Una lección para vivir

¿Por qué alguien vendería su primogenitura (que tiene un valor incalculable tanto monetaria como espiritualmente) por un plato de estofado? Esav la vendió alegremente y luego se justificó a sí mismo alegando que de todas maneras moriría algún día.

El razonamiento que nosotros utilizamos cuando nos involucramos en cualquier tipo de comportamiento dañino es justificarnos. Todos vivimos con una lucha interna entre “sentir gratificación inmediata” o “pensar en el futuro”. Pero las decisiones sanas sólo pueden ocurrir cuando vivimos con la conciencia de que nuestras decisiones tienen un impacto directo en nuestras vidas. Este “filtro del mañana” es lo que todas nuestras acciones deseables deberían atravesar.

Muchos fumadores racionalizan su mal hábito declarando que, “Todos tenemos que morir de algo… ¿por qué no disfrutar entonces?”. Si extiendes esa lógica errónea un poco más allá, ellos pueden terminar viviendo sus vidas irresponsablemente. ¿Qué tal comer sólo alimentos con alto contenido de azúcar y grasas saturadas? ¿O quizás experimentar con drogas después de un largo y duro día de trabajo?

El problema con todo esto es que realmente sí existe un mañana, y es precisamente como vives hoy lo que determinará ese mañana. Señalar que conoces a alguien que vivió hasta los 119 años y que nunca se enfermó en base a una dieta de whisky, carnes rojas y cigarros, no te da libertad para vivir de manera irresponsable y sin límites. De hecho, estas historias son las que nos dan verdadero libre albedrío para optar por un camino sano y correcto.

La verdad es que el placer máximo sólo se puede experimentar cuando sacrificamos el “placer a corto plazo” invirtiendo en el futuro y haciendo lo que es correcto. Sacrificar lo que es correcto en aras del placer inmediato finalmente te hará sentir terrible. Y esa es la gran ironía.

Dios estableció un sistema para que crezcamos espiritualmente. Y esto sólo puede ocurrir a través de luchar en contra de las tentaciones y hacer lo que es correcto. De esta manera, la felicidad eterna que poseerás estará en un nivel estratosféricamente más alto que los placeres inmediatos que superaste. Y mientras más puedas hacer esto, más feliz serás. Hoy y mañana.

 

Toldot (Génesis 25:19 – 28:9)

 

 

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