La educación de los hijos

Educar correctamente a los hijos es uno de los más grandes desafíos. Todos queremos lo mejor para nuestros hijos, queremos que sean ingenieros, abogados, etc. queremos que vayan al colegio, y después a la universidad, y que ojalá tengan un posgrado, que se casen, tengan hijos y verlos que sean felices y que les vaya bien. Educar, en pocas palabras significa “manifestar el potencial de una persona”, por tanto buena educación es “manifestar lo mejor de una persona”. 

¿A quién le gustaría ver que su hijo sea millonario?

Rab Maleh dice que educar hijos millonarios no significa enseñarles a ganar dinero, sino que formarlos para que incluso si son pobres de dinero sean ricos en alegría, paz y tranquilidad, porque hay gente que aunque sean ricos de dinero tienen una vida pobre. El Rey Salomón decía que el sueño del trabajador es dulce, mientras que al rico sus riquezas no lo dejan dormir.

Es bien sabido que un alma sana puede acarrear un cuerpo enfermo, pero un cuerpo sano no se la puede con un alma enferma. Por lo tanto, el objetivo de la educación es inculcar la alegría del alma, la cual proviene directamente del Creador y al que tenemos que pedírsela, junto con todo lo demás que deseamos en la vida.

Esto significa que Educación es amor y el amor, entre otras cosas, es alegría. Cuando un niño recibe amor de sus padres, crece seguro de si mismo, se ama y cree en sí mismo.  Este es el fundamento de las buenas cualidades, pues cuando el espíritu está sano y alegre, entonces tiene la fuerza para dar, hacer renuncias, entender a otros, etc. La persona que no tiene estas fuerzas espirituales, las cuales se reciben a través del amor de sus padres, le costará mucho trabajo y un gran esfuerzo espiritual comportarse de manera virtuosa con los demás. Por esto, el amor que los padres dan a sus hijos es la fuerza principal para su éxito en todos los aspectos de la vida, durante toda la vida.

Por tanto Educación es ejemplo personal, el ejemplo personal es indispensable en la educación de los hijos. Todos sabemos que los hijos siguen el ejemplo de los padres ya sea para inspiración o para justificación, por lo menos hasta los 13 años; los padres virtuosos inspiran a sus hijos a comportarse en forma virtuosa, mientras que padres defectuosos le sirven de excusa a sus hijos para toda clase de mal comportamiento. 

¿Educación o crítica? Hay un error deplorable que está muy difundido en el mundo, que es el de los padres que creen que educación consiste en criticar al niño y censurarle cada equivocación que comete. Según esta falsa concepción, es muy importante conducirse duramente con el hijo, e incluso avergonzarlo, “para ponerlo en su lugar”, “para que comprenda su error”,  “para que aprenda la lección”, “para que no repita su error”, “para que no repita mi error”.

Algunos, en su frustración de no ver a sus hijos cambiar de comportamiento, van más allá e incluso los avergüenzan comparándolo con otros niños “¿Por qué no eres como fulanito?”. Los resultados de este tipo de “educación” son muy malos: el niño pierde su auto-imagen positiva y esto erosiona su potencial de ser bueno, y a tal punto en algunos casos que hay niños que quieren morir a temprana edad, porque no tienen más fuerzas para vivir. No hay palabras para describir el enorme daño de estos errores en la educación de los hijos.

Muchas veces los padres proyectan sus propias frustraciones en los hijos creyendo que eso es educación. Conozco un caso en que un padre, jugando con su hijo pequeño, le dice “salta a mis brazos”, cuando el hijo lo hace el se corre y lo deja caer, diciéndole “nunca confíes en nadie, ni en tu padre”. Si bien esto es un ejemplo extremo, ilustra cómo la enorme mayoría de los padres creen que educan a sus hijos pero en realidad les inyectan sus propias frustraciones, no hacen más que destruir la personalidad del niño queriendo que se comporten como adultos, educados e inteligentes. Ellos olvidan que solo son niños, y que su comportamiento infantil, con todos su errores, destrozos y tonterías, es algo normal y sano en un niño. Si solo recordaran que también fueron niños alguna vez, seguro harían la vista gorda de muchas travesuras de sus hijos, dejándoles vivir su infancia con alegría.

El que sabe educar -es decir amar, alegrar, inculcar buena voluntad, confianza en si mismo, el deseo y el amor para mejorarse, hacer buenas acciones-  QUE EDUQUE. Pero si no sabe hacerlo y toda su concepción de educación se concentra en reprender, humillar, gritar o golpear a sus hijos, entonces mejor que deje y no haga nada, ¡QUE NO EDUQUE!, ya que el daño que producirá al no educarlo es mínimo en comparación al daño que produce una mala educación.

Es un principio duro y difícil de aceptar: si no sabes educar en forma correcta, entonces no eduques en absoluto, mejor siéntate y no hagas nada. Mejor que el joven crezca sin educación pero con el espíritu sano, y a medida que crezca aprenderá lo bueno y lo malo, en lugar que reciba una “educación” que no es tal sino la destrucción de su espíritu, y crecerá siendo una persona con problemas de personalidad a la que le será muy difícil vivir en un buen camino, en uno en que sea alegre y feliz… en un verdadero millonario.

Afectuosamente,

Maestro Nicolás Rosenberg

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