La sabiduría de la Kabbalah nos enseña algo muy simple pero a la vez profundo: La Luz y la oscuridad son de diferentes formas y no coexisten juntas, una no puede estar junta a la otra, un  ejemplo físico para entender este concepto es el siguiente: si una habitación está oscura cuando prendemos la luz la oscuridad desaparece, en la habitación luz y oscuridad no cohabitan.

¿Cuál es el sentido de esto? Que debemos prender la luz y debemos permanecer conectados a ella, así la oscuridad no podrá aparecer. ¿Cómo  lo hacemos? Inyectando certeza, alegría y gratitud a nuestro día a día, también con pequeñas acciones de compartir creamos afinidad con la Luz (la encendemos).

Es bueno también recordar que estamos celebrando la festividad de Pésaj (pascua, pass over, en la cual conmemoramos la salida del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto) y el comienzo de la cuenta del Omer (Después de abandonar Egipto, los hebreos pasaron los siguientes 49 días preparándose espiritualmente para la entrega de la Torah. Por 49 días subieron y ascendieron por la escalera emocional hacia una pureza más elevada.)

Desde el punto de vista histórico, es la conmemoración de la salida del pueblo judío de 210 años de esclavitud. En el nivel interno, el nivel Kabbalista es mucho más que eso, ya que representa la oportunidad de liberarnos de nuestras ataduras, de experimentar verdadera libertad. Todas las puertas de milagros, bendiciones y salud están abiertas, toda esa Luz puede ser atraída por nosotros durante este periodo.

Los invito a ocupar la energía que está disponible y ver en su interior aquellas ataduras que los limitan en sus vidas.

Para ayudarnos esta semana podemos comenzar meditando en el Nombre de Dios número 12 que te permite ver con amor incondicional a ti y a los otros:

La manera de encender la Luz en cada uno de nosotros es el amor incondicional.

Bendiciones para todos,

Gabriel Silva – Estudiante e instructor de Kabbalah

Reflexión: El Poder de la gratitud

Estamos en los 10 días más negativos del año, cuya causa se remonta al episodio de los espías enviados por Moshé antes de entrar a la tierra prometida. Moshé manda a 12 espías para que hagan un reporte de la tierra de Israel, para preparar la entrada del pueblo.   El reporte de 10 de ellos es que “había gigantes” habitando la tierra, y eso no fue del gusto del pueblo y por eso lloraron.   Frente a su queja injustificada, El Creador dijo “ya que lloran sin motivo, entonces ahora les daré motivo para llorar”. Esta es la causa que perdiéramos el templo 2 veces: la falta de gratitud por lo que les estaba sucediendo, que era de por sí una bendición, causó que perdieran la bendición reservada para ellos en ese momento, y por tanto deban esperar otros 40 años para que entre la generación siguiente. De acuerdo a las enseñanzas del Rav Arush, sabemos que todo lo que sucede en nuestras vidas está guiado por la mano del Creador, y por tanto todo lo que nos sucede es para nuestro bien.  Esto significa que NO HAY MAL EN EL MUNDO, y que lo que nosotros experimentamos como “mal” es simplemente dolor o incluso una simple diferencia entre la realidad y nuestras expectativas, es simplemente algo que no nos gusta. Experimentar dolor se parece a cuando a uno le llenan la copa de una bebida que no nos gusta y estamos obligados a tomarla.  La bebida es buena pero nos desagrada el gusto, no la queremos tomar.  ¿Cómo hacemos para beber menos de esta copa?  Simple: agradecer.   Cuando alguien vierte bebida en tu copa pero no quieres tomar más de esa bebida, simplemente acostumbramos a decir “gracias” para que quien llena tu copa se detenga.  En la realidad espiritual sucede lo mismo: cuando agradecemos lo “malo” que nos sucede, entonces LA LUZ nos da menos de eso, porque entiende que aceptamos la realidad, que agradecemos por ella, y que por tanto no hay necesidad de más para que hagamos nuestra corrección. Lo inverso también es cierto, cuando El Creador nos da bendiciones que además saben bien, entonces se parece a cuando te llenan la copa de una bebida que te gusta, y entonces te la tomas completa y por lo tanto la Luz te dice ¿quieres más? Y uno contesta “si, por favor, muchas gracias”, y entonces la copa queda llena de nuevo. ¡Que tengamos llena nuestra copa de bendiciones! Cordialmente, Maestro Nicolás Rosenberg.