El amor que no te abandona
Hay momentos en la vida en que creemos que estar bien significa tener todo bajo control.
Saber qué viene después.
Saber qué siente el otro y cómo va a comportarse.
Saber que aquello que construimos permanecerá.
Saber que nuestros planes van a resultar.
Y también podemos creer que amar significa dar: dar tiempo, atención, cuidado, comprensión, ceder, sostener y por sobretodo “estar disponibles”, hacer espacio para el otro. Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos:
¿Desde dónde estoy dando?
Porque no todo dar nace del amor. A veces damos desde la abundancia, pero otras veces damos desde el miedo. Damos para ser queridos, para ser necesarios, para evitar un conflicto, para que alguien no se aleje. Damos esperando, secretamente, que aquello que entregamos nos asegure un lugar en el corazón del otro.
Y entonces el dar, que podría ser expansión, comienza lentamente a vaciarnos. La Kabbalah nos enseña que recibir y compartir no son fuerzas enemigas. Necesitamos aprender a recibir para poder convertirnos en un canal verdadero de Luz.
Por eso, amor propio no significa elegirnos en lugar de los demás. Significa aprender a incluirnos entre aquellos a quienes amamos.
Escucharnos.
Respetar nuestros límites.
Reconocer lo que necesitamos.
Dejar de abandonarnos para evitar que otro nos abandone.
Entonces algo cambia. Ya no doy para que me amen. Doy porque hay amor en mí. Ya no cuido al otro olvidándome de mí. Puedo cuidarlo sin desaparecer. Ya no necesito controlar el vínculo para sentirme segura. Puedo amar dejando espacio. Y quizás allí se encuentran el amor propio y la confianza.
Hay una imagen hermosa en estos días de Sucot: durante un tiempo dejamos la solidez de nuestras estructuras habituales y entramos en un espacio más frágil, más abierto, donde incluso podemos mirar el cielo a través del techo.
Tal vez esa fragilidad nos viene a recordar que no todo lo que nos protege son paredes. A veces nuestra mayor protección es saber que podemos permanecer con nosotros mismos aun cuando afuera algo cambie. Y quizás por eso esta época está asociada precisamente con la alegría.
Tal vez el trabajo de estos días sea preguntarnos:
¿Estoy dando desde el amor o estoy dando para conseguir amor?
Porque cuando aprendemos a habitar nuestro propio espacio interior, el amor deja de ser una búsqueda desesperada de algo que otro debe entregarnos. Se transforma en algo que podemos compartir.
Con Cariño
Maestra Claudia Vásquez de Tevah




