¡Puf!

¿Qué es lo que está pasando, por amor a Dios? Nos dirigimos a Él con todo el corazón y ¡bum! ¡Nos dan una bofetada en medio de los ojos!, ¿Acaso este es el resultado de todas nuestras plegarias y de todo nuestro esfuerzo?

Todos pasamos por esto. La vida era más o menos una cuestión de pura rutina hasta que decidimos fortalecer el aspecto espiritual de nuestra vida. ¡Y justamente ahí fue que empezaron los problemas! Cada día le rogamos a Hashem, el Creador del Universo, en nuestra hora de plegaria personal que nos ayude a superar un cierto hábito o mal rasgo de carácter y entonces vemos que en vez de mejorar, ¡empeoramos!. Rezamos para que el peor escenario posible no se haga realidad y de repente nos damos cuenta de que nos enfrentamos a un desafío todavía peor que ese “peor escenario posible”, algo que jamás hubiésemos pensado que nos iba a suceder.

¿Qué es lo que está pasando, por amor a Di-s? ¿Acaso ese es el “sentido del humor” de Hashem, Dios no lo permita? Nos dirigimos a Él con todo el corazón y ¡bum! ¡Nos dan una bofetada en medio de los ojos! ¿Acaso este es el resultado de todas nuestras plegarias y de todo nuestro esfuerzo?

No. Lo que pasa es que este mundo es un ámbito en el cual hay una posibilidad de elección entre bien y mal y no nos ponen una alfombra roja cada vez que rezamos o hacemos algo meritorio. Hashem deja que la Mala Inclinación haga el intento de descorazonarnos, de poner a prueba nuestra Emuná. Muchos no pasan la prueba y están más que dispuestos a tirar la toalla en el momento mismo en que las cosas se ponen un tanto pesaditas. Pero eso es una lástima, porque si aguantaran un poquito más, podrían ver, y de hecho verían, enormes milagros.

Rabi Najman nos cuenta una parábola: un valiente soldado, contra viento y marea se las ingenia para llegar al palacio del rey enemigo. Ha superado la artillería y la caballería de sus adversarios y otros tantos peligros. Por fin está por rozar los muros del castillo y entonces… se descorazona por completo: los muros parecen ser impenetrables; miden por lo menos diez metros de alto, están reforzados con cemento y tienen un grosor de casi dos metros. El soldado, completamente exhausto y a punto de sufrir un síncope tras haber luchado en combate días enteros, al principio piensa que está todo perdido. Él no puede de ninguna manera abrir una brecha en esos muros. No puede capturar al enemigo. No puede de ninguna manera ganar la guerra.

De repente, una vocecita le dice suavemente en la mente, casi en un susurro: “Acércate a los muros – tócalos. Son una nada. Son un mero espejismo”. Entonces la voz se desvanece.

El soldado, exhausto, se acerca a los muros, que parecen ser formidables, pero que no lo son. Tampoco son ladrillos y cemento. Son solamente una pared de telarañas sólidas. Lo único que tiene que hacer el soldado es soplar la pared. Entonces respira profundamente, toma aire y con un gran “puf” derriba la pared por completo, entra derecho dentro del palacio, captura al rey enemigo y gana la guerra.

¿Se acuerdan de cuando éramos chicos y soplábamos “los abuelitos”, que en realidad eran flores de diente de león? Inflábamos las mejillas llenándolas de aire y después soltábamos un gran “puf” y entonces los “abuelitos” iban volando por el aire. Pues bien: Rabí Najman de Breslev nos enseña que podemos hacer eso mismo con todos nuestros obstáculos – simplemente tenemos que hacer “puf” y enseguida se esfuman.

¿De qué manera?

Hace unas pocas semanas, una mujer joven me escribió un mail lleno de lágrimas diciéndome que después de seis años de matrimonio e incontables plegarias, por fin se quedó embarazada. Pero a los cuatro meses de embarazo, desgraciadamente perdió el bebé. “¿Por qué Hashem me hace sufrir tanto?”, me preguntó.

Es muy difícil consolar a una mujer que estaba esperando un bebé y que ahora toma conciencia de que no va a ser mamá por un tiempo. Existen miles de razones por las cuales una mujer puede sufrir un aborto y miles de explicaciones con respecto a quién era el alma de ese bebé sin nacer, todas referidas a la Kabbalah, la reencarnación y las correcciones del alma. Pero no es ese el tema de nuestro artículo. En breve: todo proviene de Hashem y todo es para bien, tanto si lo entendemos como si no.

Sea como fuere, yo le pedí consejo a mi querido maestro el Rabino Arush para que me dijera cuál era la mejor forma de contestar a esta joven mujer que había sufrido un aborto espontáneo. Rav Shalom dijo así: “En primer lugar, su embarazo demuestra que ella y su marido son capaces de traer hijos al mundo en forma natural. En segundo lugar, su embarazo demuestra que sus plegarias sirven. Dile que no se dé por vencida. Que siga orando y dile que tiene mi bendición de que va a ser mamá, la mamá de un bebé sano, muy pronto. El único obstáculo entre ella y la mamá que va a ser, es solamente un poco más de plegarias…”.

Los problemas que nos llegan a pesar de nuestras plegarias son una maravillosa señal de que nuestras plegarias sí funcionan. El “muro del enemigo” de nuestras dificultades tal vez parezca impenetrable, pero es posible que justamente nuestra próxima plegaria sea ese “puf” que logre derribarlo. Por eso te digo: “¡Nunca te des por vencido!”.

por: Rabino Lazer Brody

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