Se caen muros pero edificamos amor

Se caen muros pero edificamos amor

Ha sido difícil mirar todo lo ocurrido en Venezuela desde el doblete de terremotos y no conmoverme profundamente por ello. Al mismo tiempo, resulta súper admirable la cantidad enorme de personas volcándose en esta causa. En todas partes del mundo empezaron a donar; algunos se apuntaron a armar cajas, otros a llevarles comida y bebida a los voluntarios. Por otra parte, rescatistas, profesionales de la salud y civiles de muchas nacionalidades volaron hasta Venezuela; incluso algunos se costearon sus propios gastos; llegaron no solo a poner su esfuerzo y tiempo, sino incluso a arriesgar sus propias vidas y salud, para rescatar a personas que no conocen.

Y no puedo dejar de nombrar a los voluntarios civiles de la localidad y sus alrededores, quienes, sin tener conocimientos de rescate, a mano limpia han estado quitando piedras, soportando temperaturas, cansancio, olores, incluso, sin buscar a nadie conocido, solo porque sus almas les pidieron ir allá; pescadores, taxistas, barberos, entre otros, gente humilde, trabajadora y humana. Otros se han dedicado a cocinar, organizar, transportar, cuidar, acompañar y consolar. Un pueblo que ha sido abandonado, pisado y burlado muchas veces, pero que se ha aferrado a su fe y a su esencia, y que ha demostrado muchas veces su valor, resiliencia y perseverancia.

Estas pocas palabras no llegan a describir todos los actos de amor y bondad que han ocurrido en mi tierra natal en medio de tanto dolor. Ante todo ello, no puedo pasar por alto el sacrificio y la entrega de todos, y a cada uno de ellos le debo mi gratitud.

Según el Talmud, “el que salva una vida, salva al mundo”; de acuerdo con datos oficiales se han rescatado más de 6.400 vidas. ¡Cuántas veces ha sido salvado el mundo!

¿Y cómo se corresponde eso con lo que nos enseña la Torá en este momento? Esta semana empezamos el último libro de la Torá, Devarim —palabras—, que corresponde al nivel de Asiah. Y esta semana tenemos el Shabat que antecede a Tisha B’Av —el día más negativo del año— y, dentro del judaísmo, un día de duelo.

Una de las cosas que se describe en esta porción es cómo Moisés le reclama al pueblo hebreo por sus múltiples quejas, las cuales, además, emitían aun teniendo todas sus necesidades cubiertas, y debido a esto, tuvieron que estar 40 años en el desierto, y la mayoría de ellos no pudo entrar a la tierra prometida.

Esto me recuerda a nosotros mismos en estos tiempos: estamos bendecidos en abundancia y, muchas veces, en lugar de agradecer, nos quejamos. Qué diferente a la gente de La Guaira en este momento, que habiendo perdido todo, sus seres queridos y más, son capaces de entregar lo poco que tienen.

Por otra parte, en lo personal, quizás nunca pueda entender por qué tantas almas deciden partir juntas de una forma tan dolorosa. Sí entiendo, en cambio, por qué muchos, sin tener relación con el lugar, se unen para aportar. Sin embargo, creo que debemos reflexionar sobre cómo podemos ser proactivos y altruistas sin que tenga que ocurrir una gran tragedia, como la destrucción de los dos Templos, el Holocausto o dos terremotos simultáneos.

Que nuestras intenciones no queden en palabras. Aunque se caigan techos y muros, Jas veshalom, que nuestras acciones de amor al prójimo sirvan para edificar nuestra conexión completa con Hashem. Porque es precisamente aquí en el mundo de Asiah donde podemos lograrlo.

Que tengan una buena semana, y que Hashem les ayude a conectar de manera profunda y comprometida con sus almas para canalizar su Luz con amor.

Con mucho cariño,

Maestra Guía Leah Salazar

Activando el canal de Luz que somos a través del Amor BH

Activando el canal de Luz que somos a través del Amor BH

 

Desde la sabiduría de la Kabbalah, cuando hablamos de la Luz Divina, hablamos de una fuerza superior -Hashem- que tiene infinitos atributos y entre ellos, una cualidad muy clara: el Deseo de Compartir, de entregarse, de expandirse sin límites. Esa Luz Infinita no se retiene, simplemente fluye, en lo que conocemos como Jesed de Hashem.

En tiempos de desafíos, nuestro cuerpo, nuestras emociones, pensamientos y acciones pueden -desde el piloto automático o de nuestro yetzer harrá-, llevarnos a un estado de contracción en el cual esa frecuencia y la Luz que trae consigo, se ven disminuidos respecto de su potencial de manifestación lumínica. Y es entonces -quizás- justamente ahí, que se encuentra una de las invitaciones más profundas para nuestra vida diaria: aprender a sintonizar nuestra Alma, a través de nuestro corazón, con esa misma frecuencia, atravesar esa contracción energética y espiritual, para conectar con el Amor.

Mantener el corazón conectado con el Amor no es una utopía lejana, sino una práctica viva, que se puede ejercitar y fortalecer día a día. Es recordar que podemos volver a Jesed —esa cualidad de bondad, de apertura y de amor incondicional que habita en lo más esencial de nuestro Ser- y ayudar, o mejor dicho ser cocreadores de la manifestación de Luz. 

Jesed no es solo “ser amables”; es una forma de mirar la vida desde la abundancia, es encender el switch del canal que somos, confiando en que siempre hay algo bueno que podemos entregar, un servicio del Alma que podemos brindar desde el Amor.

Cuando nos conectamos con esa frecuencia, algo va cambiando dentro de nosotros. Dejamos de vivir desde la reacción o la preocupación, y comenzamos a responder desde un lugar más amplio, más consciente, más amoroso. Y ese estado interno inevitablemente se refleja afuera: en nuestras palabras, en nuestros vínculos, en la forma en que habitamos el mundo y también se refleja en el mundo que nos rodea como una consecución de causa y efecto.

Cada pequeño gesto de amor —una escucha sincera, un abrazo consciente, una palabra de apoyo, una presencia atenta— se convierte y nos activa entonces en un canal de Luz, y a su vez, nos ayuda, desde el Deseo de Compartir, a manifestar también esa Luz en nuestras Almas y en nuestras Vidas. 

Y es que tal como decía el Rabino Jonathan Sacks Z´L ,basándose en las enseñanzas de la Tora: la gran paradoja del dar, es que mientras más (Amor) damos, más (Amor) se nos da. 

 

Bendiciones y Amor Infinito para todos y el Todo!

Maestra Diana Yael Rubinstein Muchnik

 

El mapa del alma 

El mapa del alma 

A veces creemos que el camino espiritual consiste únicamente en estudiar más, rezar más, meditar más o tener más disciplina espiritual. Pensamos que, si hacemos suficientes prácticas, el vacío o el dolor desaparecerán y finalmente sentiremos plenitud. Sin embargo, muchos descubrimos algo difícil de aceptar: hay momentos en los que, aún rodeados de espiritualidad, seguimos sintiendo un profundo vacío/dolor interior.

¿Por qué ocurre esto?

La Kabbalah nos enseña que no basta con recibir luz; también necesitamos una vasija capaz de contenerla. Y muchas veces la razón por la cual la plenitud parece escaparse de nuestras manos no es porque falte espiritualidad, sino porque hay partes de nuestro ser que aún no han sido escuchadas, contenidas o sanadas.

Hay heridas que no desaparecen solo porque no las miremos. El niño interior herido, el sentimiento de abandono, el enojo, el dolor, las pérdidas no elaboradas o los aspectos de nuestra historia que rechazamos, siguen habitando dentro de nosotros, incluso cuando externamente parecemos estar muy conectados espiritualmente. Podemos estudiar profundamente, cumplir rituales y aun así sentir ansiedad, miedo o desconexión. No porque la espiritualidad no funcione, sino porque quizás estamos intentando usarla como refugio para no mirar aquello que duele y aquí hay un punto muy importante: la verdadera espiritualidad no es evasión.

La Kabbalah también significa aceptación, no una aceptación teórica o resignada, sino una aceptación profunda del alma. Esto implica aceptar nuestra historia, aceptar el dolor vivido, aceptar que Dios no se equivocó con el lugar donde nacimos, con la familia que tuvimos, ni con las experiencias que marcaron nuestro corazón. No todo lo que ocurrió fue bueno, pero incluso aquello que dolió puede transformarse en parte de nuestro tikún.

Muchas veces queremos arrancar páginas de nuestro pasado, pero el pasado no es el enemigo. Nuestro pasado es muchas veces el mapa de nuestro propósito. Allí donde hubo herida, abandono, vergüenza o lucha, muchas veces se esconde también aquello que hemos venido a transformar y aquello con lo que podremos traer luz al mundo.

El alma divina quiere expresarse, quiere dar, quiere iluminar; pero si el ser está fracturado, dividido o en guerra consigo mismo, esa luz no encuentra cómo bajar al mundo. Por eso el trabajo interior no es un lujo espiritual: es una responsabilidad del alma. 

No se trata de vivir peleando con nuestros impulsos, emociones o sombras. Se trata de elevarlas. Porque cuando dejamos de luchar contra partes de nosotros y comenzamos a integrarlas, algo cambia profundamente: incluso lo más oscuro y triste puede comenzar a iluminarse.

La plenitud no parece sostenerse solamente con conexión espiritual. También necesita aceptación y propósito. La vida espiritual se sostiene en tres columnas: aceptar nuestra historia, conectar con lo divino y descubrir aquello que hemos venido a dar.

Porque no hemos venido únicamente a recibir. Hemos venido a ser un canal.

Con mucho cariño,

Maestra Claudia Vásquez de Tevah

 

La Comunicación como ruta para conectar con D’s

La Comunicación como ruta para conectar con D’s

Si pensamos la comunicación desde una definición básica, podríamos decir que comunicar es la interacción entre un emisor que transmite un mensaje, un receptor que lo recibe y un contexto donde esto ocurre.

Y aunque puede parecer algo cotidiano o automático, la verdad es que todos los seres humanos estamos comunicando permanentemente. A través de nuestras palabras, nuestros silencios, nuestros tonos, nuestras reacciones e incluso nuestra presencia.

Pero ¿qué pasaría si la comunicación fuera mucho más que transmitir información?

¿Qué pasaría si nuestra manera de hablar, escuchar y vincularnos pudiera acercarnos un poco más al Alma del otro, a nuestra propia esencia y también a la presencia de Hashem en nuestras vidas?

Muchas veces creemos que comunicar tiene que ver solamente con lo que decimos, sin embargo es fundamental que observemos con humildad, para calibrar nuestra comunicación.

Y Preguntarnos:

  • ¿Desde dónde estoy hablando?
  • ¿Estoy hablando o realmente comunicando?
  • ¿Mis palabras construyen claridad o aumentan el ruido?
  • ¿Estoy diciendo algo porque necesita ser dicho o porque necesito descargar algo?
  • Lo que digo da libertad al otro, lo empodera, o no?
  • Cómo revelo más Luz en este momento, hablando o callando?

Desde la Kabbalah sabemos que la palabra tiene capacidad creadora.
Las palabras pueden dar vida, ordenar, acompañar y fructificar.

Pero también pueden fragmentar, confundir, achicar.

Por eso aprender cuándo hablar, cuánto hablar y cuándo guardar silencio también forma parte del trabajo espiritual.

Y tan importante como hablar es aprender a escuchar.

Porque escuchar verdaderamente requiere presencia.

Requiere abrir un espacio interno para que el otro exista en mí.

Es decir, escuchar implica recibir al otro en mí.

Y es en ese momento cuando la comunicación se transforma en una tremenda vía de conexión  espiritual.

Porque cuando elegimos gestionar y calibrar nuestra comunicación:

  • refinando nuestras palabras
  • permitiendo que nazcan desde el alma
  • cuidando el impacto y la intención de aquello que decimos
  • aprendiendo cuándo hablar, cuánto hablar y cuándo guardar silencio
  • desarrollando una escucha más abierta, receptiva, atenta y presente

Nos alineamos con la presencia de Hashem, somos canales de su verdad, de su mensaje y desde ahí  la comunicación deja de ser solamente intercambio de información.

Y comienza a transformarse en un espacio de conciencia, presencia y de creación.

Las palabras pasan a ser Luz

No solo por lo que dicen, sino por la conciencia desde la cual nacen, la conciencia de nuestras Almas disponibles a la presencia de Dios.

Con mucho cariño para cada una de sus Almas,

Maestra María Magdalena.

De la inquietud a la certeza

De la inquietud a la certeza

En tiempos como estos, es natural sentir el vértigo de la inestabilidad. Cuando sube el precio del combustible, cuando aumenta el costo de la vida y cuando las noticias internacionales nos recuerdan que el equilibrio del mundo puede cambiar en cuestión de días, algo dentro de nosotros también se mueve. No solo se altera el bolsillo; también se altera la sensación de seguridad.

Desde la Kabbalah, ese movimiento interior merece ser observado con atención. Porque la verdadera escasez no siempre comienza afuera. Muchas veces empieza en la conciencia, en esa voz interna que susurra que no alcanzará, que no hay suficiente, que todo depende de circunstancias que no controlamos. El miedo económico, en ese sentido, no solo afecta nuestras decisiones: también puede debilitar nuestra conexión con la certeza.

Pero la certeza, en la visión kabbalística (Emuná), no significa negar la realidad ni cerrar los ojos ante la dificultad. La Emuná no significa pensar que nada va a pasar. Significa recordar que, aun en medio de la incertidumbre, podemos elegir no vivir desde la carencia. Podemos sostener confianza, dirección y dignidad, incluso cuando el panorama no está del todo claro.

Esa certeza también exige trabajo interior. La abundancia necesita vasija: una capacidad real para recibir, contener y administrar bendición. Y esa vasija se construye con orden, responsabilidad, conciencia y una relación más serena con lo material.

Tal vez este momento no solo venga a desestabilizarnos, sino también a enseñarnos. A revisar desde dónde vivimos, desde dónde decidimos y en qué ponemos nuestra confianza.

La invitación es simple y profunda: en lugar de alimentar el miedo, elijamos fortalecer la certeza y convertir este tiempo desafiante en una oportunidad de crecimiento interior. Que así sea.

 

Carolina Castagneto

Cuando el camino se abre

Cuando el camino se abre

Hace unos días estuve en la casa de una amiga jardinera.
Me mostró unos caminitos nuevos que había hecho en su jardín y, mientras caminábamos por ellos, me dijo algo muy simple que se me quedó dando vueltas y que te quiero compartir.

Me explicó que cuando se construye un camino, no solo aparece el camino.
Al hacerlo, empiezan a aparecer también nuevos espacios a los lados que antes no existían.
Nuevos rincones, nuevas formas, nuevas luces, nuevas perspectivas.
Espacios que antes, simplemente, no estaban.

Y me quedé pensando en eso.

Porque muchas veces, en la vida, cuando tomamos decisiones, lo que más nos importa es hacia dónde nos van a llevar esas decisiones, a qué meta o destino nos van a dirigir, y elegimos desde ahí.

Pero si lo miramos desde una comprensión más profunda, cada decisión que tomamos no solo nos mueve en una cierta dirección sino que abre un nueva ruta para nosotros.

Y cuando esa ruta se abre, la realidad comienza a organizarse de una nueva manera alrededor de ese movimiento. Y aquí es importante recordar que la  experiencia humana ocurre principalmente mientras recorremos el camino.

Y es en ese recorrido, mientras vamos avanzando, que empiezan a aparecer nuevos paisajes que no habíamos visto, posibilidades que no estaban antes y experiencias que no estaban en el plan.

Desde una mirada kabbalística, esto tiene mucho sentido.

La realidad no es algo fijo que simplemente descubrimos.
Es una realidad que se va revelando en la medida en que nuestra conciencia se amplia y nuestra vasija se dispone a recibir.

Porque cuando elegimos un camino, nuestra conciencia cambia.
Se expande, se ajusta, se ordena de una nueva forma.
Y en ese movimiento, se vuelve capaz de percibir aspectos de la Luz que antes estaban ocultos para nosotros.

Por eso, lo que aparece a los lados del camino no es casual.

Son expresiones de una Luz que empieza a revelarse en coherencia con el movimiento que hicimos.

Y todas eso nuevo que aparece son insumos y recursos disponibles para nuestro camino, que solo se vuelven visibles a nuestros ojos una vez que ya estamos caminando.
No porque antes no existieran, sino porque antes no estábamos en condiciones de percibirlos.

Aparecen porque ya dimos el primer paso.
Aparecen porque confiamos.

¿Y en qué confiamos?

En que hay un orden.
En que hay una supervisión mayor precisa sosteniendo el proceso.
En que Hashem guía el camino, incluso cuando no vemos con claridad hacia dónde nos lleva.

Y también confiamos en nosotros.
En nuestra capacidad de sostener el proceso, de abrirnos, de pedir ayuda y asistencia a Di’s y de aprender a recibir.

Que Hashem nos dé la fuerza para dar los pasos hacia nuestra propia ruta con emuná y alegría.
Que tengamos la apertura de alma y de mente para observar nuestras propias vidas.

Démonos el tiempo de mirar a los lados.
De reconocer lo que está emergiendo mientras vamos caminando.
De integrar todo eso que sostiene el propio camino.

Porque ahí también está la Luz.
Ahí también está Di’s.
Ahí también hay sentido.

No siempre sabremos hacia dónde nos lleve el camino.
Pero sí podemos caminarlo con emuná, disponibles a lo que empieza a revelarse cuando elegimos avanzar.

 

Con mucho cariño,

Maestra María Magdalena Cuevas.

 

Pesaj empieza con tu limpieza interior

Pesaj empieza con tu limpieza interior

Prontamente se iniciará una de las festividades más importantes del pueblo judío: Pesaj, la fiesta de la libertad. Una de las tradiciones de esta celebración es limpiar la casa del jametz (alimentos hechos de cereales que fermentan y leudan), pero no solo debemos limpiar la casa… también estamos invitados a hacer algo mucho más importante y profundo: limpiar nuestra mente.

Venimos de Purim, de la emoción, del ruido, de lo intenso. Y ahora cambia la energía: empieza un proceso más interno y reflexivo. Porque el verdadero jametz no está solo en el pan… está en nuestra mente.

El jametz representa ese momento en que todo se “infla” y es invadido por el ego: un pensamiento pequeño se vuelve enorme, una preocupación se agranda, una actitud reactiva toma el control. Y muchas veces eso pasa porque confiamos demasiado en nuestra lógica y razón. Pensamos, analizamos, damos vueltas… y sin darnos cuenta, terminamos atrapados en nuestra propia mente.

En Pesaj es una tradición comer matzá. El Zóhar la llama el “pan de la emuná”. ¿Y qué es la matzá? Harina y agua. Nada más. Es decir, algo simple y humilde.

Y ese es el punto. Practicar la emuná no es complicarse más, es simplificar. Es soltar la necesidad de entenderlo todo, de controlarlo todo, de reaccionar a todo. Es más bien, elegir una conciencia más limpia, generar espacio para los pensamientos de alegría, bienestar, paz y confianza.

Una mente preparada para Pesaj es una mente donde el ego no tiene cabida, donde observamos nuestros pensamientos con mayor detención para que no se transformen en una preocupación, donde no permitimos que la ansiedad nos controle y donde el drama no se apodera de nuestras vidas.

Por eso limpiar externamente es un acto reflejo de lo que debemos limpiar, ordenar, organizar internamente. Deshacernos de lo que ya no nos sirve, soltar aquello a lo que estamos apegados y que ya no nos aporta a nuestro crecimiento y desarrollo. 

La verdadera libertad no es solo salir de Egipto…es salir de nuestra propias esclavitudes que nos limitan todos los días.

 
Jag Pesaj Jameaj
 
Claudia Vásquez de Tevah

El camino hacia la libertad: oportunidad 5.786

El camino hacia la libertad: oportunidad 5.786

Recién empezamos el mes de Nisán o Aries y con él llega la oportunidad de sembrar intenciones para todo el año; llega el impulso, las iniciativas y la acción. En la Kabbalah se dice que Nisán es el mes de la libertad, ya que se recuerda la salida del pueblo hebreo de Egipto (estrechez/esclavitud) para ir a Israel (libertad de consciencia).

Desde hace 5.786 años que cuenta el calendario hebreo, establecido de acuerdo con la creación del hombre primordial, Adam Kadmon, hemos venido transitando la vida con la oportunidad de crear, compartir y relacionarnos con nuestro creador. Sin embargo, nos hemos encontrado con dificultades para asumir esta soberanía.

¡Hemos sido esclavos múltiples veces! ¿Por qué esclavos? ¿De quién? ¿Dónde? En nuestro pensamiento, principalmente, y es lógico caer en ello si constantemente nos sentimos abrumados por circunstancias difíciles, discusiones, problemas en el trabajo, condiciones de salud, escasez, etc.

Hemos caído muchas veces en los juegos del oponente, esa voz en nuestra cabeza que nos dice que todo va mal o que no somos suficientes, y aunque sabemos que está ahí no siempre somos capaces de eludirlo. Caemos en comportamientos repetitivos, desconectores o (auto)destructivos. Sin embargo, el error no es equivocarnos, sino pensar que estuvimos ahí solos, cuando en realidad HaShem siempre está con nosotros y nos entrega la energía para cada decisión y cada paso, incluso las que pensamos que no están bien.

El error tampoco es creer que debemos hacerlo bien a la primera o hacerlo siempre bien, sino quedarnos en el cómo hubiera sido. Sabemos que las equivocaciones nos traen enseñanzas, nos hacen fuertes y nos preparan para el camino de crecimiento espiritual.

Al mismo tiempo nos preguntamos: ¿existe una forma no dolorosa de vivir? Sí, cuando confiamos en nuestro creador y decidimos no quedarnos anclados en ese mal momento, esa enfermedad, esa ruptura, esa desilusión… Creer que el camino hacia la libertad es imposible es algo que aparece cuando la desesperanza se apropia de nosotros. El camino a la libertad llega cuando usamos nuestra consciencia para trascender esos momentos, aun cuando todavía no entendemos por qué sucedieron.

Debemos aprender a conectar con las cosas sublimes de la vida: observar un atardecer, contemplar la naturaleza, apreciar el abrazo de un ser querido, disfrutar una comida compartida, entre otras. Porque además estas cosas suceden en simultáneo.

Que se vuelva normal sentir la grandeza y la santidad detrás de cada una de estas experiencias y de cada una de estas emociones, las “buenas” y las que “no lo son”. Que se vuelva normal percibir a HaShem en cada momento y en cada lugar.

Que esta semana y todo este mes HaShem nos ayude a salir de Egipto y a transitar el camino hacia la libertad de conciencia, y que lo hagamos juntos con amor y shalom.

Con cariño,

Leah Salazar

 

Mi voluntad hacia lo espiritual

Mi voluntad hacia lo espiritual

La voluntad es una gran fuerza que opera en todos nosotros, determina movimiento, acción, comportamiento, tanto físicos como espirituales. La voluntad es el primer peldaño en la búsqueda espiritual. Se transforma en nuestra gran herramienta para dar el gran salto en nuestra conciencia. Y aunque todos somos diferentes y no hay 2 personas que tengas los mismos deseos, la voluntad espiritual  actúa como su mayor poder para dirigir a la persona a niveles más amplios y reveladores de conciencia

Enseña Rab Najman que la voluntad es principal para la conexión espiritual. Aquel que dirige su voluntad hacia lo divino, podrá elevarse a un nivel de verdadera espiritualidad.

Estamos en tiempos de comenzar todo de nuevo, renacer, quitar caparazones, elevar nuestro observador, ser más espirituales.

La voluntad ha sido creada para cada uno de nosotros, es un regalo que debemos cuidar, atesorar.

Reflexionar… hacia donde dirijo mi voluntad. ¿Qué acciones reflejaron en mi día una voluntad espiritual?

Al refinar nuestra voluntad, conectamos con una voluntad conectada al propósito y misión que el creador tiene para nosotros.  

Todo lo creado, refleja un aspecto de la voluntad de Dios. La voluntad está en todas partes, en modo presente en cada acción que hacemos.

No importa dónde te encuentres, en qué escenario estés como actor de esta vida, siempre podemos aplicar una buena voluntad, redirigirla hacia nuestra misión de vida, propósito, impacto en el entorno.

La voluntad espiritual nos llena de amor y nos conecta con un entorno más amoroso.

Buscar espiritualidad, nos da la capacidad de aumentar la conciencia, alinear nuestra voluntad con la voluntad absoluta.

Es tiempo de mejorar nuestras capacidades espirituales, sanar, corregir y ser libres. Para esto necesitamos una gran voluntad. Esa voluntad que viene de mundos superiores.

El ejercicio es muy sencillo, respira, mira al cielo… pide voluntad, toda la que necesites, para acercarte a tu verdadero yo, a quien eres realmente.

Con mucho cariño,

Esther Valenzuela

Un paso más en tu Emuná

Un paso más en tu Emuná

La porción de la Torah que leemos esta semana – Beshalaj- es tremenda y contiene maravillosas bendiciones: la apertura del mar para que el pueblo de Israel cruce cantando, el endulzado de aguas amargas y la aparición del pozo de Miriam, una fuente de agua que acompañó al pueblo durante todos los años en el desierto; y el inicio de la caída permanente durante los 40 años, del bendito maná del cielo, alimento de ángeles.  La parashá cierra lográndose el primer triunfo del pueblo contra los ataques de Amalek. Como kabbalista sabrás, además, que esta porción es la que oculta en su interior los 72 Nombres de Di-s.

Frente a tantas bendiciones esperando por nosotros, solo me queda darte una clave. Con todo y dificultades, fallas y un proceso espiritual iniciándose para los hijos de Israel, estos regalos de HaShem estuvieron fundados en la emunah. Sabemos que solo un quinto del pueblo hebreo logró salir de la esclavitud, y lo hicieron gracias a que tuvieron emunah: confianza absoluta en HaShem. Por eso clamaron, por eso aceptaron las indicaciones entregadas por HaShem antes de Pesaj y salieron de la “esclavitud conocida” a una liberación inimaginable. Pero esta semana quiero agregar un elemento de la emunah que todos necesitamos para recibir las bendiciones que HaShem nos quiere dar: LA EMUNAH QUE HASHEM TE TIENE A TI. Si, porque no solo nos toca tener emunah en HaShem; también nos toca asumir que HASHEM TIENE EMUNAH EN NOSOTROS Y ESPERA SIEMPRE LO MEJOR DE CADA UNO. Y tenemos que empezar a agregar esa emunah a nuestra vida diaria para que el puzzle se complete. Despertar todos los días sabiendo que HaShem nos devolvió la vida con plena confianza en nosotros y lo que seremos capaces de hacer ese día, día a día. No importa si fallamos, no importa si en el pasado hemos estado lejos de nuestra mejor versión. Solo HaShem sabe la potencia de tu alma y por eso confía en ti. Siéntete merecedor o merecedora de esa confianza y cree tú también en el alma tremenda que HaShem te dio y todo lo que eres capaz de hacer y empezar a hacer.

Fíjate entonces en esta ecuación esta semana: Tu confiando por completo en HaShem y confiando en la fe que El deposita a diario en ti, finalmente permiten que los obstáculos de la vida se abran como el mar; que el sustento material y espiritual te acompañen permanentemente y que cuando las dudas ataquen; podamos vencerlas con la ayuda de HaShem y con fe en la fuerza y el valor de nuestra alma sagrada. ¡¡Que seamos merecedores esta semana y siempre, de ampliar y ser fieles a la emunah completa y permitir que las bendiciones lleguen al mundo!!

 

Con cariño

Maestra Elisheva Solar