CORTANDO LAZOS

 

El título de esta reflexión suena rudo.

Y la invitación consiste en cortar los lazos que nos unen con las personas que conocemos, especialmente con las más cercanas.
¿Cómo es esto posible? El “sentido común espiritual” nos diría que lo que hay que hacer es reforzar esos lazos, no cortarlos. Por eso a continuación viene la explicación.
Cada vez que entramos en contacto con alguien o con alguna situación, existe el potencial de generar una relación negativa, una experiencia desagradable o un cruce de palabras que no sea del todo luminoso.
Todos tenemos algún episodio no tan grato con las personas que conocemos, y esos mini capítulos de nuestra historia con esa persona va generando energías que nos unen a ella, no siempre de la mejor manera. Por supuesto que también existen intercambios gratos y luminosos, pero eso lo explicaremos más adelante.
Volviendo a esos lazos invisibles no tan lindos, lo que van generando es una relación compleja en que las cosas buenas se matizan con las no tan buenas. En algunas culturas se llaman “lazos karmáticos”. El ejercicio espiritual propuesto consiste en cortar esos lazos, para que de esa manera, nuestra relación con cada una de las personas con las que tenemos contacto sea pura y renovada, como si recién la conociéramos y no tuviéramos ese saldo en contra.

De esta forma nuestra alma se puede manifestar de manera limpia tal y como es. Y acá está el secreto: nuestra relación genuina de un alma otra es una relación de amor puro e incondicional.
Cuando dos almas se encuentran sin los condicionamientos de su historia, son capaces de comunicarse con el único lenguaje que conocen: el amor. dado que ese lazo es básico y fundamental entre las almas, es imposible de romper. Por lo tanto, cuando cortamos lazos energéticos o karmáticos con otra persona, lo único que en realidad eliminamos son esas impurezas en nuestra historia, pues el amor siempre va a permanecer.

Se dan cuenta que no es tan malo? Procuremos entonces que nuestras relaciones con las almas que nos rodean, sean tan amorosas como la relación que tenían Adán y Eva, en el paraíso, una comunicación de alma primordial a alma primordial, antes de que apareciera la discordia en su historia y en la historia de todos nosotros.

 

Que así sea. Amén.

Carolina Castagneto