Sembrar el futuro con conciencia

 
Rosh Hashaná (que comienza el próximo 22 de septiembre en la noche) no es solo el inicio del año judío; en la visión kabbalista es el momento en que el Creador renueva la energía vital del mundo. Cada alma recibe en estos días la “semilla” de su próximo ciclo, y nuestras intenciones conscientes darán forma al año que comienza.

Por eso, más que hacer una lista de deseos, Rosh Hashaná nos invita a definir metas desde el alma, en tres niveles:

– Metas del corazón: proponernos trabajar nuestras cualidades internas —la paciencia, la humildad, la compasión, la disciplina— Recordar quién estamos llamados a ser, desarrollar nuestro máximo potencial, elegir cómo queremos responder al mundo: desde la conciencia y no desde la reacción.

– Metas de acción: transformar la intención en vasijas concretas. Esto significa cuidar nuestro cuerpo, fortalecer la familia, dedicar tiempo a la comunidad, estudiar y actuar con responsabilidad. Cada acción correcta es un canal que permite a la Luz manifestarse en nuestra vida.

– Metas del alma: profundizar nuestra conexión con el Creador. Orar con intención, estudiar kabbalahh y textos de sabiduría, meditar, abrir espacios de silencio. Aquí no importa el logro externo, sino la expansión interior y la claridad espiritual.

En Rosh Hashaná, lo que sembramos en conciencia se proyecta en todo el año. Escribir nuestras metas, visualizarlas y ofrecerlas en plegaria personal abre los cielos y nos conecta con el propósito más profundo.

El juicio de este día no debe vivirse con miedo, sino como una oportunidad de co-crear con el Creador. Definir metas claras y alineadas con nuestra esencia es sembrar bendiciones no solo para nosotros, sino para todo el mundo.

Shaná Tová Umetuká 
 
Con cariño 
 
Claudia Vásquez de Tevah

Reflexión: El Poder de la gratitud

Estamos en los 10 días más negativos del año, cuya causa se remonta al episodio de los espías enviados por Moshé antes de entrar a la tierra prometida. Moshé manda a 12 espías para que hagan un reporte de la tierra de Israel, para preparar la entrada del pueblo.   El reporte de 10 de ellos es que “había gigantes” habitando la tierra, y eso no fue del gusto del pueblo y por eso lloraron.   Frente a su queja injustificada, El Creador dijo “ya que lloran sin motivo, entonces ahora les daré motivo para llorar”. Esta es la causa que perdiéramos el templo 2 veces: la falta de gratitud por lo que les estaba sucediendo, que era de por sí una bendición, causó que perdieran la bendición reservada para ellos en ese momento, y por tanto deban esperar otros 40 años para que entre la generación siguiente. De acuerdo a las enseñanzas del Rav Arush, sabemos que todo lo que sucede en nuestras vidas está guiado por la mano del Creador, y por tanto todo lo que nos sucede es para nuestro bien.  Esto significa que NO HAY MAL EN EL MUNDO, y que lo que nosotros experimentamos como “mal” es simplemente dolor o incluso una simple diferencia entre la realidad y nuestras expectativas, es simplemente algo que no nos gusta. Experimentar dolor se parece a cuando a uno le llenan la copa de una bebida que no nos gusta y estamos obligados a tomarla.  La bebida es buena pero nos desagrada el gusto, no la queremos tomar.  ¿Cómo hacemos para beber menos de esta copa?  Simple: agradecer.   Cuando alguien vierte bebida en tu copa pero no quieres tomar más de esa bebida, simplemente acostumbramos a decir “gracias” para que quien llena tu copa se detenga.  En la realidad espiritual sucede lo mismo: cuando agradecemos lo “malo” que nos sucede, entonces LA LUZ nos da menos de eso, porque entiende que aceptamos la realidad, que agradecemos por ella, y que por tanto no hay necesidad de más para que hagamos nuestra corrección. Lo inverso también es cierto, cuando El Creador nos da bendiciones que además saben bien, entonces se parece a cuando te llenan la copa de una bebida que te gusta, y entonces te la tomas completa y por lo tanto la Luz te dice ¿quieres más? Y uno contesta “si, por favor, muchas gracias”, y entonces la copa queda llena de nuevo. ¡Que tengamos llena nuestra copa de bendiciones! Cordialmente, Maestro Nicolás Rosenberg.