Somos el prisma de la Luz de Hashem
En la Ruta de la Kabbalah nos referimos a la luz de dos maneras diferentes, y para distinguirlas incluso las escribimos de forma distinta.
La primera es la luz óptica, aquella que nos permite ver el mundo que nos rodea con los ojos físicos, y que escribimos con “l” minúscula.
La segunda es la Luz de Hashem: la energía infinita de amor, entrega e inteligencia total que recibimos de Di´s, y que escribimos con “L” mayúscula.
Aunque ambas luces tienen naturalezas y profundidades espirituales muy diferentes —incluso en ocasiones opuestas— comparten ciertas similitudes.
La luz óptica, por sí sola, no se ve: necesita impactar en un objeto para manifestarse y que nuestros sentidos puedan captarla.
A primera vista, esta luz parece ser blanca; sin embargo, al pasar a través de un prisma, se descompone y despliega ante nuestros ojos todos los colores del espectro visible. Es decir, al atravesar el prisma, la luz blanca se dispersa, revelando su verdadera esencia: la suma de todos los colores del arcoíris.
Lo mismo sucede con la Luz de Hashem.
Ese caudal de entrega infinita que Di´s derrama sobre toda la creación, incluidos nosotros, tiene a primera vista la apariencia del AMOR. Pero ¿qué ocurre cuando esa Luz de AMOR atraviesa un prisma?
Al igual que la luz óptica, se descompone en infinitas manifestaciones creativas del amor: la misericordia, la compasión, la humildad, la ternura, la generosidad, la gratitud, la certeza, y todas las virtudes humanas que hoy existen en estado potencial.
¿Y, ahora, cuál es el prisma que permite que este fenómeno ocurra?
¡Nuestra conciencia!
Nosotros somos el prisma que permite que la Luz de Di´s se descomponga y despliegue sus infinitos matices sobre la Tierra.
A través de la recepción de esa Luz, de ese AMOR, y de nuestro propio e irrepetible proceso de conciencia interior, transformamos esa Luz en múltiples manifestaciones de amor para irradiarlas al mundo.
O dicho de otro modo, somos el artefacto que decodifica la Luz y la convierte en múltiples expresiones del AMOR compartido.
Con amor,
Maestra Guía María Magdalena Cuevas




