Estamos a pocos días de Rosh Hashaná, y quizás una de las ideas más hermosas que podemos llevar con nosotros es recordar que el juicio del Creador nunca ocurre separado de Su amor.

La Parashá Vayelej, leída justo previo a Rosh Hashaná, parece esconder este secreto de una manera extraordinaria.

En el quinto versículo, Moshé recuerda a Israel los mandamientos relacionados con los pueblos de Canaán que deberán enfrentar al entrar en la Tierra prometida;

“Cuando Dios les dé a ustedes poder sobre [estas naciones], deben hacerles a ellas conforme a todo el mandamiento que les he prescrito” – Vayelej 31:5

Pero la Kabbalah interpreta en esas naciones una imagen de nuestras fuerzas emocionales que no hemos logrado rectificar: miedo, ira, orgullo, resentimiento, etc.

Y es justamente ahí, dentro de las palabras ככל המצוה — “conforme a todo el mandamiento”, que aparece escondida la gematría 216, el valor de Guevurá — גבורה.

La Guevurá que es la fuerza equivalente necesaria para enfrentar aquello que el Eterno nos pidió corregir pero que todavía seguimos alimentando.

Pero no es una Gevurá que quema, porque el versículo siguiente cambia completamente la escena. Israel estando frente a una tierra nueva y con enemigos delante de ellos, Moshé a punto de dejarlos les dice:

“Sed fuertes y valientes; no temáis… porque Hashem tu Dios es Él quien camina contigo; no te dejará ni te abandonará.” – Vayelej 31:6

Y justamente en las palabras הוא ההלך — “Él es quien camina” se revela la gematría 72, el valor de Jésed — חסד.

Qué lugar más perfecto para encontrarlo.

Jésed no aparece diciendo que no habrá batalla, tampoco aparece prometiendo que no habrá juicio. Aparece revelando que el Creador camina contigo mientras atraviesas ambos.

Eso mismo ocurre ahora, en nuestras propias vidas.

Durante Elul, el Rey estuvo “en el campo”, cercano, acompañándonos en nuestra Teshuvá. En Rosh Hashaná ese mismo Rey se sienta en Su trono y llega el Din: la medida sobre aquellas emociones y conductas que todavía necesitan ser rectificadas.

Pero no es otro Rey. El Creador que nos juzga es el mismo que caminó con nosotros.

Por eso podemos entrar a Rosh Hashaná sin miedo. Porque detrás de la Guevurá sigue habiendo Jésed; detrás de la medida sigue estando el amor; y detrás de cada corrección existe la posibilidad de comenzar nuevamente.

Y ese Jésed seguirá acompañándonos hasta Yom Kipur, cuando aquello que fue inscrito en Rosh Hashaná busque su sello. Incluso allí el Creador nos concede la posibilidad de hacer Teshuvá, endulzar el Din y transformar el juicio en una nueva oportunidad de vida.

Que todo juicio encuentre dulzura, que toda corrección abra una puerta de luz y que todos seamos inscritos para un año lleno de amor, bendición y de paz.

Shaná Tová Umetuká.
Yosef Ben Ahavá