Cuando el camino se abre
Hace unos días estuve en la casa de una amiga jardinera.
Me mostró unos caminitos nuevos que había hecho en su jardín y, mientras caminábamos por ellos, me dijo algo muy simple que se me quedó dando vueltas y que te quiero compartir.
Me explicó que cuando se construye un camino, no solo aparece el camino.
Al hacerlo, empiezan a aparecer también nuevos espacios a los lados que antes no existían.
Nuevos rincones, nuevas formas, nuevas luces, nuevas perspectivas.
Espacios que antes, simplemente, no estaban.
Y me quedé pensando en eso.
Porque muchas veces, en la vida, cuando tomamos decisiones, lo que más nos importa es hacia dónde nos van a llevar esas decisiones, a qué meta o destino nos van a dirigir, y elegimos desde ahí.
Pero si lo miramos desde una comprensión más profunda, cada decisión que tomamos no solo nos mueve en una cierta dirección sino que abre un nueva ruta para nosotros.
Y cuando esa ruta se abre, la realidad comienza a organizarse de una nueva manera alrededor de ese movimiento. Y aquí es importante recordar que la experiencia humana ocurre principalmente mientras recorremos el camino.
Y es en ese recorrido, mientras vamos avanzando, que empiezan a aparecer nuevos paisajes que no habíamos visto, posibilidades que no estaban antes y experiencias que no estaban en el plan.
Desde una mirada kabbalística, esto tiene mucho sentido.
La realidad no es algo fijo que simplemente descubrimos.
Es una realidad que se va revelando en la medida en que nuestra conciencia se amplia y nuestra vasija se dispone a recibir.
Porque cuando elegimos un camino, nuestra conciencia cambia.
Se expande, se ajusta, se ordena de una nueva forma.
Y en ese movimiento, se vuelve capaz de percibir aspectos de la Luz que antes estaban ocultos para nosotros.
Por eso, lo que aparece a los lados del camino no es casual.
Son expresiones de una Luz que empieza a revelarse en coherencia con el movimiento que hicimos.
Y todas eso nuevo que aparece son insumos y recursos disponibles para nuestro camino, que solo se vuelven visibles a nuestros ojos una vez que ya estamos caminando.
No porque antes no existieran, sino porque antes no estábamos en condiciones de percibirlos.
Aparecen porque ya dimos el primer paso.
Aparecen porque confiamos.
¿Y en qué confiamos?
En que hay un orden.
En que hay una supervisión mayor precisa sosteniendo el proceso.
En que Hashem guía el camino, incluso cuando no vemos con claridad hacia dónde nos lleva.
Y también confiamos en nosotros.
En nuestra capacidad de sostener el proceso, de abrirnos, de pedir ayuda y asistencia a Di’s y de aprender a recibir.
Que Hashem nos dé la fuerza para dar los pasos hacia nuestra propia ruta con emuná y alegría.
Que tengamos la apertura de alma y de mente para observar nuestras propias vidas.
Démonos el tiempo de mirar a los lados.
De reconocer lo que está emergiendo mientras vamos caminando.
De integrar todo eso que sostiene el propio camino.
Porque ahí también está la Luz.
Ahí también está Di’s.
Ahí también hay sentido.
No siempre sabremos hacia dónde nos lleve el camino.
Pero sí podemos caminarlo con emuná, disponibles a lo que empieza a revelarse cuando elegimos avanzar.
Con mucho cariño,
Maestra María Magdalena Cuevas.










