo hacia abajo. Pero sí, hay una apertura pequeña a través de una voz diminuta dentro suyo, que a veces llama y dice: “No necesitas esto en realidad”. Pero usted está demasiado grande como para escurrirse por allí.

Usted se siente atrapado en su vida. Hacia cualquier lado que mire, encuentra paredes —hábitos inquebrantables, colegas antagónicos, deseos huidizos. La única dirección que parece no estar cerrada es hacia abajo —en dirección al más profundo cenagal.

A veces, el tiempo aclara bastante como para permitirle ver el escape para salir del cascarón, bien alto en la pared —el camino a la libertad. Pero es tan pequeño. Realmente, no es tan pequeño sino que usted necesita hacerse pequeño —verdaderamente pequeño —para poder pasar por él. Necesita desinflar su ego lo suficiente como para decirse a sí mismo: “¡Esperen un minuto! ¡Estoy equivocado! No se trata de Mí, se trata de Nosotros. No se trata de lo que puedo ser y puedo tener, sino de lo que puedo hacer y puedo lograr”

Celebramos Pesaj erradicando todo el jametz (alimentos fermentados) de nuestras casas y reemplazándolo por la matzá, el pan ácimo. El Jasidut explica que para re-experimentar la libertad del Éxodo —el momento en la historia que liberó nuestras almas de toda y cualquier forma futura de esclavitud —debemos erradicar el jametz de nuestras almas y reemplazarlo con la matzá.

Jametz —el grano que ha fermentado y se ha hinchado —representa esa hinchazón del ego que esclaviza el alma más que cualquier prisión externa. La delgada, modesta matzá representa la humildad, el colocarse en un segundo plano, el compromiso, que son los liberadores supremos del espíritu humano.

El Lubavitcher Rebe señala que también queda demostrada la calidad liberadora de la matzá en las formas de las letras hebreas que conforman las palabras “jametz” y “Matzá”. Estas dos palabras son muy similares (así como el pan y la matzá se hacen con los mismos ingredientes básicos). Jametz se deletrea jet, mem, tzadík. Matzá se deletrea mem, tzadík, hei. La diferencia entre jet y hei es diminuta, y su diferencia gráfica, también es pequeña. La jet y la hei tienen la forma de un cerco de tres lados, abierto abajo; la diferencia que es que la hei tiene una pequeña “compuerta de escape” cerca del vértice de su lado izquierdo.

Y esa es toda la diferencia en el mundo.

 

Por Yanki Tauber 

¿Quién soy, cuando soy el que soy?

En ocasiones, especialmente cuando el día a día avanza intrépido, y los compromisos y las actividades se suceden sin cesar, nos desviamos de nuestra esencia, de la esencia de nuestra Alma, de nuestro propósito en la Creación, de aquello que nos nutre.

Otras veces, algo nos remueve, suave o agitadamente, y recién entonces volvemos a observarnos, como un observador externo que cae en cuenta de que nos hemos apartado de ser quien realmente somos, de nuestra mejor versión.

Hoy les extiendo una invitación, para ser quienes somos cuando somos aquellos que realmente somos. Sin esperar a que las olas nos despierten, abriendo los ojos por voluntad propia, abriendo el Alma y los sentidos… para buscar nuestro eje, nuestro equilibrio, en la conexión con Hashem, en la conexión con nuestros atributos, en nuestras acciones de compartir, a través de aquellos seres queridos, de aquellas actividades (o falta de ellas) que nos nutren y reconectan…

Hoy los invito a Ser.

 
Muchas bendiciones a todos,
Maestra Diana Yael Rubinstein Muchnik