La culpa: el principal obstáculo para recibir Luz

A través de los años que llevo escuchando a mis alumnos de Kabbalah y también lo que observo en mi entorno y la sociedad, me doy cuenta que existe un sentimiento corrosivo que nos infunde mucha confusión al momento de dar el salto en nuestra evolución espiritual. Hablo de la CULPA. 
Hay varios niveles de culpa; una gran culpa por algo cometido que creemos irreparable, tanto para nosotros como los demás. Esta culpa día a día nos roba la felicidad, porque básicamente creemos que no la merecemos dada nuestra terrible falta. La culpa se vuelve casi otro órgano más de nuestro cuerpo y se alimenta de nuestra falta de fe, de nuestra debilidad y falta de fuerza para tratar de reparar el daño, de nuestra negación y de nuestro desconocimiento sobre la naturaleza misericordiosa de La LUZ de Di-s.
También otro tipo de culpas nos persiguen, aquellas que tal vez no fueron tan impactantes, pero que son lo suficientemente fuertes para que hagamos acuerdos tácitos con nosotros mismos para impedirnos la felicidad por causa de esta culpa. Muchas veces avalamos su subsistencia en nuestras vidas, porque creemos que es “sano” sentirnos mal si hemos cometido alguna falta con consecuencias negativas. Y aquí justamente está la trampa. Piensa en el siguiente ejemplo: si cometemos una falta de tránsito, ya sea con nuestro auto o bicicleta, la ley nos multa y debemos acercarnos a la institución correspondiente y pagar lo que corresponda, en este acto se acaba la obligación que tengo como ciudadano al cometer un acto reñido con la Ley. No creo que volvamos al día siguiente al Juzgado a decirle al Juez: “me siento culpable por haber estacionado mal, por favor, quiero pagar de nuevo la multa”. Entonces, ¿por qué hacemos esto en nuestra vida una y otra vez, multándonos con la privación de alegría?.
La culpa es una gran roca en nuestra vasija que ocupa espacio y bloquea la entrada de La LUZ. Es un equipaje pesado que arrastramos hacia adelante en nuestras vidas, hacia el futuro, porque la vida no retrocede, avanza. Y así vamos encontrándonos con otros que perciben nuestra carga y dolor, pueden tratar de ayudarnos, relacionarse con nosotros, intentar mostrar nuestra herida, pero ahí está la roca dura y pesada que nos dice que lo que hicimos ya no tiene redención y por eso no tenemos derecho a sentirnos plenos, felices, prósperos y amados.
¡Cuidado! Di-s no quiere tu culpa, quiere tu corazón sincero. Si cometiste algo que te afectó a ti y a los demás, tal vez es la hora de hacer la reparación, hablar con esas personas y decirles cuanto sientes haber afectado sus vidas. Si esas personas ya no están en este plano, recuerda que las almas no se pierden, están ahí en algún lugar superior que no está al alcance de nuestros cinco sentidos; diles lo que no pudiste hacer antes, pide perdón de ser necesario, perdona tú si fuiste el afectado. Haz una obra de caridad que ilumine la vida de otros, trae LUZ por la oscuridad que generaste y destruye tu roca. ¡LIBÉRATE! y deja espacio para que entre una vida nueva, no sabes cuándo llegará tu hora de partir, no pierdas el valioso tiempo que HaShem te ha dado sintiéndote culpable. 

¡Que tengan todos una semana luminosa, liviana y llena de proyectos de vida liberados!

Con cariño

Maestra Claudia Vásquez

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