Con la mente en los cielos

Jacob, nuestro Patriarca, soñó con una escalera que se apoyaba firmemente en el suelo y cuya “cabeza llegaba al Cielo…” (Génesis 28:12).

Nuestros grandes rabinos comparan al ser humano con una escalera que conecta el Cielo con la tierra. Si bien los pies están apoyados en la tierra, la cabeza llega al Cielo.

Cuando nos olvidamos de Hashem, la cabeza cabe a un peldaño muy bajo de la escalera. Y cuando después nos acordamos de Hashem y hacemos teshuvá, la cabeza se llena de sabiduría y se eleva más allá de las estrellas titilantes. Cuando nos volvemos arrogantes y se nos hincha la cabeza, nos volvemos tan pesados que nos caemos bien abajo. Cuando decimos la verdad y decimos, por ejemplo: “Me enojé. Perdóname, Hashem, por favor perdóname y ayúdame a mejorar”, la cabeza se eleva de repente por encima de la situación o de la persona que nos hizo enojar.

No siempre sentimos que subimos y bajamos en la escalera de Jacob, pero es algo que sucede a cada instante del día.

Jacob es comparado con la “verdad”, o sea que cada vez que llamamos a Hashem de verdad, Él nos levanta y nos acerca a Él. La Gloria de Hashem llena la escalera, desde arriba hacia abajo. Nosotros no nos damos cuenta de que Él está junto a nosotros cuando estamos tirados en el lodo debajo de la escalera pero está igual de cerca que en el Cielo.

¿Ahora estás parado en un lugar difícil? ¿Tu emuná está siendo puesta a prueba? Sabe que Hashem ciertamente está “parado” contigo dondequiera que estés. Eso fue exactamente lo que descubrió Jacob cuando se despertó de su sueño y exclamó: “Dios está en este sitio y yo no lo sabía”.

Con los ojos abiertos o cerrados, respira profundamente varias veces, exhalando despacio. Piensa en la escalera que está apoyada firmemente en la tierra y llega hasta lo más alto del Cielo.  Cuando hables con Hashem o cuando hagas una buena acción, imagínate subiendo cada vez más alto por esa escalera. Y cuando te detengas un poco y Le des las gracias a Hashem por cada vez que respiras y por cada aliento de aire que Él te insufla, imagínate subiendo por los peldaños de la escalera con cada palabras que pronuncias. Cuando estudias de emuná estás subiendo cada vez más alto. Cuando lees un libro sagrado, estás subiendo de a dos peldaños por vez con cada palabra que lees.

Cuando pones a la otra persona antes que ti, tus pies están sobre la tierra pero tu mente está en el Cielo. Cuando mantienes la calma cada vez que tu hijo no te hace caso, tu cabeza está ayudando a tu cuerpo a llevar a cabo una importante mitzvá de la Torá. Cada vez que Le das las gracias a Hashem, incluso por algo simple, como una silla, estás iluminando ese objeto desde los peldaños más bajos de la escalera.

Cuando Le das las gracias a Hashem por tus problemas y Le demuestras lo feliz que eres incluso cuando Él te trae problemas y desafíos, has alcanzado la más grande altura que existe. Has trascendido este mundo y estás varios millones de peldaños por encima del mundo físico, mientras sigues con los pies en el suelo. Has alcanzado el propósito ulterior de la existencia. Tú eres ahora la escalera que une el cuerpo con el alma y tú eres la escalera que trae el Cielo a la tierra.

 

Por: Dr. Zev Ballen

Share on Facebook11Share on Google+0Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn0