Nos enseñan los maestros de Kabbalah que la palabra “líder” en hebreo viene de la etimología “conducir”, un conductor conoce el destino del viaje, sabe a donde va, hay un lugar al que debe llegar. Cuando llegamos a este mundo el propósito de la vida es canalizar la Luz de nuestra alma en beneficio de los demás: este es el compromiso de nuestra alma según la Kabbalah.

Cada uno nació para ser un líder, cada uno tiene una Luz para compartir en este mundo, pero qué ocurre, cuál es nuestro problema?

El problema, dicen los Maestros, es que no conectamos nuestra alma con nuestro destino, muchas de nuestras metas en la vida no son la metas del alma… pero si no me conecto con el alma nunca voy a ser realmente feliz, por eso se ve tanta infelicidad en el mundo.

Como venimos a ser canales, nuestro trabajo espiritual es eliminar los bloqueos que nos evitan ser canales, debemos quitarnos los velos que nos separan de la mejor versión de nosotros mismos.

¿Qué nos aconsejan los Kabbalistas?

Primero debemos conectar con la consciencia que somos seres perfectos (nuestro potencial) y que nuestro destino es perfecto.

Lo segundo, es que si estoy conectado con la consciencia de encontrar un lugar para ser canal, las preguntas del mundo físico, las del 1 %  van a ser respondidas por el Creador y la Luz del Creador nos dará toda la ayuda necesaria en el mundo físico.

Y tercero, si no sabemos cuál es nuestro destino, debemos preguntarnos cada noche ¿Cuál es nuestro destino? y la respuesta llegará. Para ello podemos meditar en el nombre de Dios Nº 69 “Encontrar tu camino”, con este Nombre como nuestra brújula, el camino hacia nuestro hogar espiritual es iluminado. Recuperamos nuestra orientación. Con cada paso que damos y con cada momento que pasa, sentimos comodidad, confianza y un sentido más fuerte de dirección.

 

Afectuosamente,

Maestro Guía Gabriel Silva

Reflexión: El Poder de la gratitud

Estamos en los 10 días más negativos del año, cuya causa se remonta al episodio de los espías enviados por Moshé antes de entrar a la tierra prometida. Moshé manda a 12 espías para que hagan un reporte de la tierra de Israel, para preparar la entrada del pueblo.   El reporte de 10 de ellos es que “había gigantes” habitando la tierra, y eso no fue del gusto del pueblo y por eso lloraron.   Frente a su queja injustificada, El Creador dijo “ya que lloran sin motivo, entonces ahora les daré motivo para llorar”. Esta es la causa que perdiéramos el templo 2 veces: la falta de gratitud por lo que les estaba sucediendo, que era de por sí una bendición, causó que perdieran la bendición reservada para ellos en ese momento, y por tanto deban esperar otros 40 años para que entre la generación siguiente. De acuerdo a las enseñanzas del Rav Arush, sabemos que todo lo que sucede en nuestras vidas está guiado por la mano del Creador, y por tanto todo lo que nos sucede es para nuestro bien.  Esto significa que NO HAY MAL EN EL MUNDO, y que lo que nosotros experimentamos como “mal” es simplemente dolor o incluso una simple diferencia entre la realidad y nuestras expectativas, es simplemente algo que no nos gusta. Experimentar dolor se parece a cuando a uno le llenan la copa de una bebida que no nos gusta y estamos obligados a tomarla.  La bebida es buena pero nos desagrada el gusto, no la queremos tomar.  ¿Cómo hacemos para beber menos de esta copa?  Simple: agradecer.   Cuando alguien vierte bebida en tu copa pero no quieres tomar más de esa bebida, simplemente acostumbramos a decir “gracias” para que quien llena tu copa se detenga.  En la realidad espiritual sucede lo mismo: cuando agradecemos lo “malo” que nos sucede, entonces LA LUZ nos da menos de eso, porque entiende que aceptamos la realidad, que agradecemos por ella, y que por tanto no hay necesidad de más para que hagamos nuestra corrección. Lo inverso también es cierto, cuando El Creador nos da bendiciones que además saben bien, entonces se parece a cuando te llenan la copa de una bebida que te gusta, y entonces te la tomas completa y por lo tanto la Luz te dice ¿quieres más? Y uno contesta “si, por favor, muchas gracias”, y entonces la copa queda llena de nuevo. ¡Que tengamos llena nuestra copa de bendiciones! Cordialmente, Maestro Nicolás Rosenberg.