El Arma por Sobre Todas las Armas

Hoy día en Estados Unidos, hay una gran discusión respecto a la necesidad del control de armas. De hecho aquellos que defienden el uso y el porte de armas plantean que en las armas está contenido su derecho a defenderse.

 

Sin embargo, este debate está planteado porque han ocurrido horrorosas matanzas de niños, usando las mismas armas con las cuales unos dicen que poseen para defenderse. Este debate viene ocurriendo ya desde hace algún tiempo y por supuesto recrudece cada vez que ocurre una nueva matanza.

Entonces aquellos que poseen armas o quieren mantener el derecho a adquirirlas se oponen a una ley que según dicen ellos, limitará su derecho a defenderse que está contenido dentro de su constitución.

Ciertamente es una paradoja que requiere algún tipo de claridad, porque en el intertanto siguen ocurriendo matanzas de niños y adultos.

Debemos entender el argumento de aquellos que propician el porte y el uso de armas. Lo que ellos en esencia están diciendo es que son las armas las que les van a proveer de la protección que necesitan y que no es posible obtener ésta de ningún otro modo.

La Torah en la porción de la semana Beshalaj, nos presenta con una paradoja similar, una vez que entendemos que el pueblo judío había salido de Egipto gracias a la mano directa del Creador, o sea ellos habían visto los milagros con los cuales Hashem los había sacado de la esclavitud.

Dice la Torah “Los israelitas salieron armados de la tierra de Egipto” (Shemot 13:18). Claramente podemos entender que esas armas eran para enfrentarse a los peligros que iban a encontrar en el desierto desde pueblos hostiles, hasta animales salvajes.

Rabí Moshe Feinstein  nos dice que igual debemos preguntarnos por qué razón los israelitas debían salir de su esclavitud con armas, entendiendo que ellos habían observado y vivido tantos milagros, ¿Por qué pensaron que igual iban a necesitar armas, cuando les bastaba confiar en el Creador para que los protegiera aunque no tuviesen muchas armas?

Si hacemos un paralelo con nuestras vidas y con el ejemplo de Estados Unidos, veremos que generalmente las personas hacen exactamente lo mismo cuando ponen toda su confianza en sus títulos, en su educación, en sus conocidos, en los médicos etc.

Y al igual que el pueblo israelita, aunque hayan visto muchos milagros a lo largo de su vida de igual manera ponen su certeza y su confianza en ellos mismos, como también en aquello que es visible y conocido.

Un ejemplo de lo que ocurre con muchos, es la historia de un muchacho que estaba en su clase de física en el colegio, mientras su profesor le enseñaba que solo podían confiar en aquello que ellos veían.

El muchacho levantó la mano y dijo ¡Señor usted no tiene cerebro!

Cómo se te ocurre decir semejante tontera dijo el profesor, además me estás faltando el respeto.

Perdóneme señor, le dijo el muchacho, pero usted acaba de decir que debemos creer solo en lo que vemos y yo no puedo ver su cerebro, por lo tanto usted ¡no tiene cerebro!

El problema con esta visión es que llega un momento, en que cualquier respuesta de las conocidas no va a alcanzar para responder y solucionar el asunto que en ese momento representa el desafío.

Y esto mucho tiene que ver con aprender a salir de la esclavitud a la libertad, tal como nos relata la Torah esta semana, donde no solo tenemos el tema de las armas sino que también tenemos, el magnánimo evento del cruce del Mar Rojo, (cuyo nombre verdadero es Mar de los Juncos) donde nuevamente nos es planteado el problema ya que luego de haber visto las plagas y todos los demás milagros con los que recién habían salido, de igual manera ahora se encuentran frente a la inmensidad del mar dudando que este se fuese a abrir, para poder escapar de el Faraón y su ejército, al cual una vez más se le había endurecido el corazón y había decido salir en persecución.

Y esto también se nos presenta como una paradoja, ya que luego de ver la última plaga en que mueren miles, a veces más de un primogénito por cada casa , igual decide salir a enfrentar a un pueblo que estaba protegido y acompañado por la Luz del Creador.

La pregunta aquí es clara ¿Cuánto es suficiente o necesario para ablandar un corazón? ¿Cuánto dolor se necesita para que se vea la verdad?

Estas preguntas son válidas tanto para el Faraón, como para nuestro propio Faraón y también para aquello que está ocurriendo en Estados Unidos.

La verdad es que a nuestro Faraón interno no le importa mucho el dolor, ya que tiene una agenda que cumplir. Y esa agenda tiene que ver con que nosotros podamos ver en nosotros mismos, cuáles son nuestros punto oscuros que debemos trabajar ya que éstos son a su vez los que alimentan al Faraón interno.

Por lo tanto, podemos responder que el dolor dura hasta que nosotros lo decidimos y ponemos nuestra confianza en Hashem, quien es además el que nos ayudó a llegar al mundo, sabiendo todo lo que nosotros somos capaces de lograr, una vez que decidimos que ya basta de Faraón o por otro lado una vez que el dolor es tan grande que decidimos gritar clamando a los cielos por ayuda.

La Torah nos está diciendo que es posible cruzar el mar, pero no porque debamos arrancarnos del Faraón, sino porque nosotros hemos decidido cruzar el mar, para lo cual además seremos ayudados, “una vez que lo decidamos”.

Además, quedaría demostrado que el Faraón es una creación necesaria y propia que nos va a perseguir, a no ser que decidamos tomar las decisiones que tengan que ver con la verdad y las respuestas correctas, que siempre estarán relacionadas  con hacer en este mundo lo que nuestra alma vino a hacer y ubicarnos en aquello que el Creador quiere que nos ubiquemos.

Ahora es muy importante que recordemos y tengamos presente el siguiente evento. Frente a todos los reclamos y dudas del pueblo, Moisés llama a Hashem y le pide ayuda a lo que responde” ¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que se pongan en marcha! Y  tú, levanta tu vara, extiende tu brazo sobre el mar y divide las aguas, para que los israelitas lo crucen sobre terreno seco.

Aquí también aparece otro tema del cual debemos hacernos cargo. Por un lado resulta obvio que nosotros debemos confiar en el Creador y debemos activar nuestra Plegaria personal todos los días y en cada momento que podamos.

Sin embargo, emana de lo anterior la pregunta que muchos se hacen ¿Es la plegaria suficiente? ¿Es el confiar suficiente? ¿Podemos confiar en que un milagro va a ocurrir frente a nuestros ojos como respuesta a nuestra plegaria?

Ciertamente para los grandes Tzadikim la respuesta parece obvia. Sí, para ellos es suficiente, sin embargo de la respuesta que Hashem le da a Moisés debemos obtener otra lección.

Rav Feinstein’s nos enseña algo impresionante y novedoso. Dice: “Una persona no debe pensar que un milagro consiste de no hacer nada y observar a los enemigos caer frente a sus ojos. En cambio, la persona debe saber de que no obstante cuanto esfuerzo se ponga en lograr las metas, es realmente Hashem el que hace todo.” “En cualquier batalla que tiene la persona, Hashem es el único Guerrero y el único Vencedor”.

“Esto  entonces explica la paradoja de por qué los judíos salieron con armas desde Egipto, pero con tan poca comida. Aunque ellos confiaban que Hashem los iba a proteger, aun así tenían que “hacer el show” de que ellos se podían defender para lo cual necesitaban armas. Sin embargo en relación a la comida, ellos sabían que no tenían posibilidad de llevar suficiente comida para la enorme travesía que enfrentaban, por lo tanto no tenían más opción que pensar que una vez que su comida se acabara, Hashem los iba a alimentar a través de milagros.

Esto implica que, aunque Hashem es el único Guerrero y el único Vencedor, de igual manera nosotros debemos hacer un esfuerzo serio y suficiente, aunque alguna parte de nosotros sienta que es solo un show, para lograr o para demostrar que aquello que queremos tendrá que ver con la  o las vasijas que vamos creando.

En otras palabras, si necesitamos protección física debemos buscarla y además, saber que Hashem nos va a proteger a través de la misma protección física que hemos encontrado.

Si lo que buscamos es amor, debemos buscar y entregar de ese amor para recibir el amor.

Si lo nuestro es salir de cualquier situación que nos esté apremiando, debemos elegir salir para que nos saquen desde los cielos.

Ciertamente todo lo que ocurre durante la salida de Egipto es impactante y milagroso, y ahora podemos entender por qué era necesario llevar al pueblo hasta el borde del mar y no abrirlo inmediatamente.

Todo habría sido mucho más fácil (en la idea de que a Hashem no le cuesta nada abrir cualquier cosa) si ellos hubiesen llegado al mar y éste simplemente se hubiese abierto

¿Por qué tuvo que ser de esa manera?

La razón es  que cuando las personas están llenas de dudas, llenas de fragmentación, es necesario mostrarles que la dificultad que los desafía, esa dificultad que no tienen más alternativa que enfrentar, es ahora mucho más grande, solo para que ellos decidan gritar al cielo por ayuda, ya que  junto con gritar se produce naturalmente un cambio.

Visto desde otro lado, las personas que ya entienden de que La Luz, el Creador, está por sobre los dictámenes de la naturaleza y que es el Guerrero y el Vencedor, no dudarán por un segundo que las aguas del mar que tienen frente a ellos se van a abrir, solo gracias a su conexión y al esfuerzo que hacen y han hecho en cambiar.

Si por otro lado, cuando las personas no se ven entre la espada y la pared, todo el proceso que las llevó hasta ese punto y toda la dificultad a la que se han visto enfrentados no tendrán propósito ni sentido, si de buenas a primeras las soluciones a las dificultades les son regaladas.

Este mundo es llamado por la Kabbalah el mundo de la acción donde a pesar de que Hashem es el Guerrero y el Victorioso, nosotros estamos llamados a actuar, a hacer acciones.

Es en relación a esto que el rey Salomón escribe:

“Hay un tiempo señalado para todo y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo:

Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de derribar y tiempo de edificar; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de lamentarse y tiempo de bailar; tiempo de lanzar piedras y tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar y tiempo de rechazar el abrazo; tiempo de buscar y tiempo de dar por perdido; tiempo de guardar y tiempo de desechar; tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de odiar; tiempo de guerra y tiempo de paz”.

(Kohelet 3:1-8)

En la medida que nuestras acciones tengan que ver con el plan Divino, que es el plan personal y particular que Hashem, misericordiosamente tiene diseñado para cada uno de nosotros, podremos ver con asombro como las aguas de cualquier mar de la vida se abrirán frente a nosotros, si por otro lado decidimos escuchar y seguir al Faraón y sus deseos incorrectos y ausentes de verdad, entonces J.B.S. veremos las dificultades y problemas hacerse más duros y difíciles.

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