Prepararse para recibir

Esta semana culmina con la trascendente festividad de “Shavuot” (Sábado 8 en la noche hasta Lunes 10 de junio). También finaliza la cuenta del Omer (7 de junio) que nos ha planteado 49 trabajos espirituales para refinar nuestra alma. El Omer ha sido un tránsito por los caminos del árbol de la vida y sus diferentes atributos luminosos (bondad, fuerza, belleza, victoria, humildad, fundamento y liderazgo) que nos muestran dimensiones que podemos asimilar con el objetivo de preparar nuestra vasija; prepararla justamente para el día 50 que es Shavuot. En Shavuot celebramos la entrega de la Toráh hace más de 3.500 en el monte Sinaí. Fue un acontecimiento espiritual de largo alcance ya que la Toráh, como decimos en kabbalah, es el manual de instrucciones para la vida y como todo manual – si lo entendemos bien – nos permite obtener el máximo potencial de nuestra propia alma y con ello cumplir con nuestra misión y propósito. Por esta razón, la recepción de la Toráh es un evento trascendental, sin ella estaríamos perdidos y desorientados. Pero como también sabemos, para que algo sea otorgado, entregado, dado, derramado, tiene que existir un recipiente. Sin un receptáculo, una vasija, no se puede contener la sabiduría ni las bendiciones. No podemos recibir nada si no estamos preparados para ello y esto opera con todos los aspectos de la vida; cuantas veces hemos anhelado una vida feliz y armoniosa, un estado emocional de paz, la experiencia del amor de pareja, el desarrollo de un trabajo y quehacer que nos impulse a ser mejor, la estabilidad financiera y material que nos de tranquilidad para dedicarnos a lo importante, etc.  Creo que todos deseamos cosas buenas para nosotros y los demás, sin embargo, alguna vez nos hemos preguntado si estamos listos para recibir todo esto?; ¿estamos preparados para contener estas bendiciones?; ¿es nuestro contenedor espiritual lo suficientemente firme y robusto para albergar todo lo que queremos?. 
La sabiduría de la kabbalah nos enseña que no hay premio sin un trabajo previo, nada llega por casualidad ni por azar. Las festividades están allí justamente para recordarnos esto, para que también santifiquemos el tiempo, hagamos un alto, realicemos algún ritual que nos conecte con la esencia de lo verdadero, para que retornemos a lo primordial y regresemos al principio donde todos espiritualmente recibimos la Toráh. En Shavuot también leemos el Libro de Rut, una mujer moabita que se caso con un hombre hebreo, hijo de Noemí. Al morir los hijos y el esposo de Noemí, ella decide retornar a la tierra de Israel y le dice a su nuera viuda Rut que se quede en Moab con sus padres, que el viaje será largo, solitario, pobre (dos mujeres viudas en sea época estaban destinadas a la pobreza, sin protección) lleno de incertidumbre y peligros de todo tipo; contra todo pronóstico Rut toma una decisión fuerte y arriesgada y le dice a Noemí:

“No me ruegues que te deje y que no te siga más, porque adonde sea que tú vayas, iré y donde sea que duermas, dormiré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. En donde mueras, moriré y allí seré sepultada. Así hará Dios conmigo y más también; (juro) que sólo la muerte nos separará.” (Rut 1:16-17).

Cada vez que leo la declaración de Rut tiemblo y siento escalofríos, porque aquí esta la esencia de la vasija, la fuerza de la convicción, el compromiso y el juramento necesario para declarar que a partir de hoy acepto TUS leyes, acepto TU soberanía, acepto ser parte de algo más grande que yo mismo, acepto ser guiado por TI Hashem, no importa lo que traiga el camino, si serán miserias o serán festejos, si será la vida o será la muerte, es el salto al vacío sin paracaídas, dejo atrás mi vida anterior, con la absoluta confianza y valentía. 
Rut tuvo el mérito de ser la abuela del gran Rey David y de su descendencia vendrá el Mesías. Que todos esta semana seamos como Rut, que preparemos nuestras vasijas con certeza, fuerza, decisión y la capacidad para dejar atrás el pasado, tal como lo hizo Rut.
Con cariño, 
Maestra Claudia Vásquez
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