Adornándose con plumas ajenas

De lo que poseemos, ¿qué nos pertenece realmente?

Cuentan que en cierta oportunidad, el cuervo, enojado porque estaba totalmente cubierto con plumas negras, fue picoteando a otras aves, robándole a cada una, una pluma de color para reemplazar una de las propias, las cuales se fue quitando por sí mismo. Si no me equivoco, el desenlace de la historia concluye diciendo que los otros pájaros terminaron por arrancarle las plumas que no le pertenecían al cuervo y éste se quedó, sin las robadas… y sin las propias.

Supongo que la moraleja de esta historia es enseñar a los niños (aun cuando los “grandes” debemos aprender muchas cosas que quizás ignoramos, tanto o más que los niños…) que desear lo que tienen los demás, no sólo no conduce a prosperar, sino que con más probabilidad, nos hará perder lo que ya poseemos.

Si fuésemos cuervos, la cosa quedaría allí, pero dado que no somos cuervos, sino seres humanos, la pregunta que nos debemos formular es: ¿qué, de lo que poseemos, realmente nos pertenece (en el sentido de poder considerarnos dueños de eso)?

Para muchas personas esta pregunta les puede parecer un poco absurda, posiblemente esto sea consecuencia de una pobre reflexión en materia de auto-conocimiento. No obstante, el profeta Irmiahu (Cap. 9:22) nos dice distinto: “que no se envanezca el sabio con su sabiduría, ni se envanezca el poderoso con su poder, ni se envanezca el acaudalado con su fortuna”. 

Tanto la sabiduría (que uno debe procurar), como su poder y riqueza, no dejan de ser instrumentos obsequiados por Dios, para emplear en la tarea humana. Cuando la persona se siente amo de estos recursos, se está apoderando de lo que no es realmente suyo, es decir que se está “adornando con plumas ajenas”.

por Rav Daniel Oppenheimer

 

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