Tu don especial

Cada persona recibió la bendición de hacer una enorme contribución a la humanidad. Y no me estoy refiriendo a ganarse el Premio Nóbel.

Cada persona recibió la bendición de hacer una enorme contribución a la humanidad. Y no me estoy refiriendo a ganarse el Premio Nóbel. Estoy absolutamente convencido de que cada uno de ustedes puede lograr algo mucho  más grande que un premio por literatura que trae impureza al mundo, o por una paz inexistente, o por una clase de física que solamente es utilizada para la destrucción.

Lo que estoy diciendo es que, tal como enseñó Rabi Najman de Breslev, cada uno de  ustedes tiene lo que se llama su nekudá tová, su punto bueno, o sea, ese don especial que tienen dentro de ustedes mismos. Su verdadero don es algo que les resulta completamente natural y que es totalmente congruente con su personalidad. Y dado que tienen que efectivizar ese don a fin de llevar a cabo su misión en la vida, pueden estar seguros de que Dios no se olvidó de dárselo. Y cuando ustedes cultiven y desarrollen su verdadero don, este ciertamente tendrá el poder de traerles más felicidad y sentido de auto-realización que cualquier otra cosa.

Irónicamente, a la gente menos inteligente le resulta más fácil descubrir su don especial. Y la razón es muy simple – que las personas más limitadas tienen más humildad que los que son más capaces, y por lo tanto son más propensos a aceptar el plan que Dios tiene para ellos.
Muchas de las personas con las que charlo son muy exitosas desde un punto de vista comercial y profesional, que lograron amasar fortunas y tienen gran influencia en sus respectivos campos de actividad, pero desgraciadamente no se sienten realizados con lo que hacen porque dispersan sus esfuerzos en demasiadas direcciones y todavía no descubrieron su verdadero don.

También hablo con gente que alcanzó grandes niveles en el estudio de la Torá y aun así están muy lejos de ser felices porque también todavía no lograron hacer realidad su don potencial.

Veamos algunos ejemplos:

Hace un tiempo vino a verme un rabino muy erudito a rogarme literalmente que lo ayudara a fortalecer su Emuná (Fe). A mí me impresionó mucho su sinceridad. He aquí un gran rabino, director de una yeshivá de hombres casados, autor de un famoso libro de leyes judías, que tiene solamente en su pulgar muchísima más Torá de lo que tengo yo, y aun así quiere que lo ayude a fortalecer su Emuná en Dios y a descubrir su misión en la vida! Imagínense solamente la humildad y la desesperación que le causó admitir que si bien era un gran sabio de la Torá, en lo que respecta a su fe, a su Emuná, apenas si tenía el nivel de un niño de jardín de infantes. Todo el tiempo estaba preocupado por su imagen como director de la yeshivá yse comparaba a los demás. Finalmente, la tensión de proyectar en forma compulsiva una imagen falsa de fortaleza y confianza en áreas que no constituían su verdadero talento lo habían desgastado por completo.

Cuando él aceptó que dirigir una yeshivá no era su lado fuerte, las cosas empezaron a cambiar rápidamente. El rabino se dio cuenta de que si bien había sido lo suficientemente “inteligente” como para funcionar de director durante muchos años, no era eso lo que Dios quería de él. Así fue como se enfrentó a la realidad de que no era muy dotado en ciertas áreas, como por ejemplo, responder con paciencia las preguntas de sus alumnos o aconsejarlos acerca de las distintas situaciones en que se encontraban en la vida.

Más de una persona, incluyendo su propio Rebe, le habían preguntado por qué no se dedicaba más a escribir, ya que todos estaban de acuerdo en que el único libro que había escrito era una joya. Pero él había ignorado estos mensajes Divinos y simplemente había seguido adelante ciegamente con lo que pensaba que podía hacer. Por desgracia, dicha actitud casi le costó su matrimonio y su trabajo. Cuando por fin se dio cuenta de que su misión en la vida era escribir y no tratar con las emociones de gente joven, renunció a su  puesto de director de la yeshivá, dejando que alguien más adecuado que él asumiera dicho puesto, y empezó a ocuparse de su verdadera pasión, que era escribir.

Recuerdo también otro caso más, de un hombre que era muy exitoso en términos de finanzas, y que tenía su propia empresa de software y que ganaba un dineral. El único problema era que odiaba lo que hacía. No hacía falta mucho esfuerzo para ver que la razón de su infelicidad era que se forzaba a sí mismo a hacer demasiadas cosas: él era el presidente de la compañía, el director de ventas y marketing, el director de recursos humanos y como si todo eso fuera poco, el creador del software! Cuando le pedí que me dijera con franqueza en qué área trabajaba mejor, me dijo rápidamente que su pasión por crear era tan intensa que cuando se sumía en el proceso creativo literalmente “perdía toda noción del tiempo”. Una vez que aceptó que las ventas y la administración no eran su punto fuerte, contrató un equipo que era mejor que él en esas áreas y empezó a dedicar su tiempo a lo que realmente le gustaba hacer. Esto le costó dinero, pero ahora es muchísimo más feliz y se lleva mucho mejor con su familia.

Se suele decir que el éxito sin la auto-realización no es éxito en absoluto. De hecho, es posible que hasta sea el máximo fracaso. ¿Qué le queda a la persona que alcanzó la cima de su profesión y que aún no es feliz? ¿La depresión? ¿El suicidio? ¿Una vida de hedonismo?
Pero si uno cuenta con la indicada guía espiritual, yo he visto médicos que cambiaron de especialidades y se volvieron personas mucho más felices y personas de negocios que hicieron cambios muy simples, como por ejemplo, pasar de un salario basado en comisiones a un salario normal y librarse en el proceso de insomnio y del síndrome de colon irritable.

Por eso, si lo que están haciendo les causa ansiedad, estrés e irritabilidad. Si su matrimonio y sus relaciones de familia están sufriendo a causa de sus negocios o sus actividades profesionales, ¿no les parece que llegó el momento de que adaptan sus planes laborales a sus planes de vida y no al revés? Cuando uno va por el sendero espiritual indicado, el plan de vida ocupa el primer puesto, y entonces ambos aspectos de la vida, el personal y el profesional, se fusionan con naturalidad.

por: Dr. Zev Ballen.

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