De la inquietud a la certeza

En tiempos como estos, es natural sentir el vértigo de la inestabilidad. Cuando sube el precio del combustible, cuando aumenta el costo de la vida y cuando las noticias internacionales nos recuerdan que el equilibrio del mundo puede cambiar en cuestión de días, algo dentro de nosotros también se mueve. No solo se altera el bolsillo; también se altera la sensación de seguridad.

Desde la Kabbalah, ese movimiento interior merece ser observado con atención. Porque la verdadera escasez no siempre comienza afuera. Muchas veces empieza en la conciencia, en esa voz interna que susurra que no alcanzará, que no hay suficiente, que todo depende de circunstancias que no controlamos. El miedo económico, en ese sentido, no solo afecta nuestras decisiones: también puede debilitar nuestra conexión con la certeza.

Pero la certeza, en la visión kabbalística (Emuná), no significa negar la realidad ni cerrar los ojos ante la dificultad. La Emuná no significa pensar que nada va a pasar. Significa recordar que, aun en medio de la incertidumbre, podemos elegir no vivir desde la carencia. Podemos sostener confianza, dirección y dignidad, incluso cuando el panorama no está del todo claro.

Esa certeza también exige trabajo interior. La abundancia necesita vasija: una capacidad real para recibir, contener y administrar bendición. Y esa vasija se construye con orden, responsabilidad, conciencia y una relación más serena con lo material.

Tal vez este momento no solo venga a desestabilizarnos, sino también a enseñarnos. A revisar desde dónde vivimos, desde dónde decidimos y en qué ponemos nuestra confianza.

La invitación es simple y profunda: en lugar de alimentar el miedo, elijamos fortalecer la certeza y convertir este tiempo desafiante en una oportunidad de crecimiento interior. Que así sea.

 

Carolina Castagneto