Los sabios nos enseñan que el gran desafío de nuestra Era es la Emuná, la certeza en la voluntad de Hashem, nos reiteran que el Tikkún Olam se conecta con nuestra capacidad de disolver los velos y tras esa disolución respirar, vibrar, saber, vivir en Certeza absoluta, en Emuná Shlemá. Y como telón de fondo para este desafío el mundo pareciera teñirse de incertidumbre, de estructuras que se desvanecen, zonas de confort que dejan de serlo. ¿Cómo tener Certeza absoluta en un escenario así de incierto?
Pues aunque parezca contradictorio, y sin duda más simple escrito que vivido, es justamente este escenario, el perfecto “solo sé que nada sé”, el idóneo para usar nuestros atributos, nuestro Libre Albedrío como responsables del proceso y luego, como un paso consecutivo soltar y entregarnos al Todo, confiar en Hashem, la Luz Infinita, y tener Certeza en Humildad y reverencia en que el resultado es aquel que es para el Bien de nuestra Alma, de nuestros vínculos y relaciones y de la Creación.
Una herramienta útil y concreta en este proceso es la Gratitud, el ver con los ojos del Alma las Bendiciones tanto evidentes como las ocultas y traer a conciencia aquellas situaciones que aunque desafiantes nos mostraron la perfección del Plan Divino que se teje con las elecciones de nuestro andar. En ese recordar, en ese traer al Corazón, nuestra Alma se reconforta y más importante aún, se conecta con la Sabiduría interior de que esto que vivimos hoy también es para Bien, también es perfecto, y que en la medida que vibremos en esa apertura, podremos ver sin velos y comprender esa perfección.
Hoy nos invito a tod@s a Agradecer, el estar vivos, el sentir, el respirar, el recordar que no sabemos y que eso es justamente lo que constituye nuestra Sabiduría a la vez. Nos invito a agradecer a Hashem y a nuestros prójimos que son maestros en el andar, el proceso de crecimiento, de evolución, de experimentación, de prueba, de error y asertividad en el cual nuestra Alma manifiesta su mejor versión.
Gracias Infinitas
Maestra Diana Yael Rubinstein Muchnik

Reflexión: El Poder de la gratitud

Estamos en los 10 días más negativos del año, cuya causa se remonta al episodio de los espías enviados por Moshé antes de entrar a la tierra prometida. Moshé manda a 12 espías para que hagan un reporte de la tierra de Israel, para preparar la entrada del pueblo.   El reporte de 10 de ellos es que “había gigantes” habitando la tierra, y eso no fue del gusto del pueblo y por eso lloraron.   Frente a su queja injustificada, El Creador dijo “ya que lloran sin motivo, entonces ahora les daré motivo para llorar”. Esta es la causa que perdiéramos el templo 2 veces: la falta de gratitud por lo que les estaba sucediendo, que era de por sí una bendición, causó que perdieran la bendición reservada para ellos en ese momento, y por tanto deban esperar otros 40 años para que entre la generación siguiente. De acuerdo a las enseñanzas del Rav Arush, sabemos que todo lo que sucede en nuestras vidas está guiado por la mano del Creador, y por tanto todo lo que nos sucede es para nuestro bien.  Esto significa que NO HAY MAL EN EL MUNDO, y que lo que nosotros experimentamos como “mal” es simplemente dolor o incluso una simple diferencia entre la realidad y nuestras expectativas, es simplemente algo que no nos gusta. Experimentar dolor se parece a cuando a uno le llenan la copa de una bebida que no nos gusta y estamos obligados a tomarla.  La bebida es buena pero nos desagrada el gusto, no la queremos tomar.  ¿Cómo hacemos para beber menos de esta copa?  Simple: agradecer.   Cuando alguien vierte bebida en tu copa pero no quieres tomar más de esa bebida, simplemente acostumbramos a decir “gracias” para que quien llena tu copa se detenga.  En la realidad espiritual sucede lo mismo: cuando agradecemos lo “malo” que nos sucede, entonces LA LUZ nos da menos de eso, porque entiende que aceptamos la realidad, que agradecemos por ella, y que por tanto no hay necesidad de más para que hagamos nuestra corrección. Lo inverso también es cierto, cuando El Creador nos da bendiciones que además saben bien, entonces se parece a cuando te llenan la copa de una bebida que te gusta, y entonces te la tomas completa y por lo tanto la Luz te dice ¿quieres más? Y uno contesta “si, por favor, muchas gracias”, y entonces la copa queda llena de nuevo. ¡Que tengamos llena nuestra copa de bendiciones! Cordialmente, Maestro Nicolás Rosenberg.