Emuná para tiempos difíciles

Los que ya hemos pasado los 20 sabremos con certeza que la vida tiene muchos momentos difíciles, que el cumplimiento de nuestros deseos tarda o no llega y que los sinsabores, las cosas que no entendemos, las “injusticias” que creemos experimentar están a orden del día. ¿Cómo enfrentamos la vida con todos sus matices sin rendirnos? La respuesta es la emuná.

Para explicar cómo funciona esta importante herramienta espiritual, les voy a contar varias historias, una de ellas es la de Rabi Najman de Breslev:

A la edad de 20 años el Rebe realizó un peregrinaje a tierra santa, lo que era una arriesgada empresa en esos días (1798). En su viaje de retorno el Rebe se encontró desamparado a bordo de un navío de guerra turco. Durante una furiosa tormenta, mientras la tripulación trataba en vano de desaguar la embarcación, Rabi Najman elevó una breve plegaria diciendo: «me encuentro en un estado de limitación, me siento lejos de Di-s, en gran peligro, en una situación donde es imposible una profunda meditación y concentración». Invocando la memoria de sus rectos abuelos, imploró ayuda divina. Por un momento el peligro pareció aumentar, el barco se dirigía a tumultuosas olas, mas de pronto un viento fuerte sopló y aceleró el barco hacia adelante mientras la nubes se dividían en las alturas. En símbolo de gratitud el Rebe, con gran regocijo, recitó salmos de agradecimiento.

Pero durante el mismo viaje Rabi Najman experimentó un nivel de desafío y angustia. Solitarios en un navío de guerra turco, el Rebe y su asistente corrían gran peligro de ser robados, encarcelados o inclusive vendidos como esclavos. El pensamiento era aterrador: ¿Qué haría si fuera vendido a un lugar lejano, sin judíos que lo rescatasen?, ¿Qué pasaría si nunca nadie se enterara de esto, sino volviera a ver a su familia?. La vida se volvería intolerablemente difícil, ¿cómo podría cumplir con todos los preceptos y su trabajo?. A medida que el Rebe se preocupaba y reflexionaba acerca de su situación, comenzó lentamente a aceptarla. Quizás era de hecho posible servir a Di-s aún siendo esclavo en una tierra extraña. Si esta era la voluntad de Di´s, entonces él continuaría sirviéndole fielmente pese a las privaciones.

Tan pronto como el Rebe llegó a esta conclusión, los navegantes avistaron tierra firme – la ciudad de la cual el Rebe sería teóricamente rescatado. Habiendo aceptado su peligro como la voluntad de Di-s, nos solo fue protegido por los habitantes de aquella tierra, sino que además fue el invitado de honor de un distinguido rabino de una gran comunidad judía.

De esta historia podemos ver los resultados de una ley espiritual que involucra la emuná, que es muy poco entendida pero siempre resulta cierta. “Echa tu carga sobre el Eterno, que te sostendrá” (Salmos 55)

Debemos estar dispuestos a confiar en Hashem y aceptar su voluntad sin importar lo que pueda ser. En este sentido tratar de forzar la voluntad de Di-s hacia nuestros deseos mediante nuestras plegarias no es lo que debemos hacer, sino más bien someternos de buena gana a Sus deseos, independiente de las consecuencias.

Un hombre de negocios fue a visitar al Rabi de Lezensk para pedirle consejos. Se quejó abundantemente que había rezado por éxito, pero este nunca llegó. Le preguntó «¿Por qué Hashem nunca contesta mis plegarias?» Rabi de Lezensk respondió: Di-s ha contestado a tus plegarias: la respuesta es NO.

Di-s no nos niega el cumplimiento de nuestros deseos por malicia o antojo sino por amor y sabiduría. El posee completo conocimiento de lo que el futuro nos depara y qué es lo mejor para nosotros.

Tenemos que recodar a Rabi Arush: “NO ENTENDEMOS NADA” DI-S ASÍ LO QUIERE

Por eso debemos dirigir nuestras plegarias a Hashem con la condición de que sea su voluntad la realizada y no la nuestra.

Una mujer acudió al Rebe de Lubavitch en busca de ayuda. Su único hijo estaba desesperadamente enfermo con leucemia y sería cosa de meses que pereciera. La madre temblando de miedo le habló al Rebe. El Rebe le preguntó: ¿Si usted supiese que es la voluntad de Di-s, estaría dispuesta a dejar que su hijo muriera?, ¿Podría renunciar a él si supiese que Di-s así lo quiere?

La madre después de una lucha con sus propias emociones, finalmente contestó: Sí, si supiese con seguridad que esta es la voluntad de Di´s entonces estaría dispuesta a cederlo.

El Rebe inclinó la cabeza, dio un visto bueno y le dijo: “Entonces ahora podemos rezar por el niño” y ofreció una plegaria por el joven dejándolo completamente a la merced de la sabiduría y la piedad divinas. Tres días más tarde el niño fue dado de alta en el hospital y creció hasta convertirse en un hombre maduro.

Cuando tenemos emuná la plegaria tiene un poder imponente. Cuando aprendemos a aceptar las decisiones de Di-s, Él está mucho más dispuesto a darnos aquello que ansiosamente deseamos poseer.

El error que cometemos en nuestras plegarias es que luego de rezar y buscar una respuesta a nuestros problemas, nos rehusamos a aceptar la respuesta que Di-s nos da. Es como ir al médico e ignorar el consejo que nos da, a menos que coincida con lo que queríamos o esperábamos.

Tenemos que sacar el EGO de nuestras plegarias y entrar al modo emuná y para eso tenemos que olvidarnos por un momento de nuestros deseos y angustias diciendo “Que sea tu voluntad” Si tu voluntad es conceder mi plegaria entonces que así sea. Si la respuesta es no, Tú Di-s eres más sabio que yo.

No importa cuánto progresemos en nuestros estudios, nunca vamos a conocer a Di-s tal como verdaderamente es. No sabemos lo que Di-s sabe, no podemos entenderlo. Simplemente sabemos lo suficiente como para rezarle y confiar en su sabiduría.

El Talmud enseña: “Cuando te pares en plegaria, sabe ante Quien lo estás haciendo”

Estamos dirigiendo nuestras plegarias a alguien que está escuchando lo que pronuncian nuestros labios y el contenido de nuestro corazón.

Por esta razón no debemos tomar a la ligera nuestra diaria conversación con Hashem, pues nada escapa a su poder. Di-s no ha prometido: “Llámame y Yo te responderé y te mostraré grandes y poderosas obras como nunca antes hayas visto” (Jeremías 33,3).

Afectuosamente,
Maestra Claudia Vásquez

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