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El Camino Hacia Los Milagros

 
A veces pensamos que los milagros son sucesos extraordinarios, irrupciones grandiosas que quiebran la lógica de la realidad. La Kabbalah, sin embargo, nos invita a mirar más fino. Dice que un milagro no es algo que viene desde afuera, sino una reorganización secreta de lo que ya existe, una alineación precisa entre lo que somos y lo que el alma ha estado pidiendo desde siempre.

En vez de esperar señales espectaculares, la Kabbalah nos enseña a preguntarnos:
¿Dónde estoy poniendo mi atención?
Porque lo que llamamos “milagro” ocurre cuando la atención, la intención y el corazón se encuentran en el mismo lugar.

Cada día contiene semillas de milagro: una palabra que llega justo a tiempo, una puerta que se abre cuando creías que todo estaba cerrado, una fuerza que aparece en ti cuando estabas seguro de no tenerla. La Kabbalah dice que nada es casual. Todo dialoga con nosotros.

El trabajo espiritual consiste en afinar nuestro mirar, expandir la percepción para reconocer que la realidad es más que lo visible. Los milagros no necesariamente cambian el mundo externo primero; cambian el mundo interno. Y cuando algo cambia adentro, lo externo se reordena, como si respondiera.

Entonces, el milagro no se pide.
Se prepara.
Se cultiva.
Se recibe.

A través de la humildad, la conciencia, el silencio y la capacidad de detenernos a ver lo que ya está ocurriendo.

Quizás el verdadero milagro es recordar que no estamos solos, que la vida tiene una inteligencia que nos acompaña, y que cada encuentro, cada pérdida, cada aprendizaje, está cuidadosamente tejido para acercarnos a lo que vinimos a ser.
 
No te pierdas el próximo curso de Milagros que tendremos en nuestra querida Fundación el 24 de Noviembre.
 
Con cariño 
 
Claudia Vásquez de Tevah

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