El peligro de lo gratis

¿Por qué Hashem creó al hombre con una mala inclinación que lo lleva a pecar y con un cuerpo burdo que siente atracción por los placeres físicos que atormentan el alma?

El ser humano únicamente obtiene placer de algo por lo que se ha esforzado. Dice el Rey David: “Cuando comes el fruto de la labor de tus manos, eres afortunado, y te va bien” (Salmos 128:2). Y la Guemará añade: “La persona prefiere una sola medida suya propia a nueve medidas de otra persona” (Bava Metzia 38ª). Y Rashi explica: “La prefiere porque trabajó por obtenerla”.

Las “comidas gratis” no son ningún deleite, sino que, muy por el contrario, le ocasionan un tremendo sufrimiento al alma. El alma es una pequeña chispa de Hashem, quien es puro verdad y cuyo sello es la Verdad. Por lo tanto, el alma está muy lejos de todo lo que tenga aunque sea el más mínimo rastro de falsedad, deshonestidad o falta de integridad. Algo que uno no se ganó carece de una medida de integridad, ya que es algo que la persona aceptó obtener sin haberse esforzado para obtenerlo. Por eso es perjudicial para el alma.

Incluso Labán el arameo, que es el artista del engaño, comprendió que recibir algo en forma gratuita es una falla de carácter y por eso le dijo a Jacob “Sólo porque eres familiar mío, ¿has de trabajar en forma gratuita?” (Génesis 29:15) y el Rambán explica: “Sé que a partir de ahora vas a trabajar para mí, porque eres una persona moral que no se gana la vida a expensas de los demás. Y yo tampoco quiero que el trabajo que haces para mí sea gratis, sin un salario”. Eso es repugnante para el alma virtuosa y moral. Por eso, cuando el alma recibe un deleite sin ningún esfuerzo, le resulta perjudicial.

En este mundo, nada es gratis. Todo lo que es gratis es una trampa. El alma pura quiere ganarse su deleite verdadero con esfuerzo y con trabajo, no gratis. Incluso en este mundo material, la gente está dispuesta a morir antes que ser abochornada por otros. Y mucho más en el mundo venidero. Enseña Rabí Najman: “El sufrimiento de la vergüenza es mucho más grande que el castigo del Gehenom” (Likutey Moharán I 22).

La persona normal odia tener que depender de otros y tener que ir de puerta en puerta rogando que le dén unas monedas. Dice la Guemará: “Cuando una persona necesita de otros, su rostro cambia de un color a otro” (Brajot 6b) – primero rojo como el fuego y luego blanco como la cal. Esto sucede incluso cuando la persona necesita solamente un préstamo. Uno prefiere ir a trabajar que recibir un préstamo y mucho menos caridad o regalos.

El Creador trajo el alma a este mundo físico y le dio una mala inclinación, para que el alma tenga un libre albedrío. Y entonces todas las cosas buenas que logra es gracias a su esfuerzo por superar las fuerzas del mal.

Si no tuviéramos la opción de elegir entre el bien y el mal sino únicamente la opción de elegir el bien, entonces ¿por qué habríamos de merecer una recompensa? ¡No hemos hecho nada por superarnos! E incluso si recibimos alguna recompensa, no nos va a ser de ningún beneficio, ya que estamos recibiendo una “comida gratis”, algo que nos avergüenza el alma. La recompensa únicamente tiene sentido dentro del marco del libre albedrío, y este es producto del contraste entre el cuerpo y el alma, entre la mala inclinación y la buena inclinación.

Por: Rabino Shalom Arush

Fuente: Breslev.co.il

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