Milagros todo el año

El Rav Jaim Kanievsky, shelita, contó la siguiente historia: dos judíos que estaban destinados a morir iban caminando por un sendero. Desde el Cielo ya habían enviado al Ángel de la Muerte a que se los llevara a los dos. Pero entonces se les cruzó en el camino un anciano y uno de los dos hombres le dio unas cuantas monedas. De inmediato hizo su aparición el Ángel de la Muerte, que le dijo al hombre que había dado caridad que su acto de benevolencia le había salvado la vida. Y a la segunda persona le dijo que había venido a quitarle el alma. El segundo hombre le suplicó que esperara un momento a que él también le diera unas monedas al anciano. Pero el Ángel de la Muerte le respondió que se había acordado demasiado tarde, y que había desperdiciado la oportunidad. Dijo el judío: “Entonces dame solamente dos minutos para darle las gracias a Dios, porque yo estoy acostumbrado a darle las gracias a diario”.

El Ángel de la Muerte se paró a un costado y el judío dijo lo siguiente: “Te agradezco, Amo del Universo, por la vida que me has dado. Gracias por todo lo que hiciste por mí en la vida. Gracias por querer llevarte mi alma, porque ahora voy a estar cerca de Ti”. Así, de esta misma manera, Le siguió dando las gracias a Dios durante dos minutos. Entonces se le acercó el Ángel de la Muerte y le dijo: “No sólo que ahora ya no te puedo quitar el alma sino que incluso se te asignaron más años de vida, muchos más además de los años que ya se te habían asignado al momento de nacer”.

Esta es una historia muy conmovedora que nos demuestra que la gratitud es más grande aún que la caridad. La gratitud salvó al judío de la muerte incluso después de haber “perdido el tren” con la caridad, y encima le agregó más años de vida a los que ya tenía asignados.
Nuestros Sabios nos indican que es bueno recitar el Salmo 67 con frecuencia en las plegarias: a la mañana, antes de recitar Baruj She-amar; a la tarde, después de Kadish Titkabal; en las Lamentaciones de Medianoche; durante la Cuenta del Omer; en Jánuca, después de encender las velas, etc. Veamos qué dice este Salmo:

“Que HaShem sea compasivo con nosotros y nos bendiga; que haga que Su rostro brille hacia nosotros; Sela”. Le pedimos a HaShem que haga brillar Su rostro sobre nosotros. Su “rostro” significa que vemos que todo lo que ocurre es muestra de Su compasión.
“Que sea conocido Tu camino sobre la tierra; Tu salvación entre todas las naciones”. Pedimos poder tener la capacidad de hacer conocer el camino de HaShem a todo el mundo.

“Entonces las naciones Te darán las gracias…”. Todos Le darán las gracias a Dios, en todos los idiomas y en todos los dialectos.
“Las naciones se regocijarán y cantarán de alegría…”. El mundo entero se llenará de canciones de alabanza a HaShem; todas las naciones bailarán en rondas…

El propósito final del mundo entero es que los seres humanos crean en Dios. La creencia y la fe en Dios significa creer y tener fe en que todo es para bien, en que el mal no existe y que siempre debemos darle las gracias a HaShem por todo.

HaShem trajo al mundo una luz maravillosa: la Emuná y la gratitud a HaShem que es producto de la genuina emuná. Y la persona que vive de esta manera vive literalmente en el paraíso. Cuando la persona cree que cada problema que se le presenta en la vida es para bien y Le da las gracias a Dios con todo su corazón y con alegría, entonces logrará ver la salvación. Lo único que tiene que hacer es tener fe, emuná.

En la plegaria llamada Al Ha-nisim, Por los Milagros, que recitamos durante los ocho días de Jánuca, Le damos las gracias a HaShem por el enorme milagro que nos hizo durante la época de los macabeos. Pero la gente se olvida de que también en la vida cotidiana suceden continuamente milagros. Vemos así que en la plegaria diaria llamada Modim, afirmamos en forma explícita: “Te damos las gracias por todos Tus milagros……el Benevolente, Cuya compasión no ha cesado”. La persona que Le da las gracias a HaShem por los milagros alcanza “el Bien y una misericordia continuos”, o sea, tiene el mérito de ver con sus propios ojos milagros a lo largo de todo el año.

En la plegaria de Modim continuamos bendiciendo y glorificando y exaltando a Dios: “Y por todo que Él sea bendecido y exaltado… el HaShem de las salvaciones. Sela”. Las salvaciones son eternas, porque Selá significa “eterno”. Y cuando todos Le den las gracias continuamente a HaShem, seremos testigos de más milagros y salvaciones, hasta que llegue la Redención final. ¡Feliz Jánuca!  

por: Rabino Shalom Arush vía breslev.co.il

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