¿Por qué tú tienes lo que yo quiero?

El infalible camino a la miseria.

Siempre notamos lo que nos falta. Si anhelamos casarnos, nos parece que hay parejas por todos lados (¡particularmente parejas felices y románticas!). Si estamos ansiosos por tener hijos, lo único que vemos son mujeres embarazadas. Si nuestros dientes están un poco amarillos, todos los demás parecen tener sonrisas brillantes y blancas. Y los hombres pelados me dicen que a menudo se encuentran rodeados de hombres con cabezas llenas de pelo. Obviamente nada de esto es verdad. Es simplemente que nos enfocamos en lo que nos falta, y por ende lo notamos más en otros.

Si tenemos sobrepeso, todos los demás nos parecen flacos. Si estamos sin trabajo, todos nuestros pares parecen tener cargos de gran importancia. Si nuestros hijos se están portando mal, los hijos de nuestras amigas parecen estar ganando becas para Harvard. ¿Qué es este fenómeno?, y más importante, ¿es bueno para nosotros?

Creo que notamos más lo que nos falta porque, en vez de reflexionar sobre lo bueno en nuestra vida —sobre todas sus bendiciones— nuestra naturaleza es enfocarnos en lo que no tenemos. Es por eso que nuestros sabios nos enseñan que el camino al éxito es “estar feliz con nuestra porción”. Alcanzar esa perspectiva es una meta y un trabajo para toda la vida, pero debemos comenzar por reconocer la verdad y sabiduría de esta idea.

De lo contrario, descenderemos a un pozo sin fondo de resentimiento, frustración, celos y depresión, una mezcla de emociones negativas y destructivas. Posiblemente no hay un fin a la falta de cosas en nuestras vidas (y a las riquezas en las vidas de los que nos rodean). Ellos tienen parejas más amables, niños más educados, casas más grandes, trabajos más prestigiosos, zapatos más finos… bueno, ya dije que no tenía fin, ¿verdad? Este es el infalible camino a la miseria.

Por otro lado, enfocarnos en las cosas buenas y contar nuestras bendiciones nos llevará a sentir gratitud y felicidad. Estamos tan ocupados enumerando lo que nos falta que ni siquiera nos damos cuenta de lo que tenemos. Debemos detenernos, respirar profundo y mirar todo lo bueno que tenemos: nuestro trabajo, pareja, hijos, la ciudad en la que vivimos, nuestra comunidad, nuestras fortalezas, y sí, incluso nuestras debilidades. Todas estas cosas fueron creadas a medida para mí.

Esta no es una idea nueva. No es primera vez que la escucho. Pero no la vivo por completo. Todavía paso mucho tiempo pensando en lo que me falta. Sí, es la naturaleza humana, pero es mi trabajo elevarme por sobre ella. Sí, es el camino más fácil, pero ¿quién dijo que “fácil” era una meta de vida?

A veces cuando estoy de mal humor mi esposo me dice: “Cuéntame algo bueno que pasó hoy”. “No quiero”, le respondo, y pongo cara de enojo como un niño de dos años. Prefiero revolcarme en mi autocompasión que levantarme y escoger una ruta más positiva, incluso si al final me sentiré frustrada e insatisfecha.

Así que sigo adelante, tratando de dejar la negatividad atrás. Me estoy concentrando en lo bueno que tengo y no en lo bueno que me falta o en lo que los demás tienen. Seré una nueva ‘yo’ y estaré siempre sonriente. Y voy a eliminar la palabra “excepto” de mi vocabulario; ya sabes, “tengo todo lo que necesito excepto…”.

por Emuna Braverman

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