“Guerra” contra las enfermedades

La gran mayoría de las medicinas, junto con la cirugía alopática y técnicas de radiación, tratan los síntomas e ignoran las causas de la enfermedad.

Pero primero, asegurémonos de que conocemos cómo se escribe correctamente la palabra malestar. Debería ser “mal-estar”, con un guión, porque la enfermedad conlleva estar mal, porque la pérdida del bienestar en el mundo del caos es exactamente lo que yace en el centro de todo desde la varicela hasta el cáncer. El mal-estar de la enfermedad, propiciado por nuestras perspectivas emocionales y creencias retrógradas, literalmente significa una alteración del bien-estar, una perturbación del estado de reposo y quietud de la mente, que conlleva a la buena salud. Implica desbalance, falta del orden, y la existencia de condiciones caóticas que son tan omnipresentes en nuestro mundo.

Reaccionamos a este mal-estar de la enfermedad con otra palabra que podemos analizar. Al enfermar nos alteramos, que es una manera de decir que experimentamos una sensación de que las cosas no están en orden, y por ende en caos. También nos angustiamos, deprimimos, abatimos y desanimamos y todos los términos que tienen un uso en común: explican el síntoma, pero no el problema.

Aquí yace la barrera fundamental para encontrar soluciones para los problemas que nos aquejan. Somos incapaces o no estamos dispuestos a investigar las causas principales, prefiriendo una solución rápida en vez de cualquier análisis mental o espiritual. Incluso los antibióticos, que se supone que serían la sentencia de muerte, de una vez por todas, a las enfermedades infecciosas, se han usado tanto que se han declarado prácticamente inútiles. La Enciclopedia Grolier Multimedia (1993) concluye que el 90 por ciento de todas las prescripciones de antibióticos que se realizan son “innecesarias o inapropiadas”

El enfoque de la medicina alopática moderna intenta curar la enfermedad produciendo una condición dentro del sistema que es diferente u opuesta a la enfermedad en sí. Si alguna vez has tenido fiebre, los doctores alopáticos dirán que la trates con una aspirina; si tienes indigestión te dirán que la combatas con una cucharada o dos de antiácido.

Según la sabiduría convencional, sólo los médicos tienen la capacidad de sanar cuerpos, pero la verdad es que ningún médico ha sanado a alguien. Cuando los cirujanos ortopédicos enderezan un brazo o pierna roto, ¿en realidad ellos sanan algo? Claro que no; la sanación es una propiedad natural del cuerpo. El médico, es quien esencialmente actúa como un facilitador.

Un cuerpo enfermo es un cuerpo con un nivel bajo de Luz. Puede que resulten enfermedades como respuesta directa de situaciones de tristeza, o duelo en el que, como hemos visto, la Shejiná abandona al paciente, dejándolo vulnerable ante la separación de la conciencia de Yesod. Recordarás que la Shejiná es la fuerza metafísica que sirve como una cortina para protegernos del poder directo de la Luz del Creador.

Al conectarnos con el flujo de Luz espiritual, muchas aflicciones humanas pueden ser eliminadas. Nuestros sistemas inmunológicos son la clave para su erradicación y la meditación kabbalística puede lograrlo.

En otras palabras, tenemos la habilidad de convertirnos en nuestros propios sanadores. Si lo permitimos, la Luz espiritual fluirá a través de nosotros, sanando mientras se mueve a través de nuestro cuerpo y alma. Pero, al mismo tiempo, actuamos regidos por la ilusión de que podemos interferir libremente con el ritmo normal de las funciones corporales a través de pensamientos negativos, o abusos de drogas o alcohol, panaceas médicas inapropiadas, comer de más  o menos, o cualquiera de las miles de cosas que hacemos que son perjudiciales para el corazón, hígado, riñones, y otros órganos vitales.

Esencialmente tenemos dos cuerpos. El primero es la construcción física ilusoria que ocupamos aquí en Maljut. El segundo es el cuerpo metafísico oculto que está conectado directamente con el Árbol de la Vida. Sirve como una interface entre el Árbol de Conocimiento y el Árbol de la Vida, donde ocurre la única sanación verdadera.

VER Y CREER

Antes de que examinemos la verdadera disciplina de la meditación kabbalística en lo que respecta a la sanación, exploremos primero una importante técnica de auto-sanación que podemos incorporar en el proceso.  Es el uso de imágenes.

El efecto placebo es bien conocido en todas las aplicaciones de la medicina. Llamar a algo “placebo” significa que sus beneficios surgen de la conciencia de creencias del paciente en vez de ser algo inherente a la medicina en sí. La sanación que ha ocurrido por los placebos sin duda prueba que los pensamientos pueden desencadenar las habilidades auto curativas del cuerpo. A través de imágenes dirigidas, nuestras creencias, deseos, y voluntad de recuperarnos se traducen en sanación significativa. En resumen, así como podemos engañarnos para realizar una auto sanación porque hemos sido engañados con un placebo, podemos hacerlo deliberadamente con una conciencia intencional.

Se han realizado muchas investigaciones sobre la conexión entre la actividad mental y el cuerpo físico, y la mayoría de ellas indica que la mente participa activamente en curar las enfermedades. Los kabbalistas siempre hemos sabido esto. Nos hemos comprometido comprometido con lo que comúnmente se denomina el poder de la mente sobre la materia, pero llevan el concepto un paso más allá que los científicos especializados en temas físicos que observan el mismo fenómeno. El kabbalista sugiere que más que ser un mero participante en el esquema metafísico-cuántico, un hombre o una mujer, utilizando el poder del pensamiento, puede determinar la actividad tanto física como metafísica.

Para lograr esto, utilizamos las siete Sefirot representadas en el esquemático Árbol de la Vida (Tikún Hanéfesh o Corrección del alma), desde Jésed bajando hasta Maljut. Este quantum energético, también conocido como el Tetragramatón, afecta directamente partes específicas del cuerpo a través de la influencia astral.

TIKÚN HANÉFESH. (Meditación).

La idea básica de usar fuerzas astrales para influenciar la vida humana es tan antigua como la raza humana en sí. Antiguamente las personas reconocían la “magia” de la luz y adoraban al sol, la luna, y otros cuerpos celestiales. Ellos entendían que las influencias astrales existían, pero que podían hacer muy poco para utilizarlas o superarlas. Ahora sabemos que el efecto de la luz en nuestra mente y cuerpo es menos mágica que biológica. El poder sanador de la luz es tema de investigación en las clínicas y laboratorios alrededor del mundo. Finalmente la ciencia está reconociendo algo que los humanos siempre han sabido instintivamente: la luz estimula y energiza; la luz vaporiza lo que la oscuridad oculta; la luz nos hace sentir bien. La ciencia puede usar la luz para alterar nuestros relojes corporales, patrones de sueño y posiblemente hasta nuestros sistemas inmunes. Y si la luz a un nivel físico puede hacer todo eso, ¿Cuán mejores son las oportunidades cuando la energía espiritual metafísica de la Torá es invocada?

Sin embargo, antes de que podamos sanarnos a nosotros mismos, debemos superar nuestra propia negatividad, dolor, tristeza y depresión, las terribles klipot que nos cubren y nos separan de la Luz del Creador que todo lo sana.

Desde hace tiempo se ha reconocido que el estrés es un gran factor contribuyente en relación a las enfermedades.  El estrés allana el camino para las aflicciones que van desde un accidente cerebrovascular fatal y ataque al corazón, a úlceras, que cada vez más se reportan hasta en niños pequeños. El estrés puede afectar los patrones del sueño, desviarnos de acciones positivas, y nublar nuestras vidas con ansiedad.

Por ello, debemos desprendernos proactivamente de la mentalidad negativa a través de las técnicas de meditación kabbalística que mencionamos anteriormente. El grado de nuestra sanación depende completamente de nuestra habilidad de restaurar la Luz interna a su revelación más completa, y eso sólo puede ser alcanzado al transformar nuestro deseo negativo de recibir para sí mismo, a una actitud de compartir. Sólo así podemos vencer a cualquier invasor microscópico decidido a perturbar el balance natural de nuestro cuerpo.

Sin la conciencia elevada de la Luz espiritual, estamos condenados a caminar toda nuestra vida en una caminadora cíclica de éxito-fracaso, mañana-ayer, salud-enfermedad.

La única razón para que el cuerpo físico sufra dolor, sufrimiento, degeneración, envejecimiento, y muerte es el control del Oponente sobre el universo material.  Al eliminar al Oponente eliminamos todas esas condiciones debilitantes.  Cuando permitimos que la Luz espiritual inunde nuestro cuerpo físico con la energía de la fuerza que da vida, comenzamos a disfrutar de los beneficios de la intención original del Creador para Su Creación, que es compartir Su eterna beneficencia y vida.

por: Maestra Sharon Moreno Ábrigo.

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