Un año nuevo con Kavanná

Un año nuevo con Kavanná

¿Qué deseo pediste la noche de año nuevo? ¿Cumpliste tu deseo del año anterior? Los rituales de cada año nuevo, invitan a celebrar que tenemos más vida por delante y la mayoría desea con toda el alma que el año entrante sea tan bueno o mejor que el que se va. La Kabbalah nos invita a detenernos un instante y mirar hacia adentro. No para juzgarnos, sino para despertar. Porque el verdadero cambio no ocurre cuando cambia la fecha, sino cuando cambia nuestra conciencia. 

 

El Zóhar enseña que una persona puede estar muy activa, muy ocupada, incluso muy exitosa, y aún así vivir “dormida”. Dormida significa estar desconectada de sí misma. Hacer mucho no es lo mismo que estar. Cumplir no es lo mismo que vivir con sentido.

 

Por eso, al iniciar 2026, la pregunta más importante no es: ¿qué quiero lograr?, sino ¿desde dónde estoy viviendo? Muchas metas nacen del miedo, de la comparación con otros o desde la costumbre. Y cuando una meta nace de un lugar vacío, incluso si se cumple, no trae paz. 

 

Un nuevo año es una invitación a revisar nuestras intenciones. A preguntarnos si estamos reaccionando o eligiendo. Si estamos repitiendo patrones antiguos o abriendo espacio a algo nuevo. A veces, la meta más elevada no es agregar algo, sino soltar: soltar exigencias innecesarias, expectativas ajenas, personas que no nos ayudan a crecer, formas de vivir que ya no nos representan.

 

La Luz —la sabiduría, la paz, el sentido— siempre está disponible. Pero solo puede habitar en una persona que se hace espacio para ella, que crea la “vasija” para recibirla. Ese espacio se crea con deseo, pero también con humildad, con presencia y con pequeños actos conscientes en la vida cotidiana.

 

Que 2026 no sea solo un año más, sino un año con “Kavanná” (intención)  y emuná (certeza).

Con cariño,

Claudia Vásquez de Tevah

Maestra de Kabbalah

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El Camino Hacia Los Milagros

El Camino Hacia Los Milagros

 
A veces pensamos que los milagros son sucesos extraordinarios, irrupciones grandiosas que quiebran la lógica de la realidad. La Kabbalah, sin embargo, nos invita a mirar más fino. Dice que un milagro no es algo que viene desde afuera, sino una reorganización secreta de lo que ya existe, una alineación precisa entre lo que somos y lo que el alma ha estado pidiendo desde siempre.

En vez de esperar señales espectaculares, la Kabbalah nos enseña a preguntarnos:
¿Dónde estoy poniendo mi atención?
Porque lo que llamamos “milagro” ocurre cuando la atención, la intención y el corazón se encuentran en el mismo lugar.

Cada día contiene semillas de milagro: una palabra que llega justo a tiempo, una puerta que se abre cuando creías que todo estaba cerrado, una fuerza que aparece en ti cuando estabas seguro de no tenerla. La Kabbalah dice que nada es casual. Todo dialoga con nosotros.

El trabajo espiritual consiste en afinar nuestro mirar, expandir la percepción para reconocer que la realidad es más que lo visible. Los milagros no necesariamente cambian el mundo externo primero; cambian el mundo interno. Y cuando algo cambia adentro, lo externo se reordena, como si respondiera.

Entonces, el milagro no se pide.
Se prepara.
Se cultiva.
Se recibe.

A través de la humildad, la conciencia, el silencio y la capacidad de detenernos a ver lo que ya está ocurriendo.

Quizás el verdadero milagro es recordar que no estamos solos, que la vida tiene una inteligencia que nos acompaña, y que cada encuentro, cada pérdida, cada aprendizaje, está cuidadosamente tejido para acercarnos a lo que vinimos a ser.
 
No te pierdas el próximo curso de Milagros que tendremos en nuestra querida Fundación el 24 de Noviembre.
 
Con cariño 
 
Claudia Vásquez de Tevah