Sin dolor no hay triunfo

La fuerza de voluntad es un regalo del Cielo, porque el deseo es el combustible que alimenta nuestro motor espiritual y emocional, dándonos la capacidad de ascender la montaña y llegar al pico.

Imagínense que están parados en un hermoso valle al pie de una montaña. Gente que ya llegó a la cima les contó lo maravillosamente hermosa que es la vista desde arriba. También saben de las dificultades que otros tuvieron durante el ascenso. Pero el tiempo está precioso, y tú miras otra vez en dirección a la cima, y ansías con todo el corazón poder estar allí. Cuanto mayor es el deseo, más grande es la oleada de energía que sientes en los músculos. Tanto tu cuerpo como tu alma parecen estar diciéndote: “¡Empieza a moverte! Comienza a escalar – tú puedes lograrlo!”.

Dado que este es el mundo del libre albedrío, cada fuerza se acopla a su fuerza opuesta. El bien y el mal se enfrentan el uno con el otro. La fuerza tiene que superar la gravedad. El calor y el frío se oponen entre sí. Y el deseo también tiene sus obstáculos.

Cada vez que queremos hacer algo verdaderamente importante, y en especial durante el proceso de alcanzar alguno de nuestros objetivos de vida, siempre nos enfrentamos a toda clase de obstáculos. Este es un hecho espiritual dado que es inherente a toda la creación. Y cuanto más fundamental es el cumplimiento de ese objetivo, más grandes son los obstáculos. Muchas personas, con la mentalidad moderna de la gratificación instantánea, se quejan en voz alta: “¡Ey! ¡No es justo! ¿Por qué siempre tengo obstáculos en todo lo que hago?”.

Pero si miramos el mundo con ojos espirituales, vamos a ver que los obstáculos son en realidad un regalo, porque ellos nutren el deseo y la fuerza de voluntad. Cuantos más obstáculos tenemos, más queremos alcanzar nuestro objetivo. Esto es algo que se ve en la vida diaria: ponle un chupetín a un niño en las manos y antes de que tenga la oportunidad de sacarle la envoltura para comerlo, quítaselo de nuevo. Muy probablemente el chiquito se ponga a patalear y a llorar como loco y se va a poner a correr tras de ti sin parar hasta que le des de vuelta el chupetín. Es muy posible que antes de enfrentarse al obstáculo, el niño haya deseado el chupetín, pero ahora que se enfrentó al obstáculo, desea el obstáculo  mucho más que antes.

Cuando la gente se descorazona ante el primer obstáculo, eso significa que ya desde el comienzo no tenía mucho deseo de alcanzar el objetivo.

¿Alguna vez pensaron por qué los atletas soportan tanto dolor y tantas lastimaduras para poder alcanzar su objetivo? Ningún jugador de fútbol profesional se gana la Copa Mundial sin haber sufrido golpes terribles. El atleta profesional está dispuesto a pagar prácticamente cualquier precio para alcanzar su pico de rendimiento, que es ganarse la copa del campeonato.

Jamás en toda m vida vi a un soldado de las fuerzas especiales que viva una vida libre de obstáculos. En muchas unidades del ejército, la vida se vuelve muchísimo más fácil después de la etapa de entrenamiento básico. Pero cuanto más élite sea la unidad, más dificultades y más obstáculos sufren sus miembros, casi sin descanso. Pero están dispuestos a enfrentarse a todo esto porque creen en su misión, en su pico personal, y están dispuestos a hacer todo lo que sea necesario para alcanzarlo.

Comencemos entonces a escalar. Tenemos un objetivo – el pico. Tenemos las herramientas – los maravillosos talentos individuales y las aptitudes únicas y especiales que nos confirió Dios para poder alcanzar nuestro objetivo en la vida. Tenemos nuestro sendero, que conduce a la cumbre. Y cuanto más preparados estemos, mejor podremos escalar.

Y así ahora ya estamos subiendo, paso a paso. Al principio, la subida es muy emocionante: la ladera no es tan escarpada y cada paso nos ofrece una vista más bella que el anterior.

Gradualmente, a medida que vamos progresando, empiezan a suceder varias cosas. Por mejor preparados que estemos, la respiración se va volviendo más dificultosa, la ladera se vuelve más escarpada y cada paso exige más energía. Llegamos entonces a un punto en que sentimos que los pulmones y los músculos de las piernas se están quemando. Sentimos el dolor del esfuerzo. No es fácil. La cumbre, que desde el pie de la montaña parecía tan inocente, ahora se vuelve tremendamente desafiante.

El aire se vuelve cada vez más falto de oxígeno y la respiración se dificulta aún más. Aunque jamás hayamos estudiado anatomía, ahora nos vamos familiarizando con cada músculo de las piernas, pues cada músculo llora de dolor.

¿Acaso nos damos por vencidos? ¡En absoluto! Hay dos cosas que nos dan aliento: una es mirar de nuevo la cumbre, arriba, y la otra es la maravillosa vista del paisaje, abajo. Jamás nos hubiéramos imaginado lo bello que puede llegar a ser el mundo. Y cuanto más nos acercamos a la meta, más bello se vuelve. Esto no es solamente una metáfora sino un hecho.

Cuanto más deseemos alcanzar el objetivo, más capaces seremos de superar cualquier obstáculo. Por eso, no digas que no puedes alcanzar el pico debido a que hay obstáculos en el camino. Eso no es excusa. Cuando uno verdaderamente desea alcanzar algo, ni los dolores de las piernas ni los dolores de los pulmones ni ningún otro obstáculo es capaz de ponérsenos en el camino. Porque lo que uno está por ganar excede de lejos el dolor que pueda estar sufriendo.

Continúa subiendo y en ningún momento te descorazones. Los obstáculos no hacen más que nutrir el deseo. Recuérdalo siempre y así podrás alcanzar la cumbre de tu ascenso personal.

 

 Rabino Lazer Brody

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