Billones de estrellas

Cada noche vemos las estrellas. Billones de estrellas. Estuvieron allí siempre, desde la época de Adán hasta el Rey David, y hasta el día de hoy.

¡Este es el jardín de un gran y magnífico Rey! – el Rebe de Lubavitch acerca de la reacción de Adán al ver el mundo por primera vez.

Siempre estuvo allí. Siempre.

Estamos rodeados de su belleza sin límites. Árboles verdes adornan el paisaje bajo un cielo azul zafiro. Los pájaros vuelan y las flores florecen en el campo. Cada mañana vemos esta gran bola de fuego saliendo del horizonte. Cada día vivimos en el Jardín del Rey. Todo el Universo declara la Gloria de Hashem.

¿Acaso no hacemos lo mismo con nuestra propia casa? ¿No construimos nuestras casas con lindos jardines y los adornos más caros? Lo hacemos para que la gente se dé una idea de lo bella que debe ser la casa por dentro. Lo hacemos para alimentar nuestro ego. Pero Él lo hace precisamente por todo lo contrario: lo hace para que sintamos nuestra propia pequeñez, para que sintamos que somos lo suficientemente pequeños como para entrar en la cámara interna de lo que la grandeza de Sus jardines están proclamando.

Qué vasija nos dio para ocupar…. El cerebro humano posee 10 billones de conexiones. El cuerpo entero tiene 100 billones de células. Cada uno de nosotros da alojamiento a 3 mil millones de pares de ADN humano, y cada hebra tiene dos nanómetros de ancho.

Vivimos en el Jardín de Hashem cada momento que estamos con vida. Son las cosas inferiores, las cosas que hace el hombre las que nos lo quitan. Cuando pensamos en ganarnos el sustento, en política, en ser el centro de atención, nos olvidamos de quiénes somos en realidad. Cuando nos enfocamos en el mañana, es a costas de lo que deberíamos estar haciendo ahora.

El lamento por el ayer y el resentimiento por el futuro son las grandes vendas que nos impiden ver el presente. Pero las vendas pueden quitarse. Detente unos minutos. Siéntate en el parque. Medita acerca del sol, del cielo, el pasto, la tierra, los pájaros, los perros, y la diversidad de flores que nos rodean. Tomemos conciencia de dónde estamos.

Incluso si corres riesgo de perder tu trabajo, si una relación está pasando por un mal momento o tienes un millón de motivos por los cuales no estar feliz, siempre puedes mirar a tu alrededor y recordar que no estás pasando hambre. Tienes personas en tu vida que te aman. Hashem te ama. Tienes libertad de pensar, de hablar, y de soñar.

Somos parte del mundo de Hashem. Vivimos en un tesoro de oro y de diamantes. Cada acto de bondad que hacemos es como levantar una preciada moneda y guardarla en una caja fuerte. Cada vez que sonreímos, damos caridad, cedemos el turno a otra persona, estudiamos Torá, dejamos que nuestra pareja nos gane la discusión o inclusive sacamos la basura, estamos embelleciendo el jardín del Edén en este mundo.

¿Qué tan grande exactamente es Su grandeza? ¿Cómo será estar más cerca de Él en el mundo venidero una vez que nos hayamos quitado todas las vendas? ¿Existe acaso alguna muestra de lo que será nuestra vida futura si vivimos nuestra vida de la manera que Él quiere?

Abre una ventana.

 

 David Ben Horin

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