Hablando de Santidad

Uno de los mandamientos importantes que manda Hashem al pueblo de Israel mientras estaba en el desierto fue: “Sean santos, puesto que Yo Hashem tu Dios soy Santo.” Es muy interesante el hecho de que se presenta este deseo del creador, para su creación, como un mandamiento, un mandato de Hashem a todos. Lo cual a veces es desafiante, sobretodo porque en el mundo en el que nos desenvolvemos es un mundo de sombras.

¿Dónde está el verdadero sentido de la Santidad? ¿Qué significa realmente ser santos, y cómo influye en nuestra vida cotidiana? Históricamente se ha hecho referencia a la Santidad o Kedushá como una actitud de separación de determinada acción como garante de Santidad, por ejemplo, cumplo un precepto y eso me añade santidad (cf. Rashi en Vaikrá 19.2).
Sin embargo quisiera llamar la atención a un pasaje fundamental en la Historia de Moshé cuando estaba en la Zarza, Hashem mandó a Moshé a quitarse el calzado de sus pies, puesto que la tierra en donde se encontraba era Santa (cf. Shemot 3.5). De ahí viene la pregunta ¿Qué producía en la tierra la Santidad? Podríamos decir que el hecho de que hubiera una manifestación Divina en el mundo era suficiente para que sea importante mostrar un estado de asombro en Moshé para quitarse el calzado. Lo interesante es que según lo que dice el Profeta, “Santo, santo, santo, Ad-nai de los ejércitos, Su presencia llena toda la tierra”.

Nuestra misión en el mundo siempre ha sido, encontrar ese punto de santidad en toda la tierra, en toda la materia, a fin de ampliar y elevar nuestra conciencia. Toda la materia está llena de la presencia de Dios, sin embargo, muchas veces nuestra consciencia no es capaz de percibirlo.

La invitación es esta semana tomarnos la oportunidad de descubrir en la cotidianidad de nuestras vidas, esa intervención divina oculta, y que podamos elevar nuestras chispas de santidad. Recomiendo meditar el nombre 2: Traer nuevas oportunidades a la vida (Yud, Lámed, Yud), para abrir nuestra conciencia, reconociendo las múltiples bondades que Dios nos da; y así elevar las chispas.

Maestro Guía José Luis Céspedes