Realmente no quieres que tu hijo sólo sea feliz

Muchos padres dicen: “Sólo quiero que mi hijo sea feliz”. Pero esa no es la meta de la educación. De hecho, mientras más trates de hacer felices a tus hijos, menos felices serán.

Los niños necesitan estructura, límites y reglas. De esa manera prosperan, porque eso les permite sentirse seguros y a salvo. Pero qué podemos hacer, no les gustan los límites. No les gusta que les digan que deben irse a la cama o que es hora de partir del parque. A los adolescentes no les gusta que no les permitan estar con sus amigos fuera de casa hasta las altas horas de la noche. Los padres deben imponer estas reglas muchas veces al día y la mayoría de los niños no aceptan esta imposición. Prácticamente todos los días tienes que hacerlos sentir tristes (“entra a bañarte”, “no comas ese pastel”, “apaga la computadora”), para ayudarlos a sentirse seguros, a salvo y, en definitiva, felices, sanos y limpios.

No sólo eso. La auténtica, verdadera felicidad viene de sentirse capaz y competente. La vida es dura y saber que eres capaz de manejar lo que sea que te toque en la vida, te hace feliz. Debemos enseñarles a nuestros hijos a resolver los problemas para que puedan sentirse más comprometidos con su hogar y con su familia y para que que estén dispuestos a escuchar y cooperar.

El mayor regalo que podemos darles a nuestros hijos es permitirles sentir que tienen en su interior lo necesario para manejar los grandes y pequeños problemas de la vida. Esta debe ser nuestra meta al educarlos.

Debemos cambiar nuestro foco de hacer felices a los niños a hacerlos sentirse competentes. Queremos criar niños independientes y responsables. En vez de decirte a ti mismo que quieres que tus hijos sean felices aquí y ahora, obsérvalo desde la perspectiva de enseñarles las habilidades necesarias para una felicidad autentica a largo plazo.

Las últimas investigaciones relativas a cómo educar niños emocionalmente sanos, nos dicen que los niños no sólo necesitan sentirse competentes (o resilientes), sino que también necesitan aprender autocontrol y a postergar la gratificación. Necesitan sentir que viven una vida con sentido. Necesitan sentir que realmente son necesarios, que tienen algo único para contribuir al mundo y que ellos, como individuos, hacen del mundo un lugar mejor.

Los niños hoy en día son consentidos y se los cuida de una forma nunca vista. En el pasado, los niños ayudaban a mantener a su familia. Cada uno tenía tareas. Eso les daba a los niños una sensación de propósito. Malcriar a nuestros hijos disminuye esa sensación de propósito.

Tenemos que darles a nuestros hijos el precioso regalo del sentido y del propósito que llega a través del esfuerzo y la gratificación del trabajo.

Cuando nuestros hijos tienen un problema, grande o pequeño, eso no es una catástrofe. Es una oportunidad maravillosa para ayudarlos a enfrentar y resolver su problema. Es un buen momento para enseñarles habilidades importantes para la vida, como controlar sentimientos muy fuertes, llevarse bien con otras personas y aprender a calmarse.

La felicidad sin duda es importante. Pero no es la meta. Es un medio para lograr objetivos más significativos y duraderos en la vida. Ayudemos a nuestros hijos a sentirse competentes y confiados. Esa es la forma en que en verdad los podemos ayudar a ser felices.

 

por: Adina Soclof vía breslev.co.il

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