Traer Luz y Milagros

Esta semana es una de las más bellas e inspiradoras del año. Desde el domingo en la noche y durante 8 días, estaremos celebrando Janucá, la fiesta de las luces; en la que atraemos milagros y bendiciones a nuestra vida.

Cada noche encendemos progresivamente cada vez más velas en la janukía (candelabro especial para celebrar esta festividad); y al mismo tiempo, encendemos la Luz dentro de nuestro corazón; dedicando un tiempo a la conexión familiar con Hashem alrededor de las luces; agradeciendo la infinitud de bendiciones y milagros que recibimos día a día; y pidiendo con todo nuestro corazón, por aquellos anhelos que nuestra alma y nuestro corazón desean. Recordamos a quienes nos rodean; y pedimos por otros y por este mundo.

La conexión entre encender velas y experimentar milagros es hermosa. La Luz es uno de los regalos más representativos de lo espiritual en este mundo; y cuando encendemos velas en honor a Hashem; recordamos que es necesario realizar actos de conexión con Él conscientes y deliberados; dedicar tiempo para lo espiritual en lo cotidiano; y darle lugar a la Luz en nuestras vidas. Cuando esto comienza a manifestarse así; los frutos de nuestro camino espiritual nos llevan a ser verdaderas “velas” que se encienden para iluminar con la Luz del Creador a quienes nos rodean; y compartir Luz a este mundo. Cuando traes Luz a este mundo con tus acciones, tus pensamientos, tus palabras, Hashem trae la Luz de sus milagros a tu vida.

Que tu alma y tu corazón tengan la oportunidad de hablar con el Creador esta semana (y siempre) para agradecer y pedir lo bueno para ti y quienes te rodean; y que todos nos transformemos en faros, velas y canales de Luz para otros; y así iluminemos este mundo con alegrías, milagros y bendición, para siempre.

 

Con cariño,

Maestra Ximena Solar

Colocar a Dios en la Ecuación

Encender la janukiá nos recuerda que siguen ocurriendo milagros. Hace poco tiempo, fui testigo de la fuerza de este recordatorio.

Después de haber pasado un año de grandes cambios como estudiante en Israel, mi esposa Tzipora debía regresar a los Estados Unidos para dar clases. El día del vuelo, antes de partir de su amada Jerusalem, ella fue a despedirse de sus maestros, de sus amigas y del Muro Occidental. Al final del recorrido descubrió que había perdido su agenda personal. Allí tenía registradas muchas direcciones y teléfonos así como notas privadas. Era un bien muy preciado y no tenía ninguna copia digital de seguridad (esto ocurrió mucho antes de los teléfonos inteligentes).

Ella regresó a los diversos lugares en los que había estado. Nada. Había viajado en taxis, pero no había guardado los recibos. No tenía la menor idea de dónde podía haber olvidado su agenda y su vuelo partía en unas pocas horas.

Se sintió apesadumbrada. Cuando ya no quedaba ningún esfuerzo obvio que pudiera hacer para encontrar su agenda, regresó al departamento que compartía con sus amigas para recoger su equipaje.

Ella recuerda que dijo: “Dios, sólo me voy de Israel porque creo que eso es lo que Tú deseas. Por favor, déjame partir con una sonrisa”.

Poco después, oyó que se abría la puerta del departamento.

—Tzipora, ¿esto no es tuyo? —le preguntó una de sus compañeras de departamento mostrándole su agenda.

Mi esposa se quedó boquiabierta.

—¿Dónde la has encontrado?

—Estuve haciendo trámites. Al regresar a casa subí a un taxi y la vi. De inmediato supe que era tuya.

Cuando mi esposa me contó esta historia yo simplemente no pude procesar la coreografía sobrenatural: la persona precisa subió al taxi indicado en el momento exacto en que Tzipora todavía estaba en la casa. Todos los principios que yo conocía respecto a lo que es posible y razonable se esfumaron en vistas de esta clara intervención Divina.

Viajemos por el tiempo hacia algunos años más tarde. Yo tenía que regresar a casa desde Toronto el domingo del fin de semana de Acción de Gracias, el día en que viaja más gente en todo el año. Las colas en el aeropuerto eran interminables.

Al oír que anunciaban mi vuelo por los altoparlantes, pasé por la revisación de seguridad y subí al avión, desplomándome en mi asiento con alivio. El sol estaba bajando por el horizonte y recordé que me quedaban unos pocos momentos para decir la plegaria de la tarde. Busqué mi billetera para sacar mi sidur de bolsillo, pero no la tenía.

Me quedé congelado. Las corridas y los cálculos ansiosos previos no me permitían recordar cuándo o de qué manera me había separado de mi billetera. Tenía que estar en algún lugar en la terminal principal, en medio de miles de extraños. Al observar a las azafatas acomodando apresuradamente a los pasajeros de nuestro vuelo ya demorado, comencé a calcular la pérdida de dinero, tarjetas de crédito y documentos de identidad, y asumí derrota.

Entonces recordé la historia de mi esposa y pensé: “Si Dios pudo devolverle su agenda, Él también puede solucionar esto. No tengo que entender cómo puede hacerlo, sólo tengo que hacer lo que está a mi alcance”.

—Perdón, perdí mi billetera en la terminal. ¿Hay alguna manera de recuperarla? —le pregunté a una de las azafatas,

Ella me miró sorprendida. ¿Acaso yo estaba loco? ¿Era tonto? ¿Le hacía una broma?

—Quizás se le cayó al suelo —me dijo mientras se arrodillaba para buscarla—. ¿Cómo es su billetera?

—Doble, de cuero negro y tiene adentro una Palm Pilot—le respondí.

—¿Una Palm Pilot? —Preguntó el pasajero sentado al otro lado del pasillo—. Había un anuncio avisando que habían encontrado una.

Salimos del avión y le pedimos a un oficial de seguridad que enviara por radio mi pedido.

—Tenemos una billetera negra con una Palm Pilot —respondieron por el walkie-talkie—. ¿Cuál es su nombre?

—Henry Harris.

—La tenemos. Ahora se las llevamos —dijo la voz.

Cada vez que recuerdo esta historia cambia la forma en que veo la vida, y no sólo debido al final feliz.

Yo sé que supuestamente no debemos apoyarnos en milagros y tampoco merezco recibirlos. Pero le pido ayuda a Dios con más frecuencia, porque Él es la fuente máxima de todo. Y si bien hago todos los esfuerzos necesarios, recuerdo agregar dentro de la ecuación el factor Dios. Al correr hacia un tren que está por cerrar las puertas, al mantener una conversación tensa con un ser querido, al buscar estacionamiento, digo para mí mismo: “Dios, yo no estoy seguro cómo debo resolver esto, pero Tú lo sabes y yo no me doy por vencido”.

La janukiá nos recuerda que esta ayuda es real.

Mientras regresábamos al avión, la azafata se detuvo y me preguntó:

—Todo el tiempo se mantuvo sumamente calmo. ¿De casualidad usted es médico?

—No —le respondí—. Sólo creo en los milagros.

por Rav Henry Harris

¿Estás preparad@ para un milagro?

Estamos en Kislev/Sagitario, mes de los milagros, aquellos que tanta falta nos hacen y que todos hemos pedido en alguna ocasión.
Una pregunta: ¿Has pedido algún milagro para este mes?
Ahora viene lo difícil: ¿Estás preparad@ para recibirlo?
Cuando ponemos nuestra atención y energía en lo que haremos una vez que el milagro se produzca, dejamos de fijarnos en aquello que podemos hacer desde ya para recibirlo adecuadamente. Es decir, si lo que quiero es mejorarme de esa afección cardíaca, más vale que desde ya comience a cuidar mi alimentación y a hacer ejercicio. Si lo que quiero es encontrar al amor de mi vida, debo comenzar a tratar amorosamente a las personas. ¿O es que acaso tengo que cuidar mi salud y mi relación con los demás una vez que el milagro se produzca? Parece que no…

Que en esta semana tomemos consciencia de que debemos ser una vasija propicia para recibir la luz de los milagros que están destinados a nosotros.

Amén.

Afectuosamente,

Maestra Carolina Castagneto

La culpa: el principal obstáculo para recibir Luz

A través de los años que llevo escuchando a mis alumnos de Kabbalah y también lo que observo en mi entorno y la sociedad, me doy cuenta que existe un sentimiento corrosivo que nos infunde mucha confusión al momento de dar el salto en nuestra evolución espiritual. Hablo de la CULPA. 
Hay varios niveles de culpa; una gran culpa por algo cometido que creemos irreparable, tanto para nosotros como los demás. Esta culpa día a día nos roba la felicidad, porque básicamente creemos que no la merecemos dada nuestra terrible falta. La culpa se vuelve casi otro órgano más de nuestro cuerpo y se alimenta de nuestra falta de fe, de nuestra debilidad y falta de fuerza para tratar de reparar el daño, de nuestra negación y de nuestro desconocimiento sobre la naturaleza misericordiosa de La LUZ de Di-s.
También otro tipo de culpas nos persiguen, aquellas que tal vez no fueron tan impactantes, pero que son lo suficientemente fuertes para que hagamos acuerdos tácitos con nosotros mismos para impedirnos la felicidad por causa de esta culpa. Muchas veces avalamos su subsistencia en nuestras vidas, porque creemos que es “sano” sentirnos mal si hemos cometido alguna falta con consecuencias negativas. Y aquí justamente está la trampa. Piensa en el siguiente ejemplo: si cometemos una falta de tránsito, ya sea con nuestro auto o bicicleta, la ley nos multa y debemos acercarnos a la institución correspondiente y pagar lo que corresponda, en este acto se acaba la obligación que tengo como ciudadano al cometer un acto reñido con la Ley. No creo que volvamos al día siguiente al Juzgado a decirle al Juez: “me siento culpable por haber estacionado mal, por favor, quiero pagar de nuevo la multa”. Entonces, ¿por qué hacemos esto en nuestra vida una y otra vez, multándonos con la privación de alegría?.
La culpa es una gran roca en nuestra vasija que ocupa espacio y bloquea la entrada de La LUZ. Es un equipaje pesado que arrastramos hacia adelante en nuestras vidas, hacia el futuro, porque la vida no retrocede, avanza. Y así vamos encontrándonos con otros que perciben nuestra carga y dolor, pueden tratar de ayudarnos, relacionarse con nosotros, intentar mostrar nuestra herida, pero ahí está la roca dura y pesada que nos dice que lo que hicimos ya no tiene redención y por eso no tenemos derecho a sentirnos plenos, felices, prósperos y amados.
¡Cuidado! Di-s no quiere tu culpa, quiere tu corazón sincero. Si cometiste algo que te afectó a ti y a los demás, tal vez es la hora de hacer la reparación, hablar con esas personas y decirles cuanto sientes haber afectado sus vidas. Si esas personas ya no están en este plano, recuerda que las almas no se pierden, están ahí en algún lugar superior que no está al alcance de nuestros cinco sentidos; diles lo que no pudiste hacer antes, pide perdón de ser necesario, perdona tú si fuiste el afectado. Haz una obra de caridad que ilumine la vida de otros, trae LUZ por la oscuridad que generaste y destruye tu roca. ¡LIBÉRATE! y deja espacio para que entre una vida nueva, no sabes cuándo llegará tu hora de partir, no pierdas el valioso tiempo que HaShem te ha dado sintiéndote culpable. 

¡Que tengan todos una semana luminosa, liviana y llena de proyectos de vida liberados!

Con cariño

Maestra Claudia Vásquez

Sin dolor no hay triunfo

La fuerza de voluntad es un regalo del Cielo, porque el deseo es el combustible que alimenta nuestro motor espiritual y emocional, dándonos la capacidad de ascender la montaña y llegar al pico.

Imagínense que están parados en un hermoso valle al pie de una montaña. Gente que ya llegó a la cima les contó lo maravillosamente hermosa que es la vista desde arriba. También saben de las dificultades que otros tuvieron durante el ascenso. Pero el tiempo está precioso, y tú miras otra vez en dirección a la cima, y ansías con todo el corazón poder estar allí. Cuanto mayor es el deseo, más grande es la oleada de energía que sientes en los músculos. Tanto tu cuerpo como tu alma parecen estar diciéndote: “¡Empieza a moverte! Comienza a escalar – tú puedes lograrlo!”.

Dado que este es el mundo del libre albedrío, cada fuerza se acopla a su fuerza opuesta. El bien y el mal se enfrentan el uno con el otro. La fuerza tiene que superar la gravedad. El calor y el frío se oponen entre sí. Y el deseo también tiene sus obstáculos.

Cada vez que queremos hacer algo verdaderamente importante, y en especial durante el proceso de alcanzar alguno de nuestros objetivos de vida, siempre nos enfrentamos a toda clase de obstáculos. Este es un hecho espiritual dado que es inherente a toda la creación. Y cuanto más fundamental es el cumplimiento de ese objetivo, más grandes son los obstáculos. Muchas personas, con la mentalidad moderna de la gratificación instantánea, se quejan en voz alta: “¡Ey! ¡No es justo! ¿Por qué siempre tengo obstáculos en todo lo que hago?”.

Pero si miramos el mundo con ojos espirituales, vamos a ver que los obstáculos son en realidad un regalo, porque ellos nutren el deseo y la fuerza de voluntad. Cuantos más obstáculos tenemos, más queremos alcanzar nuestro objetivo. Esto es algo que se ve en la vida diaria: ponle un chupetín a un niño en las manos y antes de que tenga la oportunidad de sacarle la envoltura para comerlo, quítaselo de nuevo. Muy probablemente el chiquito se ponga a patalear y a llorar como loco y se va a poner a correr tras de ti sin parar hasta que le des de vuelta el chupetín. Es muy posible que antes de enfrentarse al obstáculo, el niño haya deseado el chupetín, pero ahora que se enfrentó al obstáculo, desea el obstáculo  mucho más que antes.

Cuando la gente se descorazona ante el primer obstáculo, eso significa que ya desde el comienzo no tenía mucho deseo de alcanzar el objetivo.

¿Alguna vez pensaron por qué los atletas soportan tanto dolor y tantas lastimaduras para poder alcanzar su objetivo? Ningún jugador de fútbol profesional se gana la Copa Mundial sin haber sufrido golpes terribles. El atleta profesional está dispuesto a pagar prácticamente cualquier precio para alcanzar su pico de rendimiento, que es ganarse la copa del campeonato.

Jamás en toda m vida vi a un soldado de las fuerzas especiales que viva una vida libre de obstáculos. En muchas unidades del ejército, la vida se vuelve muchísimo más fácil después de la etapa de entrenamiento básico. Pero cuanto más élite sea la unidad, más dificultades y más obstáculos sufren sus miembros, casi sin descanso. Pero están dispuestos a enfrentarse a todo esto porque creen en su misión, en su pico personal, y están dispuestos a hacer todo lo que sea necesario para alcanzarlo.

Comencemos entonces a escalar. Tenemos un objetivo – el pico. Tenemos las herramientas – los maravillosos talentos individuales y las aptitudes únicas y especiales que nos confirió Dios para poder alcanzar nuestro objetivo en la vida. Tenemos nuestro sendero, que conduce a la cumbre. Y cuanto más preparados estemos, mejor podremos escalar.

Y así ahora ya estamos subiendo, paso a paso. Al principio, la subida es muy emocionante: la ladera no es tan escarpada y cada paso nos ofrece una vista más bella que el anterior.

Gradualmente, a medida que vamos progresando, empiezan a suceder varias cosas. Por mejor preparados que estemos, la respiración se va volviendo más dificultosa, la ladera se vuelve más escarpada y cada paso exige más energía. Llegamos entonces a un punto en que sentimos que los pulmones y los músculos de las piernas se están quemando. Sentimos el dolor del esfuerzo. No es fácil. La cumbre, que desde el pie de la montaña parecía tan inocente, ahora se vuelve tremendamente desafiante.

El aire se vuelve cada vez más falto de oxígeno y la respiración se dificulta aún más. Aunque jamás hayamos estudiado anatomía, ahora nos vamos familiarizando con cada músculo de las piernas, pues cada músculo llora de dolor.

¿Acaso nos damos por vencidos? ¡En absoluto! Hay dos cosas que nos dan aliento: una es mirar de nuevo la cumbre, arriba, y la otra es la maravillosa vista del paisaje, abajo. Jamás nos hubiéramos imaginado lo bello que puede llegar a ser el mundo. Y cuanto más nos acercamos a la meta, más bello se vuelve. Esto no es solamente una metáfora sino un hecho.

Cuanto más deseemos alcanzar el objetivo, más capaces seremos de superar cualquier obstáculo. Por eso, no digas que no puedes alcanzar el pico debido a que hay obstáculos en el camino. Eso no es excusa. Cuando uno verdaderamente desea alcanzar algo, ni los dolores de las piernas ni los dolores de los pulmones ni ningún otro obstáculo es capaz de ponérsenos en el camino. Porque lo que uno está por ganar excede de lejos el dolor que pueda estar sufriendo.

Continúa subiendo y en ningún momento te descorazones. Los obstáculos no hacen más que nutrir el deseo. Recuérdalo siempre y así podrás alcanzar la cumbre de tu ascenso personal.

 Rabino Lazer Brody vía breslev.co.il

Mujer, fuente de alegría y milagros

Estamos comenzando el mes de Kislev y con ello un periodo de enorme alegría y milagros, ya que el 25 de este mes, conmemoramos la festividad de Jánuka, también conocida como la fiesta de las luces. Y qué mejor que traer más luz a nuestra vida, más claridad a nuestros pensamientos, más brillo a nuestra alma para poder tomar la fuerza necesaria para cumplir con nuestra misión. Las mujeres somos grandes vasijas con el poder de recepcionar una enorme cantidad de Luz, pero ¿cómo podemos preparar esta vasija para absorber los milagros que están destinados a nosotras?

Un cuento nos va a ayudar en esta tarea:

Dos hombres que estaban destinados a morir iban caminando por un sendero. Desde el Cielo ya habían enviado al Ángel de la Muerte a que se los llevara a los dos. Pero entonces se les cruzó en el camino un anciano y uno de los dos hombres le dio unas cuantas monedas. De inmediato hizo su aparición el Ángel de la Muerte, que le dijo al hombre que había dado caridad que su acto de benevolencia le había salvado la vida. Y a la segunda persona le dijo que había venido a quitarle el alma. El segundo hombre le suplicó que esperara un momento a que él también le diera unas monedas al anciano. Pero el Ángel de la Muerte le respondió que se había acordado demasiado tarde, y que había desperdiciado la oportunidad. Dijo el judío: “Entonces dame solamente dos minutos para darle las gracias a Dios, porque yo estoy acostumbrado a darle las gracias a diario”.

El Ángel de la Muerte se paró a un costado y el segundo hombre dijo lo siguiente: “Te agradezco, Amo del Universo, por la vida que me has dado. Gracias por todo lo que hiciste por mí en la vida. Gracias por querer llevarte mi alma, porque ahora voy a estar cerca de Ti”. Así, de esta misma manera, le siguió dando las gracias a Dios durante dos minutos. Entonces se le acercó el Ángel de la Muerte y le dijo: “No sólo que ahora ya no te puedo quitar el alma sino que incluso se te asignaron más años de vida, muchos más además de los años que ya se te habían asignado al momento de nacer”.

De esta historia podemos sacar dos conclusiones: La Tzedaká te salva de la muerte, practicar los actos de jesed, la bondad, la generosidad, abrir nuestra mano con quienes nos necesitan, es una gran práctica espiritual que traerá flujos de energía milagrosa a nuestra vasija. Lo segundo que aprendemos de esta historia es que la apreciación y el agradecimiento por cada cosa que tenemos y no tenemos en nuestra vida son aun más grandes que los actos de bondad.

Si queremos tener un mes lleno de bendiciones, comencemos por agradecer cada día a nuestro Creador por otorgarnos el milagro de la vida y con ello un sinfín de oportunidades que se despliegan a nuestro alrededor.

Jodesh Tov

 

por: Maestra Claudia Vásquez

Hay una sola existencia

Cuando pensamos con intención y somos capaces de preguntar siempre ¿Por qué? No podremos llegar a ninguna otra conclusión, y esta es, que no existe nada más que Hashem, nada más que el Creador ya que todo lo que como humanos creamos, es siempre a partir de algo que ya fue creado previamente.

Por lo tanto en nuestras vidas, en nuestras relaciones y en nuestros trabajos, la manera de realizar nuestras acciones, para lograr el éxito que deseamos, es siempre conectar primero con el Creador, ya que al depender todo de Él, “todo” lo nuestro, dependerá también de Él, porque Él es todo lo que existe, y nosotros somos una creación de Él.

Afectuosamente,

Maestro Daniel Abaud

El espejo del marido

El sagrado libro del Zohar nos enseña que en un nivel espiritual, el marido se parece al sol mientras la esposa se parece a la luna. Ella refleja la luz que brilla en ella…

Respeta a tu esposa:

Un marido debe actuar como el Creador – debe comportarse con su esposa con paciencia, compasión, y entendimiento.
 
Una vez que el marido interioriza el hecho que su esposa es su propio espejo, se salva de muchas penas. Cuando una persona que no tiene paz matrimonial culpa a su esposa, al casamentero, o a sus suegros por sus problemas, no sólo está constantemente enojado y sin paz interior, también su vida es un infierno. Lo peor es que, mientras el carece de fe y trata de culpar de sus problemas a otros, nunca tendrá éxito en la corrección de si mismo.
 
No sólo que la esposa es un espejo, sino que ella es una lupa. Ella expone los defectos de nuestro carácter y nuestro comportamiento que deben ser mejorados.
 
De esta manera, una esposa enojada es esencialmente un mensaje del Creador indicando que el marido no ha vencido ni desarraigado la cólera de su vida.
 
Con fe, el marido utiliza los estímulos negativos de su esposa para preguntarse, “¿Qué quiere el Creador de mí?” De esa manera, una esposa facilita la relación de su marido con HaShem, porque para mantener la paz en el hogar él siempre debe buscar al Creador dentro de las reacciones negativas de su esposa. Así, evita la cólera y reacciones negativas que sólo destruyen su hogar. Con fe, él está libre para amar, respetar, y apreciar a su esposa, no importa como ella actúa. Una vez que se comporta así, provoca una poderosa espiral ascendente de amor y paz en la casa.
 
El sagrado libro del Zohar nos enseña que en un nivel espiritual, el marido se parece al sol mientras la esposa se parece a la luna. Ella refleja la luz que brilla en ella. Emociones positivas – felicidad, respeto, paciencia – todas vienen de la luz, o iluminación espiritual. Emociones negativas – cólera, desacato, tensión – todas vienen de la oscuridad, o carencia de la iluminación espiritual. Por lo tanto, lo que el marido da  es lo que el marido consigue. La esposa es su verdadero espejo.
 
El Rabino Eliezer Berland dijo una vez, que desde el momento que aprendió de Rabi Levi Yitzchak Bender que una esposa es el espejo de su marido, cambió su vida completamente. Más bien que tratar de educarla, corregirla, o criticarla, puso todos sus esfuerzos en educación, corrección, y crítica de si mismo. Un poco antes de casarme, el Rabino Berland me tomó por las solapas y me dijo, “Nunca critiques o hagas un comentario negativo sobre algo que tu esposa hace. ¡En lugar de criticarla, hazte un examen de consciencia y arrepentimiento!” Aquellas palabras fueron probablemente las más importantes que alguna vez oí en mi vida.  
 
A veces un hombre piensa que es completamente justo. Pero si su esposa está disgustada con él, entonces el está lejos del arrepentimiento. Si se enoja con ella, sólo demuestra que está todavía lleno de arrogancia, cólera y que carece de Emuná, la auténtica fe.
 
Un verdadero observador de la Torá, respeta y aprecia a su esposa. Si la critica es como si criticara al Creador. Nuestros sabios enseñan que cuando una persona es realmente humilde y sincera en el servicio de HaShem, su esposa automáticamente está enamorada de él. Eliahu HaNavi (Elías el Profeta) enseña en el libro “Tana DeBe Eliahu” que una persona debería ser siempre humilde, y sobre todo en su propio hogar.
 
¿Por qué pone Eliahu HaNavi tanto énfasis en la humildad? Porque la humildad es un signo verdadero del Tikún HaBrit – la corrección de su santidad personal, que es lo contrario del libertinaje. La arrogancia y el Tikún HaBrit no van juntos. El resultado lógico es que una esposa reaccionará favorablemente con un marido que está ligado a la santidad, ya que la verdadera santidad y la verdadera humildad van juntos.
 
Muchos maridos inconscientes intentan y derivan la responsabilidad a su esposa. Ellos dicen, primero que me respete, y luego la respetaré. Ya hemos explicado qué esta es una actitud desacertada con nuestro ejemplo del sol y la luna. Pero aún más, el respeto de una esposa hacia su marido es resultado de su propio comportamiento; el respeto de un marido a su esposa es una obligación absoluta según la Halajá, la ley judía, eso está expresamente escrito en la Ketubá, el contrato de matrimonio judío. Para aquellos que nunca han leído su Ketubá, sería una buena idea de hacerlo. El marido unilateralmente se compromete a amar, apreciar, y trabajar para su esposa.
 
El Talmud dice que si el marido es merecedor, consigue una esposa cariñosa que le ayude, pero si no lo es, ella será su enemiga.
El Rabino Eliezer Berland dice que cuando una esposa “vierte” en un marido, ella vierte su propia basura sobre él. Rabi Najman de Breslev enseña que el esposo que no ha vencido el impulso lascivo y licencioso, sufrirá por último todas clases de insultos de parte de su esposa.
 
Por esta razón, cuando el esposo sufre el desacato y el insulto, no sólo no debería enfadarse, debería hacer doble examen de consciencia y arrepentimiento: primero, por no haber vencido todavía sus impulsos lujuriosos, y segundo, por ser la causa del enojo de su esposa. Un marido – en toda y cada circunstancia – debe sólo hacer brillar la luz en su hogar – ninguna oscuridad. La luz significa el respeto, el amor, una sonrisa, una palabra amable y la consideración, sin expectativas a cambio. Una vez que un hombre interioriza el hecho que no merece nada, pero le es requerido dar todo, entonces de repente comienza a conseguir grandes dividendos. Su esposa comienza a reflejar su luz.
 
Una esposa es por lo tanto la prueba de nuestro verdadero nivel espiritual, pues un hombre realmente observador de la Torá y los Preceptos sabe que no merece nada, pero le es requerido dar todo. Si un hombre sin una esposa piensa que ya ha llegado a un nivel espiritual apropiado, vive en un mundo de fantasía. Por eso la Torá dice que no es bueno para el hombre estar solo.
 
Una esposa da a su esposo exactamente lo que él merece del Cielo. Un marido debería ser la influencia, no el influido. Por esta razón, un marido no debería esperar ofrendas. Él no debería nunca llegar a casa solo cuando tiene hambre o está cansado, porque entonces busca una contribución. En cambio, debería ser el donante y llegar a casa con una sonrisa en su rostro.
 
Todos sabemos cuál es la Mala Inclinación del hombre. Pero, ¿te preguntaste alguna vez cual es el deseo ardiente de una esposa? El respeto. Cuando su marido la respeta, su vida es el Paraíso. También lo contrario es verdad – una crítica la amargará. Un elogio es un regalo que le da un placer indescriptible. Por esta razón, un marido nunca debería criticar a su esposa. La crítica se parece a una cámara de tortura o a un lento asesinato para ella. La crítica y la carencia del respeto de su marido la hacen perder la confianza y ponerse nerviosa. Y cuando esto pasa, su paciencia disminuye y luego cuidado – el marido sufrirá.
 
 
Continuará…
por: Rabino Shalom Arush

La Vida después de la Vida

Hace algunos días atrás oía el comentario de un Rabino a la porción de la Tora: “Jayei Sara” o “La Vida de Sara”, llamándome particularmente la atención que esta porción comienza tras la muerte de Sara. 

¿Cómo es que al invitarnos a hablar de la Vida de nuestra matriarca comenzamos por su muerte?, ¿Cuál es el sentido de esto?
Y he aquí un regalo entre las muchas enseñanzas de esta porción: en este relato se habla de como Itzjak, su hijo, al encontrar y elegir a quien será su esposa, la lleva a la carpa de su madre Sara para ver así como la esencia de su madre, mujer sabia, pilar de la Paz y Sabiduría en el hogar, permanecía presente más allá de su partida, manifestándose de alguna forma en la figura femenina que su nuera aportaría al núcleo familiar.

Que tengamos todos la Bendición de dejar un legado en Humildad, aportando desde nuestra Esencia aquello que es parte de nuestros atributos para compartir más allá de nuestra presencia física en este mundo.

Bendiciones,

Maestra Diana Yael Rubinstein Muchnik

Billones de estrellas

Cada noche vemos las estrellas. Billones de estrellas. Estuvieron allí siempre, desde la época de Adán hasta el Rey David, y hasta el día de hoy.

¡Este es el jardín de un gran y magnífico Rey! – el Rebe de Lubavitch acerca de la reacción de Adán al ver el mundo por primera vez.

Siempre estuvo allí. Siempre.

Estamos rodeados de su belleza sin límites. Árboles verdes adornan el paisaje bajo un cielo azul zafiro. Los pájaros vuelan y las flores florecen en el campo. Cada mañana vemos esta gran bola de fuego saliendo del horizonte. Cada día vivimos en el Jardín del Rey. Todo el Universo declara la Gloria de Hashem.

¿Acaso no hacemos lo mismo con nuestra propia casa? ¿No construimos nuestras casas con lindos jardines y los adornos más caros? Lo hacemos para que la gente se dé una idea de lo bella que debe ser la casa por dentro. Lo hacemos para alimentar nuestro ego. Pero Él lo hace precisamente por todo lo contrario: lo hace para que sintamos nuestra propia pequeñez, para que sintamos que somos lo suficientemente pequeños como para entrar en la cámara interna de lo que la grandeza de Sus jardines están proclamando.

Qué vasija nos dio para ocupar…. El cerebro humano posee 10 billones de conexiones. El cuerpo entero tiene 100 billones de células. Cada uno de nosotros da alojamiento a 3 mil millones de pares de ADN humano, y cada hebra tiene dos nanómetros de ancho.

Vivimos en el Jardín de Hashem cada momento que estamos con vida. Son las cosas inferiores, las cosas que hace el hombre las que nos lo quitan. Cuando pensamos en ganarnos el sustento, en política, en ser el centro de atención, nos olvidamos de quiénes somos en realidad. Cuando nos enfocamos en el mañana, es a costas de lo que deberíamos estar haciendo ahora.

El lamento por el ayer y el resentimiento por el futuro son las grandes vendas que nos impiden ver el presente. Pero las vendas pueden quitarse. Detente unos minutos. Siéntate en el parque. Medita acerca del sol, del cielo, el pasto, la tierra, los pájaros, los perros, y la diversidad de flores que nos rodean. Tomemos conciencia de dónde estamos.

Incluso si corres riesgo de perder tu trabajo, si una relación está pasando por un mal momento o tienes un millón de motivos por los cuales no estar feliz, siempre puedes mirar a tu alrededor y recordar que no estás pasando hambre. Tienes personas en tu vida que te aman. Hashem te ama. Tienes libertad de pensar, de hablar, y de soñar.

Somos parte del mundo de Hashem. Vivimos en un tesoro de oro y de diamantes. Cada acto de bondad que hacemos es como levantar una preciada moneda y guardarla en una caja fuerte. Cada vez que sonreímos, damos caridad, cedemos el turno a otra persona, estudiamos Torá, dejamos que nuestra pareja nos gane la discusión o inclusive sacamos la basura, estamos embelleciendo el jardín del Edén en este mundo.

¿Qué tan grande exactamente es Su grandeza? ¿Cómo será estar más cerca de Él en el mundo venidero una vez que nos hayamos quitado todas las vendas? ¿Existe acaso alguna muestra de lo que será nuestra vida futura si vivimos nuestra vida de la manera que Él quiere?

Abre una ventana.

 

 David Ben Horin