La perseverancia en la Oración

Enseñándole a una niña la importancia de la oración cotidiana se le dijo: “Dios creó todo lo que ves, a la mamá, al papá, a los amigos y a ti misma con su amor. ¿Te gustaría que el amor de Dios tocara tu corazón un ratito todos los días?, ¿Si? Bueno, por eso es importante hacer todos los días oración. Cierra tus ojitos y pídele a Dios que envíe un rayito de su amor a tu corazón para que te sientas bien”.

Y lo dicho a una pequeñita también es válido para todos nosotros. La oración no es más que tener la posibilidad de que el amor de A’m nos toque un poquito cada día. Visto así, ¿quién no quisiera hacer oración? Y más aún, ¿quién no quisiera pasar permanentemente en oración, sintiendo el amor de Dios en el corazón?

Aprendemos en Kabbalah que “si es verdad, es simple”. Y tal vez esta explicación dada con sencillez sobre lo bueno que es orar, sea un mejor estímulo para, no solo perseverar, sino buscar activamente la plegaria. 

Muchas veces tratamos de alimentar nuestra disciplina espiritual, como quien se propone hacer media hora de ejercicio todos los días, un poco a la fuerza, pensando “cuando me acostumbre será más fácil”. Tal vez tenemos que buscar otras explicaciones, una motivación más intrínseca y por lo mismo más robusta. El trabajo espiritual no puede ni debe ser un mero entrenamiento. A fin de cuentas, somos nosotros los beneficiados al ser tocados por un rayito de divinidad…

Amén

Afectuosamente,

Maestra Carolina Castagneto

 

 

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