Almas de segunda mano

Hace muchos años, mi amiga Shoshana abrió una tienda de ropa usada en la que suelo ayudar. Allá encuentro ropa excelente para mí y para mi familia.

Hace muchos años, mi amiga Shoshana abrió una tienda de ropa usada en la que suelo ayudar. Allá encuentro ropa excelente para mí y para mi familia y además conozco a mucha gente. Ver que los clientes encuentran ropa que les gusta y que pueden comprar a precio muy barato me pone muy feliz, y además me hace sentir bien participar del servicio comunitario.

La parte más difícil del trabajo es la enorme cantidad de ropa que nos llega y que en su mayor parte está en muy mal estado. Parece que a la gente le cuesta tirar a la basura la ropa vieja.

Tal vez se sienten culpables de tirar ropa usada a la basura, o no se dan cuenta de que la ropa está muy gastada o tal vez piensan que hay gente tan pobre que no le molesta usar ropa manchada o rota (sí le molesta) o simplemente les da pereza separar lo bueno de lo malo. Muchas veces nos llegan cosas inútiles, como platos rotos, juguetes destrozados o zapatos sin pareja. ¿Qué piensa la gente? Nadie quiere el Ritalin con fecha vencida ni libros con páginas que faltan! Nos pasamos horas separando la ropa para reciclar y tirando basura al tacho.

Y también está el desafío de ser simpáticos cuando los clientes no lo son.

Nos molesta tener que levantar del suelo la ropa que tiró la gente a pesar de que hay carteles pidiéndoles que no lo hagan. Algunas madres traen a sus bebés y sus niños llorando que manchan la ropa con los helados y se tiran zapatos el uno al otro. La gente habla a toda voz en el celular y nos cansamos de decirles que “por favor hablen afuera”.

Algunas clientas se quejan de los precios, que ya de por sí son muy bajos. He incluso descubierto a gente robando (una vez se robaron mi teléfono) y quitando las etiquetas con los precios a la ropa nueva.

Entiendo que hay gente que viene a buscar ropa barata pero la mayoría viene porque no tiene dinero para comprar en un negocio normal. Recuerdo aquellos días en los que me faltaba dinero así que cuando la gente se pone molesta trato de entenderlos. Y para ser sincera, muchos de los que frecuenten no son personas normales.

Además, yo tengo mis propios rasgos de carácter que corregir y esta es una maravillosa oportunidad.

Dios está tratando de enseñarme algo acerca de mí misma. Así es cuando aprendemos de Dios. Tenemos que abrir la mente y ver los paralelos con tu propia vida.

Así que lo entiendo así: a cuántos de mis propios hábitos gastados me aferro en vez de tirarlos de una vez por todas a la basura? (como por ejemplo perder el tiempo leyendo pavadas).

Cuántas veces oigo las instrucciones de Dios y opto por ignorarlas? Por qué me da tanta pereza separa mis emociones y guardar solamente las mejores?

A un nivel más material, cuántas veces he ido de compras y dejé un lío bárbaro en el negocio para que la vendedora lo arregle? Acaso me quejo ante Dios o exijo cosas gratis? De qué manera le robo el tiempo o el dinero a la gente? Y en verdad, hasta qué punto soy una persona normal?

Y por último:  si no sabes tratar con la gente, sal de la tienda de ropa usada. Trabajar con el público nunca es fácil. La gente muchas veces se aprovecha de las organizaciones para los necesitados y de aquellos que las dirigen. Así es…

Debemos tener en cuenta que las personas necesitadas suelen sentirte confusas y no piensan con claridad. Puede ser muy humillante tener que usar ropa usada, tener que pedir dinero prestado todo el tiempo o comida gratis. No es fácil ser de los que reciben. La mayoría de la gente prefiere ser de los que dan. La mayoría de la gente prefiere ir de compras a Zara.

Al trabajar en la tienda de ropa usada aprendo a tener paciencia. Y si veo que me estoy poniendo nerviosa, salgo un rato. Me tomo un café y me recuerdo a mí misma que estoy tratando no solamente con ropa reciclada sino también con almas recicladas, incluyendo a vuestra servidora. Y al igual que la ropa usada, todos tenemos otra oportunidad para ser útiles, para alegrar a alguien, para sentir una necesidad.

Y finalmente me imagino que en la tienda de almas que tiene Hashem allá Arriba, las almas usadas tal vez no estén en perfecta condición pero sí son lo suficientemente buenas como para ser elegidas de nuevo.

Por Yehudit Channen

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