Cinco cosas que toda madre quiere oir

Durante el verano posterior a mi segundo año de universidad trabajé

 como salvavidas y como instructora de natación. Por alguna razón, me tocó el grupo de niños de tres a cuatro años y aprendí algunas cosas importantes sobre mí misma: no me gustaban los niños pequeños, era una pésima maestra y ser salvavidas me parecía aburrido.

Comencé a preocuparme: ¿Cómo podría ser madre algún día si ni siquiera me gustaban los niños? Tenía muy poca paciencia. Era impulsiva. Era ferozmente competitiva. Todos rasgos negativos para una madre (y para el matrimonio, pero supuse que mi futuro esposo me toleraría).

15 años y cinco niños más tarde me di cuenta que, sin la maternidad, no habría crecido tanto como persona; habría seguido siendo la misma mujer que era a los 20 años. Mis hijos me enseñaron que puedo ser mucho más paciente de lo que alguna vez imaginé, que puedo renunciar al impulsivo club de paracaidismo acrobático y encontrar maneras diferentes de volar. También me enseñaron que mi lado ferozmente competitivo podía convertirse en una de mis mejores fortalezas como madre. Sobre todo, aprendí que está bien no tener una típica personalidad de madre. Siguen sin gustarme los niños. Sigo aburriéndome con facilidad después de una hora de jugar con plastilina y de pintar con mi bebé. Sin embargo, eso no disminuye el amor que siento por mis hijos ni las fortalezas que tengo como madre.

No existe una típica personalidad de madre. Todas somos diferentes, así como lo son nuestros hijos. Pero de cualquier manera, la mayoría de las madres quieren escuchar las siguientes frases de sus hijos:

  1. Gracias. Por ser mi madre. Por comprarme mis golosinas favoritas. Por cortar la corteza de mi sándwich de queso derretido. Por ayudarme con la tarea. Por dejarme preparar brownies en la cocina justo después de limpiarla. Por llevarme a clases de ballet. Por sonreír cuando estás cansada. Por leer para mí. Por cantarme. Por rezar por mí. En ocasiones las madres creen que nadie advierte sus esfuerzos. Un ‘gracias’ por las cosas pequeñas es algo que les encanta oír.
  1. Soy feliz. Soy feliz en la escuela. Tengo amigos/as excelentes. Me encanta nuestro hogar. Tengo exactamente lo que necesito. Mi trabajo nuevo anda bien. Me gusta mi vida. Me gusto a mí mismo/a. El famoso dicho es cierto: los padres son tan felices como el menos feliz de sus hijos. Esto no significa que las madres no quieren oír las quejas y los problemas de sus hijos, pero asegúrate de compartir a menudo las buenas noticias también. Cuando su hijo/a está feliz, el corazón de la madre anda por las nubes.
  1. Sé que me amas. Incluso cuando no sabes cómo decirlo. Incluso cuando no estás segura de cómo mostrarlo. Incluso cuando estás distraída. O cansada. U ocupada. O frustrada. Sé que te importo. Incluso cuando no puedes darme exactamente lo que necesito, sé que quieres hacerlo. Las madres no siempre saben cómo expresarle a sus hijos el hermoso regalo que ellos son en sus vidas, pero igualmente quieren escuchar que los niños lo saben.
  1. Te necesito. Cuando hago algo muy bien, es tu aplauso el que quiero oír. Cuando me equivoco, es tu consuelo el que quiero escuchar. Necesito que me muestres de dónde vengo y que creas en el lugar hacia donde me dirijo. Necesito que me entiendas cuando nadie más lo hace. Que me ames incluso cuando no soy adorable. Que me des incluso cuando no puedo dar algo a cambio. Que me veas como sólo una madre puede. Después de pasar años atendiendo las miles de necesidades de los niños, las madres quieren oír que aún desempeñan un rol especial y crucial en sus vidas.
  1. Te admiro. Admiro la forma en que ayudaste a esa mujer en la calle. Cómo preparas una mesa tan maravillosa. Cómo hablaste en la conferencia. Cómo haces malabares con todos tus roles. Admiro tu fortaleza. Admiro tu coraje. Quiero tener tu calidez. Tu perseverancia. Tu gracia. La mayoría de nosotros sabe que los niños necesitan mucho la aprobación de sus madres, pero pocos nos damos cuenta de que las madres necesitan la admiración de sus hijos. Ellas quieren saber que sus hijos ven sus fortalezas y que están orgullosos de sus logros. No hay nada más dulce para el oído de una madre que: quiero ser como tú.

Como madre, estas son las cosas que me gustaría oír. Como hija, estas son las cosas que quiero decir. El judaísmo nos dice que nuestra maternidad va mucho más allá que esto. Los viernes por la noche, bendigo a mis hijosdespués de encender las velas de Shabat. La bendición que les doy a mis hijas es: “Que Dios te bendiga como a Sará, Rivká, Rajel y Leá. Que te bendiga y te proteja. Que haga brillar Su luz sobre ti y te muestre favor. Que Dios se revele ante ti y te traiga paz”. Que seas bendecida con la fortaleza y la paciencia de Sará. Que recibas la sabiduría y la persistencia de Rivká. Que seas bendecida con la belleza y la bondad de Rajel. Que seas bendecida con la fe y el amor de Leá.

Esta es la Torá de nuestras madres, las bendiciones que hemos recibido de madre a hija a través de las generaciones. Como madres, nunca comenzamos desde cero, somos un eslabón en una preciosa cadena de bendiciones. Podemos trascender nuestros límites e incluso nuestras fortalezas. Tenemos este regalo. Este regalo de bendecir a nuestros hijos. De conferirles nuestra luz para que algún día puedan encontrar la propia. Esto es lo que toda madre anhela ver. Niños que les nacen a sus niños. Una luz encendiendo otra. Bendiciones haciendo eco de bendiciones. Quizás, al final, eso es todo lo que una madre quiere oír.

fuente: AISHLATINO.COM

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