Problemas financieros = Bendición

Hace un tiempo empecé a (tratar de) dar clases sobre el libro del Rabino Arush “Las Puertas de la Gratitud”, que trata de la importancia de dar las gracias por todo, incluso por las cosas difíciles.

Después de la primera semana, quedó en claro que todos los participantes de la clase estaban pasando por alguna clase de dificultades económicas. Nosotros ya hace años que tenemos problemas financieros (¡gracias a Di-s!), así que la semana siguiente decidí que dedicaría esa clase a explicar por qué nuestros problemas financieros fueron una de las mejores cosas que nos pasaron en la vida.

Enseguida me puse a tomar nota de todas las bendiciones y me quedé sorprendida al ver cuántas cosas buenas habían surgido como producto de nuestra imposibilidad de juntar dos monedas… Me sentí tan bien con esta lista de “deudas” que decidí compartirla con ustedes, e invitarlos a que ustedes también agreguen cada uno su propia experiencia.

Prepárense entonces para verdaderamente dar las gracias por sus problemas financieros….

¿Por qué? Porque….

1. Los problemas financieros sirven para “pagar” nuestras deudas espirituales 

Todo el mundo peca. Incluso los Tzadikim (los Justos) pecan. Eso es parte de ser humano. Las deudas financieras son una forma excelente y relativamente indolora de pagar la “hipoteca espiritual” que todos tenemos. Y una vez que esa deuda espiritual fue pagada, una hora de plegaria personal será tu garantía de que la próxima vez no vuelvas-volverás a caer en un “minus-descubierto espiritual”.

2. Ellos son la forma más fácil de llevar a cabo una seria corrección del alma

¿Por qué? Porque al final de cuentas es solamente dinero. El dinero va y el dinero viene. Un día ganas un millón y al día siguiente lo pierdes todo. Y al tercer día ganas dos millones. Di-s tiene todo el dinero del mundo y puede dártelo con la misma facilidad con que puede quitártelo. La falta de dinero no es como un grave problema de salud, Di-s no lo permita, o una terrible relación con tu pareja. No es un hijo que se está descarriando completamente del camino, todo lo cual es inmensamente más doloroso, más difícil y más desgarrador que un minus en tu cuenta bancaria.

¿Si nos molesta ser pobres? Por supuesto que sí. ¿Nos molesta lo suficiente como para dedicarnos a hacer un serio examen de conciencia? Por lo general sí, que es la razón por la cual ésa es una de las tácticas favoritas de Di-s para alentar a la gente a que se acerque a Él y haga una re-evaluación de sus vidas.

3. Nos impulsan a hacer Teshuvá

Antes de que empezaran los problemas financieros, no me vestía en forma recatada ni me cubría el cabello. Mi marido no pensó seriamente en dedicarse al estudio de la Torá; no “hablábamos” con Di-s; no tratábamos de ver a Di-s en nuestras vidas y de reconocerlo.

Una vez que bajamos adonde bajamos, empecé a hablar con Di-s todos los días y mi marido empezó a estudiar en un kolel (seminario religioso para hombres casados). Una vez que entendí “Quién” se ocultaba tras mis dificultades financieras, estuve dispuesta a cambiar  -y a cambiar un montón-  para tratar de aliviar la situación. El balance de mi cuenta bancaria sube y baja pero toda la teshuvá que hice sigue estando. Ahora hago muchísimas más mitzvot que antes y gracias a Di-s todas ellas me van a servir de gran ayuda cuando tenga que ir Arriba.

4. Me ayudaron a dejar de malcriar a mis hijos

Cuando tuve que empezar a decirles “no” a mis hijos  -con todo el sentido de la palabra-  ellos se volvieron mucho más agradecidos por todo lo que podía comprarles. Además el acto de recibir un regalo se convirtió en una ocasión festiva, no como el evento rutinario que había sido antes. También empezamos a pensar si las cosas que querían de veras les iban a ser útiles, y no solamente “cosas que es lindo tener”. ¿De veras necesitaban la mochila de 100 $ para el colegio? Eh… no. ¿De veras necesitaban los 24 pares de zapatos? Eh…. No. ¿En realidad era conveniente que mi hija de cuatro años tomara clases privadas de inglés, ballet y teatro cada semana? Eh… no.

Por último, esto también les enseñó a mis hijos a que no hace irse de compras y tener “cosas” para ser feliz –lo cual es seguramente el mejor regalo que podríamos haberles dado…

5. Me ayudaron a dejar de comprar cosas que no necesito

Okey… levanten las manos: ¿Quién de ustedes tiene una heladora que usa una vez al año? ¿O una máquina para hacer pasta que todavía no sacaron nunca de la caja?  ¿O una juguera que sonaba a una excelente idea pero que es imposible de limpiar?

¿Quién de ustedes está esforzándose por contener todo el desorden de cosas innecesarias y excedentes que amenaza con inundar toda la casa?

Demasiadas “cosas” nos bloquean la luz de HaShem y nos causan una enorme pesadez en el alma. Ahora que no tengo un montón de plata, solamente compro las cosas que verdaderamente necesito. Ay… ¡qué alivio…!

6. Me ayudaron a revalorar lo que estaba haciendo con mi vida

Por primera vez en mi vida, tuve que preguntarme a mí misma: “¿Estoy trabajando para vivir o estoy viviendo para trabajar?”. Por primera vez en mi vida, también me di cuenta de que tener más dinero tenía un “costo”, o sea, una relación cada vez más tensa con mi marido, un nivel de estrés cada vez más alto, hábitos alimenticios para nada sanos, porque no tenía tiempo para cocinar e hijos pobrecitos que apenas si me veían no preocupada o no exhausta. El precio de tener más dinero era simplemente demasiado alto, así que dejé el trabajo que estaba destruyéndome el alma…

7. Nos hicieron mudarnos a una comunidad muchísimo más “adecuada”

Si hubiéramos podido pagar la hipoteca, nunca habría considerado la posibilidad de mudarme de mi casa enorme… en el barrio equivocado. Gracias a Di-s no podíamos pagar la hipoteca y tuvimos que adaptarnos a una casa y a un barrio que eran mucho más “como nosotros”, en el sentido espiritual…

8. Nos trajo humildad

Tal como dice la famosa sentencia: “Di-s no puede habitar junto al arrogante”. Pero una vez que uno pierde todo el efectivo, un montón de su arrogancia desaparece junto con él y ahí es cuando uno finalmente deja un poco de lugar para Di-s en el alma.

9. Nos enseñaron el límite de “trabajar duro”

A tantos de nosotros nos enseñaron que al trabajar duro podemos lograr cualquier cosa… pero eso es una absoluta tontería. Uno puede trabajar lo más duro que quiera pero si Di-s no quiere que tenga éxito, no lo va a tener. Y viceversa: uno puede hacer el mínimo esfuerzo necesario y si Di-s quiere que eso funcione, entonces uno va a lograr cosas increíbles.

Una vez que nos dimos cuenta de que trabajar más duro no era la respuesta a nuestros problemas financieros, eso nos liberó de la presión de “hacer” más y más. Guau! ¿Quieres decir que aún tendré sustento si no trabajo 24 horas al día 7 días a la semana y arrojo mi Blackberry a la basura? No siempre tengo que decirle “sí” al jefe o al cliente cuando me piden que me quede más tarde o que trabaje el fin de semana. ¿Las cosas se van a hacer si yo no las hago? Sí… Solamente hace falta un poquito de Emuná.

10.  Nos ayudaron a experimentar milagros

Hemos sido testigos de tantos milagros desde que empezamos con los problemas financieros…Algunos más “ocultos” como el hecho de que mi marido tiene un trabajo excelente que le permite estudiar medio día; o la forma en que  compramos y vendimos casas en Israel tan fácilmente y siempre obteniendo ganancias.

Pero también tuvimos otra clase de milagros. Como los 90.000 shekels de reducción de impuestos que aparecieron no sé de dónde o el bono de 7.000 shekels que apareció justo en el momento indicado.

Cada vez que experimentamos un milagro, eso refuerza nuestra emuná en que Di-s realmente está dirigiendo el mundo y que nos está cuidando. Y eso a su vez hace que sea más fácil  “dejar ir” todo el tema del dinero y hacer todo lo posible por estudiar Torá, crecer en emuná y vivir la vida, porque mientras Di-s nos quiera cerca Suyo, eso es a expensas de Él.

Y ahora ustedes… ¿qué bendiciones han experimentado ustedes como resultado de sus problemas financieros?

 

por: Rivka Levi

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