Sembrar el futuro con conciencia
Rosh Hashaná (que comienza el próximo 22 de septiembre en la noche) no es solo el inicio del año judío; en la visión kabbalista es el momento en que el Creador renueva la energía vital del mundo. Cada alma recibe en estos días la “semilla” de su próximo ciclo, y nuestras intenciones conscientes darán forma al año que comienza.
Por eso, más que hacer una lista de deseos, Rosh Hashaná nos invita a definir metas desde el alma, en tres niveles:
– Metas del corazón: proponernos trabajar nuestras cualidades internas —la paciencia, la humildad, la compasión, la disciplina— Recordar quién estamos llamados a ser, desarrollar nuestro máximo potencial, elegir cómo queremos responder al mundo: desde la conciencia y no desde la reacción.
– Metas de acción: transformar la intención en vasijas concretas. Esto significa cuidar nuestro cuerpo, fortalecer la familia, dedicar tiempo a la comunidad, estudiar y actuar con responsabilidad. Cada acción correcta es un canal que permite a la Luz manifestarse en nuestra vida.
– Metas del alma: profundizar nuestra conexión con el Creador. Orar con intención, estudiar kabbalahh y textos de sabiduría, meditar, abrir espacios de silencio. Aquí no importa el logro externo, sino la expansión interior y la claridad espiritual.
En Rosh Hashaná, lo que sembramos en conciencia se proyecta en todo el año. Escribir nuestras metas, visualizarlas y ofrecerlas en plegaria personal abre los cielos y nos conecta con el propósito más profundo.
El juicio de este día no debe vivirse con miedo, sino como una oportunidad de co-crear con el Creador. Definir metas claras y alineadas con nuestra esencia es sembrar bendiciones no solo para nosotros, sino para todo el mundo.
Shaná Tová Umetuká
Por eso, más que hacer una lista de deseos, Rosh Hashaná nos invita a definir metas desde el alma, en tres niveles:
– Metas del corazón: proponernos trabajar nuestras cualidades internas —la paciencia, la humildad, la compasión, la disciplina— Recordar quién estamos llamados a ser, desarrollar nuestro máximo potencial, elegir cómo queremos responder al mundo: desde la conciencia y no desde la reacción.
– Metas de acción: transformar la intención en vasijas concretas. Esto significa cuidar nuestro cuerpo, fortalecer la familia, dedicar tiempo a la comunidad, estudiar y actuar con responsabilidad. Cada acción correcta es un canal que permite a la Luz manifestarse en nuestra vida.
– Metas del alma: profundizar nuestra conexión con el Creador. Orar con intención, estudiar kabbalahh y textos de sabiduría, meditar, abrir espacios de silencio. Aquí no importa el logro externo, sino la expansión interior y la claridad espiritual.
En Rosh Hashaná, lo que sembramos en conciencia se proyecta en todo el año. Escribir nuestras metas, visualizarlas y ofrecerlas en plegaria personal abre los cielos y nos conecta con el propósito más profundo.
El juicio de este día no debe vivirse con miedo, sino como una oportunidad de co-crear con el Creador. Definir metas claras y alineadas con nuestra esencia es sembrar bendiciones no solo para nosotros, sino para todo el mundo.
Shaná Tová Umetuká
Con cariño
Claudia Vásquez de Tevah




