Caffé Sospeso

Una especial taza de café que todos debieran tomar.

Hoy en día, si estás parada en la fila de una cafetería, escuchas muchas ordenes complicadas: 1 latte alto, medio-caf con extra leche, un capuchino con dos shots y un poco menos de espuma, un café negro grande con espacio extra para leche, y así. Nunca podría haber imaginado las posibles transformaciones, especialmente ahora que hay leche de soya y leche de almendra, etc., pero hace poco, escuché algo nuevo, un ‘caffé sospeso’, un café pendiente.

No, no es café con jarabe de canela o de avellana, o crema de menta; ni siquiera es un café real. Es un café pre-pagado, que se deja con el barista para beneficiar a un extraño anónimo necesitado. ¡Increíble!

Concebido en Nápoles, Italia, en donde los locales conocen y aman su café, es una forma de devolver, de entregar a la comunidad, una forma de permitirles a los menos afortunados que puedan experimentar el placer y participar de este rito social. Es una pequeña cosa que, me imagino, realmente hace una gran diferencia.

Aparentemente esta costumbre comenzó durante la Segunda Guerra Mundial y ha sido revivida durante las recientes dificultades económicas. ¡Qué idea tan maravillosa! Hay algo sobre esa taza de café que te hace sentirte un mensch, y algo acerca de no participar que te hace sentir menos.

Como el rito de dejar dinero en el parquímetro de estacionamiento para el siguiente anónimo que se estacione, el dador no tiene ningún contacto con el receptor. El benefactor no tiene idea de quién es el beneficiario, sólo sabe que alguien más recibirá su generosidad.

Y no requiere de mucho dinero, ya sea unas cuantas monedas (o la pasada de una tarjeta de crédito) en el parquímetro o la compra de un latte. Pero podría levantar el ánimo de otra persona.

Y, además, crea toda una comunidad de benefactores. Establece el tono para el vecindario. Crea preocupación y consideración por los demás.

Hay muchas anécdotas en la historia judía de rabinos que se dan cuenta de la condición de pobreza de un peticionario específico por las preguntas que hacen, y que responden en base a la visión completa. Si un congregante preguntaba si podía usarse leche en vez de vino para las cuatro copas en la época de Pesaj, un astuto rabino se daría cuenta que esa familia no tenía los medios para comprar vino o carne y les daría caridad en proporción a su necesidad. Asumo que un fenómeno familiar debe ocurrir en Nápoles, y en cualquier otra ciudad que promueve el ‘caffé sospeso’.

Una vez que la ciudad se da cuenta de la necesidad, una vez que las personas que recogen estos recibos se hacen reales, entonces probablemente se motivan a ayudarlos también de otras formas: con colectas de alimentos, de ropa y así. No estoy segura; solamente leí sobre el café. Pero tiene sentido.

También tiene sentido que un pueblo que es sensible ante esta necesidad y que está dispuesto a financiarla, financiará otras necesidades también.

A veces una persona que está deprimida tan sólo necesita una sonrisa. A veces necesita un amigo. A veces necesita una mano de ayuda. Pero a veces solamente necesitan una taza de café y la sensación de que son parte de la comunidad y que no están fuera de ella.

Yo pienso que es una idea hermosa. Y el anonimato al dar cumple el valor judío de dar sin avergonzar al receptor. Es una forma tan barata y fácil de subirle el ánimo a alguien. ¿Y quién sabe cómo eso va a traspasarse al resto del día de esa persona y a todos con quienes se encuentre? Y el dador también se eleva (¡sin mencionar toda la inyección de cafeína!).

por Emuna Braverman

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