Elul – hagámonos un favor

Elul ya casi está aquí nuevamente y es hora de poner la casa en orden antes de las Altas Festividades.

Hashem quiere que nos armemos de coraje y que nos presentemos ante Él para confesarle, por más bajo que sea el lugar donde estemos. La confesión sincera y sentida incluso de la persona que cometió una falta terrible es mucho más preciada para Hashem que el acto mecánico de golpearse en el pecho. Hashem quiere la verdad, no muestras de piedad vacías de todo contenido.

Es por eso que Rabí Najman dice que el valor de la plegaria personal es superior a todo lo demás, pues esa es la base para establecer una relación genuina y duradera con Hashem. ¡Qué gran alivio que se siente cuando uno se desahoga con Hashem! Nuestros Sabios afirman: “Una hora de teshuvá (sincero arrepentimiento) en este mundo es mejor que todo el Mundo Venidero”. Con una hora diaria de plegaria personal, uno puede llegar a conectarse con Hashem. Esto nos ayuda a descartar todos los falsos conceptos y las dudas y las mentiras que la mala inclinación trata por todos los medios de infundirnos en el corazón y en la mente. MI querido alumno, Rabí Yosef Rand, que Hashem lo bendiga, me contó una interesante interpretación de lo que dicen nuestros Sabios: “Preocúpate del problema en su hora”, o sea, no te apures a preocuparte. Rabí Rand me dijo que solamente debemos preocuparnos “en una hora”, o sea, en la hora que usamos para hablar con Hashem.

Cuando uno se acostumbra a hablar con Hashem y deja de echarles la culpa a los demás por sus propios problemas, está asumiendo responsabilidad por sí mismo. Las palabras que pronuncia ante Hashem lo ayudan a ver la verdad, para entender qué es lo que está sucediendo en su vida, y hacer realidad su potencial espiritual sin engañarse a sí mismo con todo tipo de fantasías. Esa persona busca acercarse a Hashem desde su punto de verdad. Es una persona sincera.

El Zohar le implora al individuo que haga un recuento de sus actos a diario antes de irse a dormir de noche. Tal como dice el Rey Salomón en Eclesiastés 9:10: “No hay ni acción ni rendimiento de cuentas ni conocimiento ni sabiduría en la tumba a la que estás yendo”. O sea, en el Mundo Venidero, no vamos a poder rectificar lo que podemos rectificar en este mundo. Nuestra diaria rendición de cuentas es por lo tanto una parte fundamental de la vida. Por medio de la introspección diaria, estamos transformando todos nuestros reveses  en triunfos. Dejemos de ocultarnos de Hashem!

La Toráh nos ordena (Números 5:6): Háblales a los hijos de Israel: un hombre o una mujer que cometieren una transgresión… confesarán su pecado”. Hashem sabe que vamos a pecar y por eso nos da consejos simples y efectivos para rectificar dichas faltas, confesándonos directamente ante Él.

El objetivo de confesarnos es para que dejemos de ocultarnos, o sea, para que superemos nuestra vergüenza y tengamos el coraje de admitir que hemos hecho algo malo. Pero lo más importante de todo es que al confesarnos, nos estamos ayudando a nosotros mismos a internalizar el hecho de que no podemos protegernos contra el pecado si no tenemos la constante ayuda de Hashem. En nuestras confesiones públicas (Tajanún, después de la Amidá del rezo diario de Shajarit y Minjá), decimos: “Oh Dios, y Dios de nuestros padres, que nuestras plegarias lleguen ante Ti y no ignores nuestras súplicas, pues no somos tan insolentes ni obstinados como para decirte que somos rectos y que no hemos pecado, sino que hemos pecado. Nosotros y nuestros antepasados hemos pecado”. Nuestro mérito en la plegaria es que no nos ocultamos de Hashem y admitimos nuestros errores. Gracias a nuestra confesión, podemos pedirle el perdón absoluto a Hashem.

El Zohar enseña un principio impresionante: cuando una persona se confiesa ante Hashem, todos los mekatreguim, o acusadores, se quedan automáticamente en silencio. Hashem les dice: “No necesito escuchar sus calumnias!” La persona ya se ha confesado y Me ha rogado que la perdone”. Pero cuando uno trata de esconderse de Hashem, entonces los ángeles acusadores exigen justicia y entonces surgen juicios estrictos que se manifiestan en toda clase de dificultades en la vida de esa persona. Por lo tanto, el que toma la iniciativa y se confiesa, lo antes posible después de haber transgredido, y por lo menos una vez al día, se está haciendo a sí mismo un enorme favor.

 

por: Rabino Shalom Arush vía breslev.co.il

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