Chispas del Alma en Viaje
Hace algunos días atrás regresé de un viaje profundo, una travesía que estuvo plena de emociones, tanto por los lugares recorridos física y espiritualmente, como también por encuentros de esos que parecen re-encuentros (aunque se trata de personas que conocimos por primera vez en esta Vida), y quisiera en esta reflexión profundizar en ello: existen encuentros que no se sienten nuevos, sino recordados.
Recuerdo las palabras del Maestro Daniel años (más de una década) atrás enseñándonos como las #ChispasdelAlma se encuentran muchas veces en viajes, nuevos trabajos, cambios de casa, entre otros. Y esa fue la sensación en esta oportunidad.
Desde la mirada de la Kabbalah, sabemos que nada es casualidad sino causalidad: existen nitzotzot —chispas de Alma— que necesitan ser elevadas juntas a través del vínculo, del aprendizaje, del ser espejos en la plenitud o incluso en el desafío.
Según la Kabbalah trasmitida por Rabi Isaac Luria, estas chispas surgieron a partir de la Shevirat haKeilim, la “ruptura de las vasijas”: un momento esencial, en que la Luz primigenia de Hashem o Luz Divina fue demasiado intensa para las vasijas que debían contenerla, provocando su fragmentación. Desde entonces, las chispas o nitzotzot quedaron dispersas dentro de la experiencia humana y del mundo material.
Parte de nuestro tikún, en lo individual y en lo colectivo sería justamente el proceso de reunir, reparar y elevar esas chispas hacia su origen común: el Alma Raíz.
A veces creemos que la sanación del tikún ocurre solo en grandes procesos espirituales, pero muchas veces aparece en lo cotidiano: en una conversación que transforma, en alguien que nos confronta con amor, o en ese reencuentro de Almas que nos obliga a mirar más profundo dentro de nosotros mismos. Hay almas que llegan para acompañar y otras para mover estructuras internas antiguas que ya no podían seguir igual. Ambas cumplen una función sagrada.
Quizás por eso algunos vínculos, como los de este Viaje, dejan una huella tan intensa, incluso cuando son breves encuentros. Porque más allá del tiempo o de la forma que tome la relación, algo en el alma reconoce que ahí había una conexión o reparación pendiente, una Luz esperando ser revelada. Y cuando eso ocurre, ambas Almas cambian. Aunque no siempre lo entiendan en el momento.
Tal vez la invitación y parte del verdadero trabajo espiritual también consista en aprender a estar atentos: escuchar esas intuiciones, reconocer los encuentros que nos expanden el corazón y atesorarlos, no solo en la memoria, sino en la conciencia de que han catalizado un encuentro con nosotros mismos y con aquello que nuestra Alma nos invita a transmutar, a entregar y a recibir.
Bendecidos viajes (espirituales) para todos y para el Todo!
Con Amor,
Maestra Diana Yael Rubinstein Muchnik




