Dime qué vasija eres y te diré con qué la llenarás…

La Kabbalah nos enseña que por el solo hecho de ser seres humanos, nuestra cualidadesencial es ser vasija, es decir, ser receptores.La Luz tiene como atributo esencial el ser dadora, por lo que para desarrollar su verdadera naturaleza, necesita de una vasija que la acoja. Si la vasija no está preparada y dispuesta, no será posible que se llene de luz. Es decir, la Luz siempre está dispuesta, pero la vasija no necesariamente lo está.
Los seres humanos no siempre tenemos cabalmente asimilado el hecho de que nuestra vocación es recibir; más bien nos quedamos esperando a que “nos den”, es decir, dejamos la iniciativa en manos de otras personas, de las circunstancias y claramente, de la voluntad de un dios cuyos designios creemos desconocer. No sabemos o no entendemos que la iniciativa es nuestra.
Para poder ser una vasija que funcione como tal, por lo tanto, se necesita al menos lo siguiente:
– Que la vasija tenga el deseo de ser llenada, como ya se dijo.
Llevando estos conceptos a nuestra vida cotidiana, tenemos que acostumbrarnos a desear bendiciones, atrevernos a soñar con una vida mejor, convencidos de que ello sí es posible. El desánimo y la falta de convicción de que nuestro deseo es el primer paso, nos hacen vivir como autómatas la vida “que nos tocó”, con miedo a pensar en las cosas lindas que queremos tener, por temor a que nunca lleguen. Es cierto que probablemente no lleguemos a recibir todas las cosas que queremos (si no es lo que nuestra alma necesita recibir). Pero lo que es seguro es que si no las deseamos en primer lugar, nunca las tendremos. Vale la pena hacer la prueba.
– Que la vasija no tenga fisuras por donde se escape su contenido, que esté en buenas condiciones.
Sin darnos cuenta siquiera, tenemos conductas, pensamientos y sentimientos que son contradictorios con una recepción sana de bendiciones, o derechamente nos autosaboteamos espiritualmente. Si valoramos el sustento por un lado, y por otro gastamos nuestro escaso dinero en cosas que estimulan nuestro ego, estamos creando una fisura; Si valoramos el amor de una pareja pero nos negamos a conocer gente porque “ya no quedan hombres/mujeres que valgan la pena” estamos creando una fisura; Si valoramos el respeto de los demás hacia nosotros pero nos comportamos de una manera grosera y desconsiderada, estamos creando una fisura.
– Que se encuentre en un entorno físico (o energético) en donde se llene del contenido adecuado.
Probablemente esto es lo más importante y en lo que menos se piensa. Si una vasija se introduce en una vertiente cristalina, recibirá agua pura; Si se deja abandonada a la orilla de un camino, se llenará de polvo. Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de ubicarse en el entorno energético y material que sea coherente con lo que quiere recibir. Si deseo tener una familia, puedo crear las condiciones de vida que me permitan llegar a mi objetivo (pareja estable y con valores parecidos, sustento suficiente para tener una casa que acoja, intención de tener hijos y preocuparme por ellos). Nunca lograré este objetivo si dedico mi tiempo y energías sólo a trabajar o a relacionarme con gente con intereses distintos a la vida familiar. Si deseo una vida libre de conflictos puedo cultivar la paz en mi interior y evitar a la gente que es propensa a hablar mal de los demás. SI deseo tener una ocupación laboral significativa puedo encontrar la ocasión de ser útil a los demás en mi trabajo actual o bien buscar otro trabajo.

La vida no es un camino que SE ENCUENTRA, sino que SE ELIGE. Debemos tomar decisiones sobre nuestras prioridades y deseos, y trabajar en ser la mejor vasija posible para recibir toda la Luz que el Creador desea darnos.

Shalom!

Profesora: Carolina Castagneto

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