Vivimos en una sociedad tan tecnologizada, que todo parece tener una explicación “lógica” o “científica”, y esto llega a un extremo tal que para una gran mayoría de personas el universo puede funcionar sin la necesidad de un Creador. 

Para muchos, la prueba fehaciente que necesitan para aceptar al Creador sería que ocurran milagros tales como: que hubiera Paz en el mundo, que se acabaran las bombas nucleares, que no hubiera más hambre en el mundo y que cesaran las epidemias.

Hoy como nunca antes en la historia está sucediendo esto.  

Si observamos con atención, esto es lo que ha ocurrido a nivel global en la humanidad los últimos 70 años, después de las bombas nucleares en Japón.  De ahí en adelante, nunca en la historia humana hubo más abundancia que ahora, nunca antes el mundo produjo más riquezas que hoy, nunca antes hubo menos guerras que ahora –aunque cueste creer, pero es así-  y nunca antes estuvimos más sanos. Hoy muere más gente por sobrepeso que por ataques terroristas; es como si la Coca Cola fuera más peligrosa que Al Qaeda. Paradójicamente, hoy nos sentimos mucho más infelices de lo que fueron nuestros padres y abuelos, quienes vivieron con mucho menos que nosotros hoy. 

Tenemos tanto de todo que simplemente no nos damos cuenta de nada, y aún peor, pensamos que nos falta. Cuando pensamos que nos falta, nos quejamos y no nos damos cuenta que todo lo que nos sucede es para bien. Cuando una persona se queja, provoca un juicio en los cielos, en el que se establece que si la persona lloriquea cuando le sucede algo bueno, entonces se le mandan decretos para que verdaderamente tenga razones para llorar.

Simplemente no hemos sido capaces de ver el milagro que nos rodea: toda la realidad que transcurre frente a nuestros ojos es un milagro, y en la medida que somos capaces de observar este milagro, entonces se manifiesta en la Vida.

 

Afectuosamente,

Maestro Nicolás Rosenberg

Reflexión: El Poder de la gratitud

Estamos en los 10 días más negativos del año, cuya causa se remonta al episodio de los espías enviados por Moshé antes de entrar a la tierra prometida. Moshé manda a 12 espías para que hagan un reporte de la tierra de Israel, para preparar la entrada del pueblo.   El reporte de 10 de ellos es que “había gigantes” habitando la tierra, y eso no fue del gusto del pueblo y por eso lloraron.   Frente a su queja injustificada, El Creador dijo “ya que lloran sin motivo, entonces ahora les daré motivo para llorar”. Esta es la causa que perdiéramos el templo 2 veces: la falta de gratitud por lo que les estaba sucediendo, que era de por sí una bendición, causó que perdieran la bendición reservada para ellos en ese momento, y por tanto deban esperar otros 40 años para que entre la generación siguiente. De acuerdo a las enseñanzas del Rav Arush, sabemos que todo lo que sucede en nuestras vidas está guiado por la mano del Creador, y por tanto todo lo que nos sucede es para nuestro bien.  Esto significa que NO HAY MAL EN EL MUNDO, y que lo que nosotros experimentamos como “mal” es simplemente dolor o incluso una simple diferencia entre la realidad y nuestras expectativas, es simplemente algo que no nos gusta. Experimentar dolor se parece a cuando a uno le llenan la copa de una bebida que no nos gusta y estamos obligados a tomarla.  La bebida es buena pero nos desagrada el gusto, no la queremos tomar.  ¿Cómo hacemos para beber menos de esta copa?  Simple: agradecer.   Cuando alguien vierte bebida en tu copa pero no quieres tomar más de esa bebida, simplemente acostumbramos a decir “gracias” para que quien llena tu copa se detenga.  En la realidad espiritual sucede lo mismo: cuando agradecemos lo “malo” que nos sucede, entonces LA LUZ nos da menos de eso, porque entiende que aceptamos la realidad, que agradecemos por ella, y que por tanto no hay necesidad de más para que hagamos nuestra corrección. Lo inverso también es cierto, cuando El Creador nos da bendiciones que además saben bien, entonces se parece a cuando te llenan la copa de una bebida que te gusta, y entonces te la tomas completa y por lo tanto la Luz te dice ¿quieres más? Y uno contesta “si, por favor, muchas gracias”, y entonces la copa queda llena de nuevo. ¡Que tengamos llena nuestra copa de bendiciones! Cordialmente, Maestro Nicolás Rosenberg.