Tiempos para agradecer.

Hoy me caso. Escribirlo es increíble, abrumador, asombroso… pero es verdad.

Justo antes de las fiestas, escribí acerca de los desafíos emocionales que yo asociaba con la temporada: la soledad, la frustración de estar “en el mismo lugar” año tras año, la lucha continua por mantener la esperanza y una actitud positiva después de once años de plegarias no respondidas.

Recibí muchas respuestas: cientos de comentarios, gente escribiendo cartas con bendiciones.

Al menos, yo sentí que fui capaz de darle voz al dolor y a la frustración que tanta gente soltera siente, para reafirmar que no estamos solos. Quizás algunas personas intentaron ayudar a algunos de sus amigos a encontrar pareja. Y puede ser, yo pensé, sólo puede ser que las plegarias que yo hice me ayuden a mí y a otros…

Yo he creído por mucho tiempo en el poder de la plegaria, ¡pero no tenía idea cuán poderosas son nuestras plegarias en realidad!

Exactamente un mes después de escribir acerca de la soledad, conocí a un hombre maravilloso. Menos de dos meses después, nos comprometimos. Y hoy nos vamos a casar.

Las últimas seis semanas han sido una locura, estresantes y emotivas, a medida que iba planeando una boda y me preparaba para trasladar mi vida a una distancia bastante grande para construir una nueva con él. Detalles, mudanzas, familia, viajes y un gran proyecto de trabajo para arrancar… ¡qué problemas maravillosos para tener!

Yo estoy agradecida, simplemente agradecida más allá de las palabras.

En lo que parece un instante, toda molesta frase consoladora que la gente le dice a los “solterones” se hizo realidad.

En un abrir y cerrar de ojos, la tristeza y la soledad que fueron una sutil parte de mi existencia diaria se evaporaron y fueron reemplazadas por admiración, asombro, y gratitud. El Todopoderoso me puso junto a un hombre que es mejor y más adecuado para mí de lo que alguna vez podría haber imaginado: más fuerte, más amable, más listo, más divertido, más competente, más amoroso, más paciente… más de todo lo que alguna vez pensé que era posible.

Después de tantas idas y vueltas dramáticas – citas que terminaban y comenzaban, relaciones que arrancaron y fracasaron, después de suficientes falsos comienzos en los que yo temía ser quemada por el miedo al compromiso o a la intimidad – vino una conexión tan clara, tan fácil.

Sin dramas, sin altibajos, sólo el maravilloso sentimiento claro y confortable de: “¡Ah! ¡Esta es la persona que había estado esperando!”

Si yo hubiese recibido una carta diciéndome que iba a conocer a mi alma gemela, me hubiese podido ahorrar la agonía interminable de no saber cuándo iba a venir. Yo hubiera permanecido consciente de que Dios está a cargo y, mientras tanto, mi trabajo habría sido convertirme en la mujer que lo merezca (no estoy segura de merecerlo, a decir verdad).

Por supuesto, siendo humana (y no teniendo esa carta), no pude hacer eso (aunque sí traté). Luché y lloré y me desesperé. Busqué gente sabia que me aconsejara y hubieron períodos en los que no tuve citas (ya sea porque necesitaba curar un corazón partido o porque estaba agotada). Algunas veces era quisquillosa y algunas veces era fácil de complacer, algunas veces era exasperada y algunas veces era capaz de estar agradecida con todo lo que tenía, aun cuando faltaba lo que yo más quería.

Y ahora, desearía poder entregar un poquito de lo que siento a cada persona que está todavía llevando la carga que yo soporté durante tanto tiempo – y no me refiero al alivio. Quiero compartir el sentimiento abrumador de que Dios estuvo conmigo todo el tiempo. Desde el principio, Él tenía un plan.

Ahora entiendo que, si hubiese conocido al hombre con el que me voy a casar hace diez años, no habría funcionado. Entiendo que yo tenía cosas que aprender y que los dos teníamos que pasar por muchas cosas, muchas de ellas no tan positivas, para convertirnos en las personas que somos hoy en día. Sin todo el sufrimiento y los problemas, nunca habríamos estado juntos.

Y, por más doloroso que sea, por más que no entienda por qué tenía que ser de esta manera, veo que así es como tenía que ser.

Alguien me dijo, durante uno de los períodos más sombríos, que no había consuelo. Simplemente no había. La única manera de sentirse mejor, ella dijo, era estar del otro lado.

No sé por qué pero encontré esas palabras tremendamente tranquilizadoras. Mi trabajo era simplemente mantenerme en contacto con el hecho de que habría, algún día, otro lado.

Y aquí estoy, a punto de comenzar un nuevo capítulo de mi vida. Sé que no va a ser fácil. Sé que enfrentaremos toda clase de desafíos, algunos de ellos ya los conozco y otros los descubriremos durante el camino. Dios me dio, yo sé, lo que pedí – el próximo set de desafíos.

Le estoy tan, tan agradecida.

Y en el día de mi boda, quiero agradecerles a todos ustedes, por más que parezca que no vale gran cosa, porque no hay absolutamente ninguna duda en mi mente de que las plegarias de ustedes son parte de lo que me trajo aquí.

No sufrí durante las fiestas como normalmente sufro, y después, cuando terminaron, este hombre vino a mi vida. Y esta noche, cuando camine alrededor de él siete veces, construyendo simbólicamente nuestro nuevo hogar, voy a sentirme minúscula ante la increíble abundancia que va a estar siendo vertida sobre nosotros. Yo voy a estar rezando por nosotros y por el hogar que construiremos y por los hijos que criaremos juntos.

Y le voy a estar pidiendo a Dios que me ayude a ser la mujer y la esposa que él merece, la clase de madre que sus hijos merezcan tener, y que sea capaz de aceptar los desafíos que enfrentemos y crecer a partir de ellos.

Voy a rezar para nunca olvidar adonde estaba parada hace sólo cuatro meses y voy a rezar para que muy pronto, Él traiga este sentimiento de redención, esta alegría, este alivio, este sentimiento abrumador de paz y felicidad, para todos y cada uno de nosotros.

 

Friedl Liba bat Java

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